Stefan Zweig, la belleza elegante y reflexiva inserta en la conciencia literaria

Stefan Zweig. / Mundiario
Stefan Zweig. / Mundiario

Los cuatros relatos que integran el volumen titulado Una boda en Lyon, rezuman la magnificencia del autor austriaco, exquisito constructor de ambientes, descripciones y caracterizaciones plenas de sencillez y hondura.

Stefan Zweig, la belleza elegante y reflexiva inserta en la conciencia literaria

Apenas han transcurrido ochenta y un añoS. El suicidio del autor de Novela de ajedrez, junto a su segunda esposa, Lotte, abrazados en la cama tras ingerir dos vasos de veneno, supuso la demostración que hasta la más férrea convicción intelectual se sentía amenazada por la expansión del nazismo. El periplo que le hizo finalmente viajar en 1939 hasta el continente americano, primero a Argentina y más tarde a Brasil, tuvo su inicio europeo en París y Londres. En 1934 se había trasladado a Inglaterra, huyendo del nacionalsocialismo y el énfasis militarista que empezaba a gestarse. Su compromiso antibelicista le obligó a exiliarse a Zúrich durante la I Guerra Mundial. En su última obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo, se expresa de esta manera, «Con poca formación europea, viviendo en un horizonte plenamente alemán, la mayoría de nuestros escritores creía que su mejor contribución consistía en alimentar el entusiasmo de las masas y en cimentar la presunta belleza de la guerra con llamadas poéticas o ideologías científicas… los filósofos… los médicos… los sacerdotes de todas las confesiones tampoco querían quedar rezagados y se unían al coro; a veces era como oír a una horda de poseídos… lo más estremecedor de ese desvarío era la sinceridad de la mayoría de estos hombres… Y todo ello sin pensar ni por un momento que de este modo traicionaban la verdadera misión del escritor, que consiste en defender y proteger lo común y universal en el hombre».  Finalmente fue la ciudad brasileña de Petrópolis su destino definitivo el 22 de febrero de 1942. El azar caprichoso hizo que esas fechas fueran coincidentes con la aprobación del plan del Tercer Reich, denominado como «Solución final a la cuestión judía».

La literatura ejercida desde la excelencia. La distinción de Stefan Zweig lo es en la medida que la palabra escrita que elabora posee naturaleza sencilla y clarividencia gustosa. Este es el primer estadio de lo que acontece cuando el lector incursiona en sus novelas, relatos y biografías. Escenas y escenarios que discurren con significadas, aunque medidas y sopesadas, connotaciones psicológicas que ponen relieve en los hechos como extensión de aquellos. El paisaje interior es el preponderante. Ello no es óbice para la definición rigurosa y estilizada. Los textos poseen la resonancia juglaresca de quien cuenta para ser oído, con el atractivo de un estilo que sin ser preciosista por su puro enfoque analítico, se reconoce en la gradación de los instantes y situaciones de forma depurada, labrada, cuidadosa. Haciendo derramar cierto lirismo como fina lluvia que refresca y lustra los ambientes, sin perturbar lo más mínimo el fondo claro del asunto que narra. Una boda en Lyon, La caminata, Un ser humano inolvidable y Dos solitarios, son ejemplos de su rica expresión y permeable reflexión que tiene en su traductora Berta Vias Mahou, sobresaliente valedora en lengua española a través de la siempre acertada edición de Acantilado. La inteligencia emocionada que desprende su lectura, ilumina los pasadizos del alma y nos encamina hacia esa estancia íntima donde confesamos y aliviamos las miserias que portamos como sacrificadas hormigas. Es la notoriedad del hecho humano, calcado, perfilado y cosido a la vestimenta que cubre su desnudez no por vergüenza, sino más bien por abrigo.

Una boda en Lyon, de Stefan Zweig. Editorial Acantilado.
Portada. Una boda en Lyon, de Stefan Zweig. / Editorial Acantilado

Libertad, preciado tesoro. En una de las cuatro cartas de despedida afirmaba «(…) creo que ha llegado el momento de poner fin a una vida que estuvo dedicada únicamente a la tarea espiritual de considerar a la libertad humana y la mía propia como la más grande riqueza de la Tierra». A pesar de su ascendencia judía no profesó la religión de sus padres. Tuvo a bien, gracias a su situación acomodada, viajar a muy diversos países. Ese cultivo le dotó de dimensión universal y le procuró la concepción de un riquísimo horizonte y sentimentalidad cultural con proyección humanista que se revela en su escritura. Su obra proscrita y quemada por el régimen nazi que lo declaró «no ario», retorna con pulso y vitalidad intactos y fortalecidos. Condensa esa afirmación irrenunciable que toda verdadera obra literaria contiene: equidistarnos con su lectura de la barbarie y aproximarnos al deseo de amor y libertad, con los que el espíritu humano se alza irreductible frente a la adversidad. @mundiario

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