Breves notas sobre lo invisible en Tatiana Abellán
Aproximarse a la obra de Tatiana Abellán es adentrarse en un bosque, donde difícilmente se puede vislumbrar algún claro que no haya sido invadido por el renuevo o la maleza. La artista opera en función de dos constantes estructurales y semánticas: la fragmentación como eje vertebrador de los recuerdos y la ausencia como presencia, paradójicamente, de los recuerdos, recuerdos a los que Abellán atribute carnalidad a través de la fotografía, el daguerrotipo, los grabados o esbozos que intervienen para que el espectador encarne lo que el ensimismamiento le permite.
Borrar todo o casi todo para dejar huella, para solapar realidad con misterio, entendiendo "misterio" en su sentido etimológico: aquello que es arcano y no se puede comprender. Pero que, sin embargo, está (añado) y parece que se manifiesta en un objeto que Tatiana Abellán precisa tomando la inexactitud, el contorno, lo difuso o la metonimia como núcleo semántico del que surge, como una onda expansiva, lo que merece recordarse, lo que nos vincula a espacios y rostros comunes que en algo se parecen todos, que algo celebran y susurran al otro lado de la superficie, de la costra, de la materia, fluyendo desde la oquedad con un crisol de estímulos y luces, como si quisieran volver a vivir.
Las obras de Tatiana Abellán son lienzos inacabados aparentemente, nutridos de una albura y una desecación que los extingue, pero no del todo. Se quedan en una mismidad nítida, tan nítida que la materialidad escapa a lo tangible, aunque todavía son legibles, determinantes en nuestra imaginación, dúctiles en la imaginería que nuestro pasado ha trazado en nosotros con la intención de ser un fármaco: no todo se queda en la pérdida.
Es ahí donde sus trabajos de Memoria líquida o La niebla de la memoria indagan, arden, supuran, o reparan, porque el espectador está representado, porque existe esa verdad que logra la memoria, la verdad de Alicia, A -letea. Beber en el Leteo era olvidar y la verdad consiste en negar el olvido (A-lecea). Alicia es la verdad porque es memoria, singladura, muesca, espejo, espejo biselado, un acontecimiento que crece de adentro hacia afuera para volver a sumergirse en las aguas de un río que no está predestinado a salvaguardar nada.
Enlace: https://tatianaabellan.com/
Soy yo quien protege el recuerdo, la imagen del amigo, la del padre, la del vínculo, la del otro, la que provoca el estremecimiento para revelarse en su agónica lucha contra la claridad. ¿Qué queda después de una vida? Lo que alguien puede evocar de mí, el claro en el bosque, antes de que lo invada la maleza del principio y todo vuelva a perturbarse, a buscar una salida que lo agite de la nada, a querer respirar. Gracias, Tatiana, por tus trabajos. @mundiario