El sueño del emperador: un viaje épico al corazón del siglo XII
La novela histórica es la expresión literaria del romanticismo. Nació unida al nacionalismo romántico. Desde Walter Scott hasta nuestros días decenas de los grandes escritores europeos se han dedicado a este género, casi nunca exclusivamente, normalmente con gran éxito.
Juan Pedro Aparicio (León, 1941) también ha querido sumarse a esa tendencia con una obra en la que brilla su capacidad narrativa, fue premio Nadal de novela en 1988,lo que le permite pintar un magnífico fresco del siglo XII. Por supuesto la brillantez narrativa serviría de poco si no fuera acompañada de un buen trabajo de investigación sobre los principales sucesos y personajes de la época estudiada tanto, en León como en Roma.
Aparicio no oculta las influencias recibidas subtitulando a su libro Episodio Nacional del Siglo XII. Así como Galdós y Baroja evolucionaron del romanticismo al realismo, el consigue ensamblar ambas corrientes gracias al recurso al personaje imaginario que utiliza como eje de la bien estudiada trama histórica. El joven protagonista: Marcello que, lejos de aspirar ser un héroe, se convierte en mero testigo de los acontecimientos, al tiempo que mantiene su ilusa aspiración amorosa a distancia-amor de lonhdana-.
Marcello, gracias a la influencia de su poderoso tío ,consigue formar parte del séquito del cardenal Jacinto Bobone en su viaje a España, enviado por el Papa Anastasio IV como legado personal suyo ,para impedir que Alfonso VII afiance, con el título de Emperador, su poder sobre la mayor parte de la España cristiana y para hacer fracasar su intento de integrar a los habitantes de origen musulmán, que aceptan gustosos. El enemigo común son los últimos invasores, los almohades.
No gustaba en Roma que usara ese título, que podía ponerle en asuntos terrenales a la par con el Papa, como tampoco le gustaba al que luego sería el Emperador del sacro imperio romano germánico, Federico Hohenstaufen, Barbarroja. Emperador solo hay uno. Pero lo que rechazaba de plano el papado era el añadido de las dos religiones por cuanto su política era precisamente la contraria: guerra de cruzada, el exterminio o el sometimiento de los mahometanos.
La trama evoluciona a partir de las consecuencias de la discutida muerte del infante Sancho Alfonsez, el único hijo varón de Alfonso VI y de la princesa Zaida, originalmente musulmana, en la batalla de Uclés o traicioneramente, asesinado por supuestos aliados.
Roma era partidaria del debilitamiento de ese imperio leones de las dos religiones con la creación de los reinos de Castilla y Portugal, desgajados de aquel, lo que como es sabido acabo ocurriendo.
Mientras en España transcurren esto eventos, adornados por el amor a distancia de Marcello por la desaparecida doncella, también llamada Zaida y la búsqueda de ella a través de tierras leonesas, castellanas y gallegas, en Roma, la Comuna, uno de cuyos lideres era el pariente que lo recomendó: Arnaldo de Brescia, es reprimido por el nuevo Papa, el inglés Breakspeare, en colaboración con el Emperador. Los prolegómenos del encuentro de estos dos interlocutores, ambos eran pelirrojos y el encuentro en sí, son la disculpa para que Aparicio realice una magnífica descripción de la vida romana de la época y de las relaciones imperio-papado-.
Todos los grandes actores de esa fascinante época aparecen en escena directa o indirectamente: Bobone y Arnaldo, que habían sido discípulos y seguían siendo admiradores de Pedro Abelardo la mente más preclara de la época, de trágica vida; el malvado cluniacense Bernardo de Sedirac, arzobispo de Toledo o el más famoso cisterciense francés Bernardo de Claraval. No podían faltar los templarios siempre intrigando. Y en España diversos personajes de la familia real.
El autor se permite la inevitable dosis de anticlericalismo como en casi todo lo publicado sobre la época, tiempo de cruzadas, en la que el papado reclamaba también el poder terrenal, tras monopolizar el espiritual, apoyándose en el falso testamento de Constantino.
Aparicio nos anuncia que esta obra es la primera de una tetralogía sobre el siglo XII, que agradeceremos sus lectores para ayudarnos a conocer mejor aquel periodo tan discutido e intenso. @mundiario


