Un Tiempo Vivido (24)
Cuando estuvimos listos salimos todos en el bus con rumbo a la frontera de Tecum Uman que colinda con Chiapas México. En Tecum Uman me reencontré con mi amigo Luis Guido el mismo que había escapado del servicio militar... / Relato.
Salimos de Miami en solo la mañana de un mes de mayo con rumbo a Guatemala, desde arriba pude apreciar mejor la península y tuve la asombrosa certeza de poder regresar algún día. En ciudad Guatemala se encontraban nuestros clientes esperándonos para emprender el viaje de regreso, todos eran coterráneos y por tanto no podíamos fallar; porque todos ellos tenían la confianza puesta en nosotros, especialmente en mí , en ciudad Guatemala zona # 1, encontré a los hijos de Collado en el Shuttle quienes tenían en la Colonia un bus interurbano de transporte, me topé también con una indigente de Jinotepe cerca de los hoteles Belmont que me pidió ayuda para cruzar al otro lado con su hijo Franklin de apenas dos años, aquella mujer viviendo de la caridad publica me conmovió tanto que decidí llevarla gratis a pesar que Cairo no estuvo de acuerdo en eso; ya que decía que nosotros no éramos caridad publica, sino coyotes, termino más utilizado y conocido en aquella época.
Anduvimos hasta el lago Atitlan en donde fuimos a traer a una mujer cuyo esposo daba la vida por ella, hice amistad con una muchacha guatemalteca que desde que nos miramos nos entendimos, con ella anduve por las noches conociendo Guatemala, por las mañanas me llevaba al mercado a desayunar y ahí conocí a los chortis y me asombré como las nativas cargaban en sus espaldas a sus hijos pequeños mientras trabajaban, conocí la Plaza Central de Guatemala en donde la guardia guatemalteca una noche detuvo a un grupo de asaltantes que intentaban robarnos, anduvimos por parques, me enseñó la escuela donde estudiaba y la universidad de San Carlos y cuando intentó venirse conmigo, en esos días su madre la llamó por teléfono desde el exterior diciéndole que tenía todo listo para que se fuera a vivir con ella a Canadá, un día antes de mi partida me despedí de Gertrudis en los hoteles Belmont en dónde ambos nos deseamos suerte, yo le dí mi dirección en Miami, pero ella nunca me escribió.
Uno de los suceso asombrosos que experimenté con Gertrudis fue una noche que veníamos caminando por una amplia, desértica y oscura calle y de pronto miramos salir de un callejón una enorme silueta de un hombre con sombrero vaquero, botas y con una larga chaqueta oscura de cuero y un enorme revolver en su diestra que nos salió al paso, yo agarrando duro a Gertrudis de la mano le pasé diciendo a la enhiesta silueta ¨buenas noches¨, y de pronto escuchamos una voz ronca como de ultratumba que nos respondió diciendo, ¨buenas noches patojos¨, y de inmediato vamos sintiendo un olor pestilente que nos hizo apurar el paso. Cuando salimos a la claridad Gertrudis estaba muy consternada y me terminó diciendo que en la zona uno de Guatemala siempre había corrido el rumor de esa pestilente y extraña silueta que pululaba a medianoche, pero que casi nadie daba por cierta.
Cuando estuvimos listos salimos todos en el bus con rumbo a la frontera de Tecum Uman que colinda con Chiapas México. En Tecum Uman me reencontré con mi amigo Luis Guido el mismo que había escapado del servicio militar y que había roto por influjo de un fanático religioso el álbum de Led Zeppelín, al vernos nos alegramos y nos fuimos a los ranchos de la frontera en donde las recuas de botellas, tabaco y mujeres no faltaban en esos lugares, y cuando nos encontramos instalados le cuento lo que ando haciendo en Guatemala y él me dice que anda con su hermano pompo pasando gente también, que si yo quería podía unirme a él para que nos fuéramos a vivir a San Francisco en donde se encontraba su familia, pero yo le digo que debía cumplir con ellos y que no podía dejarlos tirados, Al siguiente día con el alba Luis y su hermano se despidieron de mí montados en unos Vans. Fue en ese preciso momento que Cairo me presentó a un amigo de él llamado Adonis que se encontraba varado ahí, y desde que lo miré no me infundió mucha confianza el susodicho, no sé por qué lo miré como un ave de mal agüero, la cosa es que cuando cruzamos la frontera sobornando a la guardia fronteriza que se encontraba armada ahí, tomamos un autobús en Chiapas que nos llevó hasta Matamoros propiamente a las orillas del rio Bravo, ahí hablamos con unos mexicanos acerca del precio y poniéndonos de acuerdo de inmediato comenzarón ellos a cruzar a la gente de uno en uno en neumáticos de camiones, la corriente del río Bravo se encontraba un poco vertiginosa y de pronto uno de ellos trata de tomar a una de las chavalas de mi grupo y vengo yo y les digo que ella viene conmigo y la agarro y me monto con ella en un neumático para cruzar el rio y ella sorprendida se deja que yo la agarre como si fuera mi novia ¿me entendes? y todos los demás callados y cuando voy cruzando con ella, él mexicano que viene metido en el agua me dice ¨orale guey deja a la vieja con nosotros¨, y vengo yo y le digo, ¨ponte trucha mijo porque esta vieja viene conmigo cabrón¨ , el mexicano mirándome fijamente a los ojos nos cruzó sin decir más palabra y cuando nos encontramos del otro lado viene ella y me besa muy agradecida, la cosa es que cuando todos estuvimos completos en territorio texano, nos encontramos bien motivados y viene el papá de la niña y me da las gracias por haber protegido a su hija, y en ese instante les propongo a todos que nos metamos en una enorme estepa verde a esperar la noche para reanudar nuestro camino al caer la noche y poder de esa forma llegar a las primeras casas de Texas sin ser visto, y todos de inmediato estuvieron de acuerdo con mi propuesta.
Cuando la noche llegó salimos corriendo como coyotes bajo la luz de la luna en un inmenso campo seco y arado, y empezamos a correr y me acuerdo del Cosmos cuando salía con el batallón a correr y empiezo a gritarles que se apuren; Cairo y Adonis vienen bien cansados, mientras que yo me siento en mi charco como dicen, un poco cansado por el tabaco que me había fumado, pero con la moral alta me entendes, y viene Sonia y me da otro beso en la marcha y seguimos corriendo, cuando de pronto luego de un tiempo tomo conciencia que la gente se encuentra extenuada y a punto de detenerse y en eso viene la mujer del niño que llevaba yo de gratis y me dice, Eu, por favor cargá con el niño ya no aguanto más, y vengo yo y agarro al cipote y empiezo a correr más rápido, gritando que se apuraran, y de pronto de la nada miramos unos focos en la lejanía y al unísono gritamos, ¨la migra¨, corran, escóndanse en los montes rápido, les termino gritando, y poco a poco empiezan a esconderse uno a uno en la maleza, hasta que de pronto miro que el vehículo casi se encuentra a punto de verme y vengo yo cubriéndome el rostro y el del niño con la chaqueta jeans que llevaba puesta me lanzo como proyectil a una zarza que no ardía, pero que me terminó de consumir la chaqueta y los brazos al ser arañado por los enormes abrojos de aquel tupido matorral de espinas, cuando me lancé como una bala, di una vuelta en el suelo con el niño en mis brazos y al quedar echado en el interior de la espesura, pude sentir el corazón acelerado del niño en mi diestra y vengo yo , muy despacio le tapo la boca al chavalo cuando va pasando despacio el vehículo de migración alumbrando con un enorme foco la zona, pero desde donde yo me encuentro la luz es casi impenetrable hasta que poco a poco se fue alejando.
Al poco rato, fuimos saliendo de nuestras guaridas hasta volver a encontrarnos en el terreno baldío, y cuando todos estuvimos completos, seguimos caminando toda la noche hasta que al rayar el alba llegamos a un punto en donde ya no podíamos seguir en grupo y tenemos que empezar a despachar a la gente desde ese sitio a la casa de refugio Oscar Arnulfo Romero, y así a lo largo del día cada quien va tomando valor y se empiezan a marchar por su propia cuenta y cuando les toca el turno a la familia de Sonia viene la pequeña y me da un último beso y abrazo. Aquel día, cuando ya todos los compatriotas se habían ido nos fuimos tranquilos a meter un rato al hotel Dust Star con la mujer que recogimos en el lago de Atitlan y de pronto con el calor de unas cervezas vino esta señora y soltó la perra como dicen popularmente y se va metiendo con Adonis y Cairo, pero por la tarde ella se termina de ir ,y vengo yo y aprovecho para ir a poner un dinero a Marta a la Western Unión, y a mi regreso nos dirigimos hacia la terminal de buses Grey Hount en donde compramos boletos y muy contentos y acicalados nos dispusimos a esperar la hora de partida, cuando en eso miramos pasar un vehículo verde de migración como a dos bloques de donde estábamos y a los pocos minutos escuchamos en nuestras espaldas una voz que en mal español nos dice ¨migración, documentos por favor¨. @mundiario