Tránsito de Acuarela (y III)

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Paisajes. / RR SS

Leopoldo logra al fin asimilar y comprender su nueva condición dentro su nueva realidad metafísica. / Relato literario

Tránsito de Acuarela (y III)

Al despertar se encontraba de nuevo en el gélido y brumoso pueblo, sentado en la misma banca de concreto frente a la catedral en donde la misa estaba concluyendo, ite missa est, Leopoldo miró su vehículo estacionado a un lado de la calle y sintiendo el olor a café y pan recién salido del horno se incorporó de su lugar en el preciso instante que miró pasar a Rosario con su rebozo frente a él, la siguió de cerca sin decirle palabra alguna bajo las atónitas miradas de más de un centenar de personas que salieron de sus casas para verlo pasar y cuando la miró entrar al aserrillo él la siguió detrás sin ser aparentemente visto por ella, la miró atravesar la oscura estancia y en la claridad del patio el gallo cantaba sacudiendo sus alas y un pato graznaba, miró a la anciana en el fogón y sin decir palabra se fue a sentar a la silla que se encontraba en la misma mesa que estaba debajo del árbol de malinche, mientras Rosario saludaba a la octogenaria quien a su vez abandonaba el fogón para dirigirme arrastrando sus pesados pies hacia adentro de la casa de adobe y tejas.

Leopoldo se sentía invisible, Rosario se acercó a la mesa cerca de él  con un pocillo de café y mirándolo a los ojos le dijo, ahora si me crees, Leopoldo se quedó lívido sintiendo un fuerte escalofrió en toda su espina dorsal y mirándose de pies a cabeza se dió cuenta que estaba desnudo, de qué se trata todo esto Rosario le pregunto él levantándose de su sitio, ya te lo dije; pero tú aún no logras creerlo ,le dijo ella en el preciso momento que el cielo tronó como un rugido de muchas aguas, no puede ser posible que todo esto sea real se dijo tapándose los genitales con su sombrero , sabes qué,  lo que pasa es que tú y yo estamos soñando o mejor dicho yo me encuentro soñando y me encuentro a la orilla  de la carretera dormido, si claro me he quedado dormido en el auto, ahora lo único que necesito es tener paciencia porque en cualquier momento voy a despertar; porque tú no eres real, tú ya te fuiste sin despedir y me he quedado solo, tengo que despertar de esta pesadilla, salir de esta niebla, de este pueblo, de toda esta desnudes , si eso es todo lo que necesito hacer se dijo saliendo apresurado de aquel lugar.

Salió de nuevo a la calle ante la vista de los pueblerinos y al llegar a la calle de la catedral miró su vehículo y muy apresurado se dispuso a manejarlo para alejarse del pueblo, encendió el jeep Land Rover y conduciendo por un costado de la iglesia logró ver al padre Odórico platicando con unos campesinos en la entrada por donde él había huido antes de despertar desnudo en el parque de la parroquia, manejó en dirección norte buscando alguna salida, siguió de largo hasta salir del pueblo por un camino de polvo, manejaba por un lugar desértico y lleno de cruces , de pronto entró a otro ambiente más fresco y lleno de pinos hasta que llegó a una casa que se encontraba al  borde de un abismo cuyo nombre se encontraba escrito en una tabla: Montes Azules, ahí se bajó de su vehículo y entro a la misma en donde encontró sentado frente a una mesa a un joven sacerdote que lo saludó por su nombre y le hizo ponerse un sayal y luego lo invitó a sentarse a la mesa.

Leopoldo no lograba salir de su asombro por todo lo que le estaba sucediendo y el religioso le dijo suavemente, de aquí en adelante no puedes seguir conduciendo, ahora tienes que caminar hasta donde está el anciano que tiene escrito en su frente Letum non Omnia finit  y recuerda poco a poco iras despejando tus dudas, no desesperes, el día es largo la noche es corta, cada vez más corta o bien las noches pueden ser largas y el día corto muy corto , todo depende de ti, como así le dijo él asombrado, todo depende de tu aceptación, de tu desapego, de tu actitud pues, le dijo el monje sirviéndole un poco de leche, pero de qué se trata todo esto padre dígamelo usted por favor, de qué se trata todo esto, el padre lo miró fijamente a los ojos diciéndole, después de un tiempo, dos tiempos y la mitad de uno todo pasa, nada es eterno, todo fluye , nace, desaparece y nada permanece, lo que está, ya estuvo, lo que es, ya fue, lo que fue, volverá a ser, no hay nada nuevo bajo el sol y la luna en el empedrado camino de las percepciones espirituales, solo ten confianza.

Leopoldo se levantó casi involuntariamente de su sitio y despidiéndose del religioso se alejó del lugar caminando en medio de la nada más incierta que apareció a sus ojos, caminó mirando la nada, sin luz, sin sombra, sin oscuridad, sin vida, sin muerte, sin árboles, sin camino, sin un sentido, solo sintiendo la nada más absurda, incierta y absoluta, sin pensar, sin soñar, sin sentir, sumergido en el mismísimo no-ser de la existencia desconocida.

En un instante llegó asombrado a un valle en donde estaba amaneciendo, los gallos cantaban , las vacas mugían, los perros labraban, los caballos relinchaban, los patos graznaban y a un lado del camino se encontraba un anciano con la señal en la frente que le había dicho el sacerdote, vestido con una túnica y un cayado pastoreando a unas ovejas que balaban, el robusto anciano lo recibió diciéndole con voz de trompeta, conozco tus obras, tus fatigas, tu desobediencia y todo lo demás, de qué te asombras, si todo lo creado desde el principio es asombroso, en ese preciso instante una enorme luz lo cegó por completo y en una visión logró ver al endemoniado de San Rafael postrado a los pies del maestro muy cerca de él pidiéndole clemencia por sus innumerables prevaricaciones.

¿Acaso un verdadero padre no está obligado a perdonar a sus hijos hasta setenta veces siete o más por todas sus equivocaciones y maldades?, ¿podría acaso el Verbo hecho hombre darle la espalda a los hijos arrepentidos por sus numerosos irrespetos y desobediencias?, no, claro que no señor, le respondió Leopoldo poniéndose de hinojos también a los pies del pastor de ovejas, Leopoldo miró los verdes y delicados pastos del valle, miró su rostro en las  aguas de reposo, logró ver en un soto a la inconstante y malva luna y mirando al cielo tachonado de estrellas miró tiritando a los lejos esperanza azules y blancas en un divino cortejo, se quedó extasiado y echado ahí en la yerba tapizada por las florecillas amarillas que parecían sonreírle a la mar.

El cantó de un alcaraván lo despertó ahora tendido en la misma banca de concreto del parque central del pueblo en donde la misa desde hace media hora había finalizado, se levantó sobrecogido y vestido con el viejo sayal, sintiendo el olor a boñiga de caballo, caminó despacio en dirección a la catedral y una anciana al verlo le dijo que el padre no estaba en la iglesia, porque andaba dejando unos alimentos a unos campesinos por Namanjí, agradeciéndole a la joven-anciana siguió de frente hasta llegar a un cerro en donde logró ver el verde y fresco panorama del lugar, bajo del mismo ensimismado, sintiéndose como salido de un horno, purificado y en paz, paso despacio por el telégrafo de San Rafael y la telegrafista lo saludó diciéndole adiós con las manos, luego llegó a un diáfano río en donde se sumergió en sus aguas, tirado en la grama del monte recuperó la lucidez y cordura que tanto necesitaba, recordó todo con claridad, muy ecuánime se  vistió con su atuendo de monástico y se fue directo a la casa de Rosario y en el camino terminó de recordar todo, ella al verlo llegar transfigurado se echó a sus brazos y él abrazándola con el alma comprendió que todo era parte de una realidad metafísica que sobrepasaba cualquier entendimiento humano, el cielo retumbó como un volcán y en medio de la calle en donde los niños jugaban,  miró venir a un grupo de personas de otros tiempos, de otras época, gente desaparecida, rostros olvidados y también caras familiares y se sintió aliviado al saber que todo lo vivido tenía el propósito secreto de aquel tránsito , escuchó con los ojos y observó con el corazón abierto y logró comprender la finalidad de su vida vivida en aquel asombroso momento en donde la realidad era más real que la realidad misma, hasta que todo aquel pintoresco pueblo víctima de un torrencial aguacero poco a poco fue desapareciendo, chorreándose suavemente como un enorme cuadro de acuarela. @mundiario

Tránsito de Acuarela (y III)
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