Streaming
Y como viene siendo normal en estos tiempos, a un periodista le dio por escribir el término en inglés. Aunque naciera en Villamala del Llano, de una provincia de España, así se ha quedado.
En realidad, y literalmente, significa ‘transmisión’. Y como viene siendo normal en estos tiempos, a un periodista le dio por escribir el término en inglés —aunque naciera en "Villamala del Llano", de una provincia de España— así se ha quedado. Tanto es así, que si por una de esas se te ocurre denominarlo transmisión, además de ser un redomado paleto, eres un ignorante pretendiendo que no se note.
Eso es así, que lo tengo yo estudiado, cotejado y concluido.
Aunque a un servidor, le entra ese criterio por un conducto auditivo (pongamos el izquierdo) y, después de una serie de vueltas en la materia gris, llegando al hipotálamo —donde se origina la risa y el llanto…(en realidad todo)— le sale por el otro conducto auditivo (pongamos el derecho), acompañado de una risa irreprimible contra el sujeto objetor; eso sí, por lo bajini.
Bien, aunque creo que lo yo he escrito alguna vez, hace dos años y sin mi permiso, una especie de reyes me trajeron de regalo una especie de “Universal Serie Bus” (o sea, un USB) que se incrusta en un agujero de mi televisión altamente inteligente, y te conecta con una inmensa cantidad de canales de “streaming”. Que sí ‘Prime Video’, ‘Netflix’, ‘HBO’ (que ahora se lama ‘MAX’), ‘Apple TV’ y … ¡yo que sé cuantas más!
Total que, si antes me aburría con la televisión terrestre, esa, que además de tener más de cincuenta canales, solo se me ocurría ver tres; a lo sumo cuatro. Y son terriblemente aburridas; y muy tendenciosas y sectarias cada una a su sardina con ascua.
Las empresas que dirigen esas cadenas de “streaming”, te venden una moto de que el precio mensual es prácticamente nulo; a lo más unos 9.99 euros al mes. Cada una, por supuesto.
O estás listo, o te gastas un dineral en suscripciones al mes; si es que haces caso a que la cuota mensual es prácticamente nada, si lo comparamos con lo que cuesta una entrada de cine (en mi pueblo, como no suele haber mucho teatro ni similares, una entrada cuesta 14 eurazos).
Total que, tanto has oído hablar de esas emisiones a los personajes con los que te sueles reunir, de vez en cuando, a tomar un buen café en el 7-Tartas (hace esquina, siempre he adorado tomar café en bares con esquina, ya hablaré de París, algún día).
Y más aún, de lo extremadamente maravillosas que son algunas series de tales canales, que no he tenido otra que suscribirme a cuatro o cinco. Porque las series maravillosas citadas, no suelen pertenecer al mismo canal.
He tenido que tragarme toda la serie de “Juego de Tronos” (decir que no era nada del otro mundo, o sea prescindible, era como cometer el mayor pecado, oiga). De “Los Soprano”. De los “Bridgerton”. De “Prison Break”. De “El juego del Calamar”. De “El Cuento de la Criada”, y (lo peor de lo peor que he visto en mi vida) De “Mi Reno de Peluche”.
Conclusiones
Por no quedarme atrás con los demás mendas, he reducido mi tiempo de lectura, un verdadero cojón de mico.
Me he gastado un pastón en suscripciones de “streaming”, y —para colmo— ninguna de esas series extremadamente maravillosas, me ha gustado un mojón de pavo.
Las únicas que me han picado lo suficiente como para no poder dejar de verlas es… ¡ninguna!
Lo cierto es que algunas series sí me ha gustado lo suficiente.
Algunas de ellas hasta las he visto un par de veces.
Por lo bien hechas que están, por cómo actúan los actores y actrices. Por el contenido del tema. Por la pura escenografía.
Voy a enumerar unas cuantas: “Isabel” (sencillamente maravillosamente genial).
“Spartacus” – dicen que es porno, pero en la Roma antigua, creo que era así todo —. “Peaky Blinders”. “Narcos”. “Gambito de Dama”. “Fauda”. “Breaking Bad”. “Ripley”. “Borgen”. Y creo que: Pare usted de contar. Esas sí me han gustado, y mucho.
Seguro que muchos de ustedes estarán completamente en desacuerdo conmigo. Hasta es posible que me abominen y detesten por tener un gusto nada parecido a lo que se está considerando como refinado y estiloso. ¡Podría ser!
No pediré disculpas por ello, como ustedes comprenderán.
Excepto esta vez, no suelo dejarme acoquinar, por lo que dicen que es elegante, selecto o primoroso. Y de lo llamado “distópico” ya, ni me hablen.
Cada cual tiene sus gustos. Ya se sabe uno de memoria, los refranes sobre él tal: “contra gustos no hay disputas”; “para gustos los colores”; “hay gustos que matan”. Y sus correspondientes etcéteras.
Pues eso, lo que suele gustar a la concurrencia, nunca me supo levantar a mí.
Ahora me he ahorrado un porrón de suscripciones, de pitidos en mi móvil, de que ha sido aceptada las múltiples compras, de muchos euros – al menos para mí —, y sobre todo ha crecido sobremanera mi tiempo de lectura habitual.
¡Vamos!
Dónde se ponga un “Rayuela” cualquiera (no pararía de citar libros, francamente), que se quiten todas las citadas extremadamente maravillosas.
¿Qué quieren ustedes que les diga? @mundiario




