Un Tiempo Vivido (26)

Un peregrino en la playa de Langosteira en la Costa da Morte. / Xurxo Lobato
Un peregrino en la playa de Langosteira en la Costa da Morte. / Xurxo Lobato

Fue a mi regreso a la capital del sol cuando comencé a trabajar en los parqueos del down town gracias a la gestión de Roberto, un hijo adoptivo de papá que trabajaba en la empresa All Right Parking. Trabajé limpiando y pintando parqueos y luego limpiando, pintando y cobrando los parqueo con Fabio, el trabajo me gustaba un poco y en un parqueo que se encontraba frente al Conventión Knigth Center en una esquina de un shopping atendía una agradable joven en el bar de un señor cubano muy educado y buena gente conmigo llamado Jorge, quien vivía con una conciudadana, a ese bar llegaba gente de dinero, profesionales del banco, personas de muchos países y hasta famosos.

Yo llegaba casi todos los días a desayunar, almorzar y a veces a cenar o tomar cervezas con mi escoba, recogedor y el container de plástico. Llegaba a veces con Fabio o con  Willy el manager del All Right Parking un matagalpino de ojos azules que me hizo recordar al responsable regional de la alfabetización Eddy. Willy había venido desde niño a Norteamérica con su padre y no tenía prejuicios de ningún tipo, con él uno podía bromear y platicar libremente, a veces se ponía a bromear con Lina la muchacha leonesa que atendía el bar. Y en un momento determinado casi todos los que trabajaban en los parqueo nos comenzaron a querer juntar, pero yo como siempre me mantuve firme como buen idealista y utópico, con la firme convicción de no engañar a Marta con nadie.

Un sábado por la noche en el Conventión Knigth Center se anuncia la presentación del cantante español Julio Iglesias y me acuerdo de Marcia Estrada quien en ese momento vive en Miami y que era una fanática de Julio Iglesias. Willy y su ayudante el Chapín me llamaron aparte ese día y me dice Willy que yo iba a cobrar la entrada de los vehículos a ese evento, que la entrada al parqueo era de cincuenta dólares, pero que yo podía cobrar más, en dependencia de los asistentes, ¨cuando mirés que viene una limosina, o Rolls Royce, Porsche, Jaguar cobrá más¨, así de lógico me la dejó Willy aquella noche.

Y yo siguiendo fielmente sus orientaciones mercantiles aquella agitada noche llené el enorme parqueo de suntuosos vehículos, mis bolsillos estaban repletos de dinero y los ticket se me habían agotado y en el momento que termino de cerrar los portones se aparece Willy y me lleva al bar en donde se encuentran un grupo de ingleses y haitianos vestidos de frac, y en un rincón del bar empezamos a contar el dinero, ¨te di tantos ticket a cincuenta es tanto, a ver cuánto tenés¨ y comienza a contar Willy con su acostumbrada grandilocuencia y peculiar forma de hacer las cosas, mientras ordenaba cervezas y comida, y luego de terminar me dice, ¨excelente, cobraste bien bombillo, tomá y me regala cuatrocientos dólares¨, yo muy agradecido los tomé con los ojos un poco vidriosos. Ese día amanecimos acompañados por Fabio, Roberto y el Chapín en el bar hablando de la biblia y del dinero que recibía Willy por inventar ¨cualquier turca¨, decía Willy riéndose a carcajada limpia, mientras me enseñaba la patente de sus invenciones y daba grandes sorbos a su cerveza hasta que el bermejo amanecer nos tomó por sorpresa.

Un lunes me encontraba limpiando el parqueo de caracol de varios pisos y cuando vengo bajando por la salida de los vehículos que parece un caracol, miro que viene bajando un auto pequeño que se parquea a mi lado y abriéndose la ventana de atrás miro el rostro del cantante portorriqueño Chayanne que sonriéndome me saluda diciéndome ¨Sincero¨. Yo me quedo con la duda; pero al rato el cobrador de ese parqueo me dijo que era el mismísimo Elmer Figueroa en persona. Otras veces en la calle ocho me topaba con artistas latinos y ahí logré ver y saludar de cerca a Julio Iglesias y Celia Cruz. Otra noche en el Miami Arena se presentaba John Bon Jovi y Heavy Metal y luego de terminar de cobrar el concierto de heavy metal, Willy me grita que abra rápido los portones del parqueo, y que corriera porque lo que venía era una locura, yo sin saber de qué se trataba le hago caso y salgo corriendo a la camioneta de Willy que se encontraba detrás de un muro. Y aquella noche pude ser testigo de cómo algunos jóvenes norteamericanos de la manera más irracional entre ellos mismo se hacían daño agarrándose a golpes y estrellándose botellas, cortándose, desnudándose  y todo por puro placer. Otra cosa interesante de esos conciertos oscuros, era ver como los fanáticos o seguidores llegaban a la Florida todos hediondos con semanas de anticipación a dormir en las calles o en  los parques y se ponían a  consumir droga y hacer brujerías, entre otras cosas. 

Y lo más irónico era que la policía no les decía nada, tal vez porque la mayoría de ellos eran niños ricos y blancos o mejor aún ¨basura blanca¨ como decía Willy. Una noche en el baño de hombres del bar por insistencia de Roberto y Willy, Lina se me declaró y me besó, yo mudo de pena no tuve más remedio que enfrentarla por cuestión de honor vos sabés, nos fuimos al Bay Side en donde terminamos tirados en la grama con el cielo lleno de luces laser escuchando el concierto de Santana que se encontraba presentándose a esa hora en el anfiteatro del lugar. Por último amanecimos escuchando la música de Roberto Carlos, y Marco Antonio Solís en el apartamento en donde ella vivía con Flavia una amiga jinotegana que tenía dos niños pequeños. A los pocos meses, había decidido irme a vivir con Lina y a los seis meses entre los dos ocupamos un romántico apartamento de la 63st NE de Biscayne Blvd cerca de una bahía en donde hicimos nuestra propia vida. Ella comprendía mi situación con Marta y mi hijo y nunca evitó que yo me mantuviera en comunicación con ellos  y que le enviara cosas y dinero.  Willy un viernes me dijo muy apenado que ya no podía seguir indocumentado en la compañía, porque el gringo Larry le había dicho que lo podían multar, Willy era conocido en todo el down town, la policía lo conocía perfectamente y a veces creaba peleas entre la policía y la comunidad haitiana para demostrar su poder.

Willy Navarro había venido a USA cuando era apenas un niño de dos años  de padres matagalpinos, él siempre estaba dispuesto ayudar a los más necesitados, recuerdo que había sacado a un joven negro de los puentes, porque decía que ese negro de Trinidad y Tobago era un genio, y en realidad creo que tenía razón, era un joven parecido a Barack Obama que tenía casi siempre todas las respuestas  en inglés y español de lo que le preguntaras y Willy lo ocupaba como su asesor personal o algo así, sabia varios idiomas, sacaba cuentas al aire sin ayuda de calculadora y tenía muchos conocimientos de astronomía y música, pero tenía una gran debilidad por los psicotrópicos, su nombre era Barry, con Barry logré comprender, porque es tan fuerte el amor. Willy además tenía una enorme casa con piscina por Hunter y era casado con una hermosa cubana con la que no se llevaba muy bien por no sé qué razón, y tenía además dos hijos rubios, uno se parecía a Brad Pitt y su hija a Judy Foster, quienes eran muy amables conmigo ,pero no hablaban ni una ¨J¨ en español, saludaban a su padre con un beso en la boca y vestían muy simples, eran muy naturales y espontáneos y se reían mucho conmigo, pero efectivamente no hablaban nada en español y Willy riendo me decía, ¨no te digo que no hablan ni turca de español¨, mientras se arreglaba los enormes anteojos de aumento y se subía los pantalones de dril. Muchos compatriotas decían que Willy se parecía mucho a Carlos Fonseca Amador y es verdad tenía mucho parecido hasta en el peinado y la forma de vestir, se parecía mucho al nicaragüense que había estado en Moscú, otros decían  que a lo mejor era familiar de Carlos sin darse cuenta, Willy Navarro un día muy deprimido de su vacía existencia se cortó los pulsos en la azotea de su casa, en donde lo llegó a recoger un helicóptero y en el hospital Miami Jackson expiró. Él siempre fue un ángel conmigo, pero vivía en una terrible lucha entre el Ser y el Tener y este último modo de existencia acabó con él, todavía su recuerdo me hace sentir consternado.

Con la muerte de Willy en mi memoria me fui a la zona de fábricas de Hialeah en donde conseguí trabajo en una reencauchadora de llantas, los cubanos  lo llaman recapadora, en donde experimenté el calor más grande de mi vida, aquellos hornos de hierro de donde salen las llantas hirviendo envueltos en neumáticos y en un pesado ring  de donde tenés que sacarlos  con las manos y pies para irlos a poner a un lugar determinado te hacían sudar como caballo, aquella temperatura era terrible, te quemabas todo a pesar de los guantes y sudabas mucho, que en donde ponías la llanta para sacarla del riel y su envoltura hirviente al terminar las diez de las mañana todo ese piso de cemento se encontraba lleno de agua, te podes imaginar cómo terminaba de mojado aquel lugar al término de la jornada , y luego de un descanso de diez minutos continuabas hasta las doce, y  de nuevo iniciabas a la una de la tarde, hasta las cinco, seis o siete de la noche, terminabas totalmente agotado, sucio  y sudado, yo me iba en el bus envuelto en una gruesa chaqueta con gorro para no enfermar y en el apartamento me bañaba con agua caliente, para que solamente me pagaran cuatro dólares la hora , en donde la paga era de treinta dólares la hora, me sentía totalmente explotado y el hijo del dueño, Tino,  fue el único que se atrevió a decirle a su padre un día que me subiera el salario, pero el encanecido y mezquino anciano se negó rotundamente argumentando que bastante hacía con darme trabajo.

Tino quien me tomó mucho cariño me dijo que le daba vergüenza decir que su padre era un maldito explotador, ¨pero no te preocupes, cuando toque ir a dejar llantas a las afueras de Miami tú me acompañaras¨, y así lo hice por un tiempo, y un fin de semana cuando veníamos de regreso de Key West y Orlando pasamos por un asentamiento indio en donde Tino fue víctima de un profundo sueño inducido por los descendientes indígenas Miami, y me dice que yo debía de manejar el camión sino podíamos chocar. Yo que jamás había manejado un camión ni tenía tampoco licencia no tuve más remedio que  hacerlo, y  cuando ya nos encontrábamos cerca de Hialeah  me detuve y desperté a Tino quien se levantó con nuevos bríos y me confesó que los indios Iroqueses Indians le habían dado algo de tomar y que le habían dicho que yo era importante, la verdad no entendí nada, porque mi condición de inmigrante e indocumentado no era algo de lo que debía sentirme orgulloso o importante. Y él mirándome fijamente me dijo ¨espiritualmente Eugenio espiritualmente¨.

Un sábado trabajando con el cuñado de Tino y un coterráneo del barrio Santa Ana nos dispusimos a almorzar y al intentar levantarme de mi sitio sentí un dolor tan profundo en mi costado que no me permitió moverme, de inmediato llamaron a Tino y este llegó corriendo y me llevó al hospital, el dolor era intenso, me pusieron una enorme inyección con un líquido amarillo y luego de unos minutos me hicieron orinar con dolor en un filtro en donde oriné  un punto negro y el doctor me dijo que eso era una piedra renal y que yo debía de beber más agua, porque por falta de agua  me había enfermado, de inmediato me sentí aliviado . A los dos días llegué con las intenciones de continuar trabajando, pero el dueño me dijo que no era posible que ya tenían a otro y que él tenía ya lista mi liquidación, Tino se lamentó mucho por lo sucedido, y me dijo que su padre cuando alguien se enfermaba lo corría; porque temía le hicieran una demanda, yo muy agradecido me despedí de Tino quien decía que creía más en mí que en sus propios compatriotas, ya que yo había demostrado  más espíritu de trabajo que los demás.

A los pocos meses Martin Berrios el sobrino de Manuel Cáceres trabajo en ese mismo lugar por recomendación mía. Luego conseguí un trabajo temporal en una empresa que ofrecía servicios para fiestas, o sea ellos te llevaban mesas, sillas, platos, vasos, servilletas, cubiertos, carpas y todo lo necesario para una celebración al lugar en donde se iba a celebrar el party, y te dejaban todo listo para ser atendido, ahí anduve  con Roberto Cardenal el hijo del dueño del negocio y por medio de este trabajo una mañana conocí una mansión que me asombró no por su grandeza y esplendor ,sino más bien, por sentirme sumergido entre tanta riqueza en un mundo en donde la desigualdad es cada vez mayor. Aquel día salimos muy temprano por el lado de Coral Gables y nos adentramos hasta el fondo de aquel lugar en donde nos salió al paso una bahía y cerca de ahí una mansión que parecía castillo medieval como a medio kilómetro de distancia de la entrada principal, aquella enorme entrada estaba llena de grama y árboles con un par de magníficos ejemplares equinos y al fondo se podía ver la enorme mansión de dos plantas una de color blanco y otra de color negro como los hermosos corceles que pastaban libremente por todo aquel hermoso paraje, todo eso me resulto una gran excentricidad.

Cuando comenzamos a bajar en el frente de la mansión las sillas, mesas, platos, carpas y demás enseres nos salió a encontrar la empleada de la casa, una jinotegana que al presentarnos me saludo muy afablemente, en la parte de abajo todo era blanco, no había un objeto que no fuera blanco, mientras que en la parte alta todo era negro, la casa estaba llena de cosas de oro, es decir, entre el riguroso blanco y negro siempre podías ver objetos dorados y hasta pilares dorados estos eran el único contraste que existía entre los dos colores de la mansión, en la parte de abajo me llamó la atención un enorme oso blanco disecado y con las fauces abiertas y parado en dos patas que supuestamente el dueño lo había capturado en Alaska y en la parte de arriba una enorme pantera capturada en África, a un lado estaba la cochera repleta de autos en su mayoría Rolls Royce cubiertos de oro y cerca de la bahía dos enormes perros , un enorme yate y una suntuosa avioneta varada en las orillas del muelle, todo aquello me hizo recordar no sé por qué  la serie televisiva Miami Vice, cuando pasé al lado de los galgos estos se alborotaron y amenazaron con salirse de la jaula y la jinotegana trayendo dos enormes trozos de carne  se los aventó y estos de inmediato empezaron a devorar aquellas once libras de filete de res, y dirigiéndose a mí me dijo que en esa mansión  la trataban bien  y que casi siempre permanecía  sola,  pero que el fin de semana la hija del dueño que ayer había venido de Estocolmo daría una fiesta a sus amigos latinos, aprovechando que su padre andaba en Australia cazando canguros.

Cuando ya casi todo lo teníamos  listo, bajó la hija del dueño del castillo, una adolescente blondie con corazón de cristal, muy delgada y semi desnuda que pagó a Cardenal una suma considerable de dinero y a mí me alargó cuatrocientos dólares de propina y sin decir nada volvió a subir el alcázar enseñando su famélico trasero. Nosotros antes de irnos nos detuvimos un rato para observar con detenimiento aquel fantástico fortín, Y Cardenal me confesó diciendo, ¨sabes que chico todo esto es una farsa, porque el dueño de todo esto es un  latino de apellido León que ha estado muchas veces detenido, no es ningún famoso ni nada parecido coño, vaya me vas a disculpar, pero que yo sepa el tipo no dice nada de nada y está fundido en millones a pesar de todo, el día que lo lleguen agarrar de verdad, toda esta mielda se le acaba, plefiero vivir tlabajando honestamente antes de terminar tras las rejas chico¨.

En aquel momento me sentí triste y él me dijo que dejará de estar triste, ¨porque si Dios es justo un día todo esto dará de comer a los pobres coño¨. Salimos de aquel lugar despacio, en silencio, pensativos  como si estuviéramos saliendo de la iglesia o de un cuento de hadas sin terminar de leer. A los meses me quedé sin trabajo por indocumentado y en la misma zona de fábricas de Hialeah encontré trabajo en una furniture. Tenía ya un par de semanas de andar buscando trabajo por esa zona industrial cuando de pronto llego a la entrada principal de una mueblería, llamo a la puerta y no sale nadie, entro a un corredor y me voy directo a una puerta que se encuentra cerrada, y sin más ni más, abro la misma y me encuentro a un tipo alto y parecido al cantante Juan Luis Guerra que se encuentra fumando yerba, yo sin preámbulos le saludo y le digo a quema ropa que ¨ando buscando trabajo¨, y él apagando el pitillo me dice que me siente. ¨Y decime alguna vez has pintado muebles¨, y yo de inmediato recordando el consejo de papá le dije que sí, porque papá me decía siempre que  nunca dijera que no sabía, aunque no sepas tu di siempre que sí, ¨porque tú estás en la edad en la que estás preparado para lo que sea¨, así que le dije que sí que tenía mi rato de no hacerlo , pero que si sabía, y él poniéndose de pie me dice ¨veni conmigo che¨, y me va metiendo a la fábrica en donde se fabricaba , pintaba, empaca y transporta el mueble y llegamos a donde se encuentra un hondureño dándole la primera mano a un mueble de gavetas con una pistola de pintar y viene él y le dice, ¨dale la pistola para que pinte¨, y vengo yo y la agarro y se me chorrea el mueble y entonces le digo, lo que pasa que solamente carrocería de vehículos he pintado con pistola, pero yo con un poco de práctica le agarro el vuelo, y el dueño viene y le dice al hondureño, ¨explícale pues para que aprenda¨.  Y desde ese momento empecé a trabajar en la furniture. Con el tiempo me volví un experto gracias a Manuel otro  hondureño de la Ceiba muy simpático que bailaba como Michael Jackson quien me decía que yo me parecía mucho a Alexis Arguello y me decía además güicho, porque  le gustaba mucho el programa radial de Managua conocido como Pancho Madrigal.

El trabajo en la furniture me daba para ayudar a Marta ya mi hijo además de ayudarme a pagar el bonito apartamento en donde nos habíamos ido a vivir, cuya dueña era una señora chilena que vivía sola con su sobrina e hija en el primer piso del edificio, doña Margarita, una anciana de noventa y pico de años cuya claridad de pensamiento te dejaba asombrado, era una linda persona conmigo, ella siempre me apoyaba en todo y a veces hasta me mimaba, siempre me preguntaba que cómo estaba , que si necesitaba algo, que me iba a regalar una silla o una alfombra, cosas de este tipo vos sabes y entonces yo le tomé a ella mucho cariño.  Recuerdo que ella estuvo apoyándome el día que una patrulla de policía se detiene frente al edificio en donde vivía y el policía me aborda violentamente diciéndome, ¨tú qué hablás, inglés, chino, español o qué¨,  ¨porqué¨, le respondo,  ¨tú no te fijaste que cuando pasaste a mi lado en la bicicleta casi me atropellas chico¨, ¨no para nada señor usted estaba largo de donde yo pasé oficial, usted estaba frente al supermercado y yo pasé por la acera¨, y él me queda viendo con odio y me dice , ¨no te digo que no fue así chico, la cosa pasó tal y como te lo digo yo, o piensas llevarme la contraria¨, ¨no señor para nada, pero es que la verdad yo pasé con mi bicicleta  lejos de donde usted se encontraba¨ , y entonces viene él y se quita el cinturón con la pistola lo mete a la patrulla y me dice , ¨ya tú vas a ver quién es el que manda aquí coño¨, y se tira a la calle en señal de pelea , en ese momento toda la comunidad negra y latina del lugar que me conocían cuando llegaba a la  laundry a lavar, salió a ver lo que pasaba y empezaron a pegar gritos defendiéndome y nos jóvenes haitianos se salen de sus vehículos apoyándome,  y como en ese momento me encuentro con mi amigo y vecino de Managua Danilo Estrada a quien le decía Rocky en las gradas de la entrada del apartamento, Danilo me dice, ¨no le hagas caso lo que quiere es echarte preso¨, y entonces en eso sale doña Margarita y en perfecto español e inglés le comienza a decir de todo  al uniformado y luego en español le termina diciendo que yo era un buen muchacho y que me dejara de molestar, ¨pusilánime¨ entre otras cosas, cuando en eso se parquean alrededor de la patrulla como cinco patrullas más de policía y la cosa se pone más ruidosa que otra cosa, y me levantó de la grada y le digo para que todos escucharan, ¨si te crees gran cosa quítate el uniforme y nos vamos al parque a pelear para que mires que no sos nada¨, y él me dice cuadrándose, ¨aquí mismo vamos nadie se va a meter, esto es entre tú y yo, ven¨ me dice amenazando, y yo dando la media vuelta me volví a sentar donde Rocky, entonces viene él y se me acerca y me pone una multa por exceso de velocidad en bicicleta , me extiende la multa entre los gritos de todos los presentes , y vengo yo y entiro el  brazo para tomar la multa, pero dejo caer el papel y le digo ¨Shit pólice cuban¨, ¨bueno es cosa tuya chico, sino te presentas, ya tú sabes lo que te va a pasar¨ - me responde, y se monta en su patrulla y sale volado y detrás las otras patrullas haciendo sonar las sirenas. Yo me quedo muy enojado y recojo la boleta muy triste y en ese momentos los negros y latinos se me acercaron para felicitarme por mi actitud. ¨Es mejor que evites hijo, entra mejor a tu apartamento para evitar problemas con esos desgraciados¨, Danilo y yo de inmediato le hicimos caso a doña Margarita que mirando a su alrededor les terminó diciendo a los afro-latinos no sé qué cosas en inglés.  

Al siguiente día  me presenté a corte para lo de la multa, el juez al ver la boleta me dice, ¨pero que es esto hijo, quien te hizo esto¨, y vengo yo y  le cuento todo, entonces él me termina diciendo, ¨vete tranquilo que a ese policía lo vamos a cambiar de zona para que te deje en paz¨. Fue por ese entonces  cuando empecé a trabajar en mi segundo escrito, porque cuando me encontraba trabajando en el All Right Parking tuve la idea de escribir una novela corta para el Miami Herald, compré una maquina chiquita de escribir Olimpia y escribí una novela que la titulé ¨Las Promesas¨ y la envié al periódico donde Olga Connor era  la directora de Galería en ese momento, a la semana me la estaban publicando, y además de eso, me pagaron la publicación cosa que me lleno de gran satisfacción, Fabio y mi hermano Marco cuando se dieron cuenta de mi publicación en el periódico me felicitaron y me leyeron hasta el final, todos los días salía un capítulo de la misma en donde aparecía el nombre de mi hermano Marco como dueño de unas hectáreas de pepinos. Y entonces cuando estoy en la mueblería empiezo a escribir unos poemas, porque la sensación de vacío y de tristeza jamás se apagó dentro de mi corazón, pero Lina al leerlos una noche de copas le entró celos y me los tiró a la basura.

Llegó un momento que yo estaba haciendo el trabajo que hacia un  ciudadano americano que ganaba veinticinco dólares la hora y yo apenas ganaba tres dólares con cincuenta centavos y entonces me atrevo abordar al dueño pidiéndole un aumento de cincuenta centavos y viene él y me dice que no puede que yo no tenía papeles, entonces yo me quedo muy desilusionado y el empacador de muebles que conocía la Managua  de antes del terremoto del setenta y dos al ver que no había conseguido lo que buscaba me llama y me dice, ¨mira chico , porque no te vienes conmigo a Georgia a llevar muebles a un lugar por ahí y en cada viaje tú te ganarías cinco o seis mil dólares¨, y vengo yo y le digo, porque tanto dinero por acompañarlo en un viaje a Georgia,  ¨sabes que todo lo que tengo, mi casa , mi Corvette, mi piscina y todo chico, exactamente todo, se lo debo a esos viajes; porque en esas gavetas llevamos perico, ya tú sabes¨. Entonces vengo yo y le digo que no, que ¨no estoy interesado¨, pero él insiste diciéndome, ¨tú eres un buen muchacho que merece vivir bien y todo, vamos no pierdas la oportunidad de tu vida chico¨, la cosa es que le termino diciendo que  lo pensaría, cuando llego a casa y le cuento todo a mi papá Rutilio  lo primero que él me dijo fue que me saliera de ese trabajo antes de terminar tras prisión, y a la semana siguiente estaba poniendo mi renuncia.

Al mes empecé a trabajar en limpieza de banco por la noche y por el día en cortes de pepinos y una navidad con Fabio y un amigo de él de apellido Pallais al que le decíamos paco loco, porque por las noches le gustaba ir pateando una lata de cerveza vacía por todo el down town narrando un juego de futbol ficticio, o simplemente tomaba el metro para andar de arriba abajo por puro placer mirando toda la ciudad, y un sábado hasta nos hizo acompañarlo  a un bar del barrio de negros ¿vos sabes lo qué es eso?, y cuando entramos a un bar y pedimos tres cervezas al voltear a ver a mi alrededor sentí todas las afro- miradas sobre nosotros y volteando a ver una vieja roconola como la que existía en el parque las Piedrecitas de Managua en donde iba con mis amigos de la secundaria a escuchar a los Beatles, la cosa es que con las negras miradas me saco unas quarter y me voy a la roconola y cuando miro los temas de Michael Jackson de inmediato los empiezo a marcar y el primer tema que comienza a sonar era Thriller, en ese momentos todos los afroamericanos al unísono dijeron yeahhh man… y desde ese momento nos hicimos amigos de todos los que se encontraban en ese sórdido lugar. Un fin de semana nos vamos los tres hasta Daytona Beach a cortar rosas, a cortar monte, a limpiar, en fin, en todo lo que nos pusieran hacer, pero igual la paga siempre resultaba ser una miseria. Un sábado en Daytona Beach Fabio y yo tomamos una bicicleta de doble pedaleo y nos vamos pedaleando en la misma bicicleta hasta un predio vacío en donde los motorizados de Harlem Davidson se daban cita y de primas a primera nos vamos haciendo amigos de esos renegados de chaquetas, botas, blue jeans sucios y pañuelos en las cabezas y por medio de ellos conseguimos trabajo por una temporada atendiendo unas huertas de rosas y viviendo en una casa rodante. A veces no dormía pensando en mi difícil situación y después de más de un lustro de vivir en Norteamérica una fría mañana en la cafetería de Manolo en el down town de Miami ubicada cerca del Bay Side, mientras me tomaba un café cubano y me fumaba un cigarrillo Marlboro leyendo las noticias internacionales del Miami Herald leí la inesperada noticia del triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro en las elecciones presidenciales y  me dije asombrado, que el espíritu del Mártir de las Libertades Pública había triunfado otra vez; porque él era el Verdadero Presidente de la República de Nicaragua. @mundiario

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