Ritmo, identidad y mensaje: Bad Bunny transforma la Super Bowl
La Super Bowl no será este año solo una final deportiva: también se perfila como un acontecimiento cultural de enorme calado. La elección de Bad Bunny para protagonizar el espectáculo del descanso ha desbordado el ámbito musical para convertirse en un gesto de alcance político y social, especialmente para la comunidad latina de Estados Unidos, más de 65 millones de personas que atraviesan uno de los momentos de mayor hostilidad institucional de las últimas décadas.
La presencia del puertorriqueño en el escenario más visto del país ha provocado reacciones airadas en el entorno de Donald Trump, que ha criticado abiertamente la decisión de la NFL y ha llegado a despreciar públicamente la figura del cantante, asegurando que no sabe “quién es”. El rechazo no es casual. Benito Antonio Martínez Ocasio se ha mostrado en numerosas ocasiones crítico con las políticas migratorias del presidente y ha alzado la voz contra las redadas, las deportaciones masivas y el clima de miedo instalado en amplias capas de la población latina.
Pese a las presiones, la NFL ha defendido su apuesta. Desde la liga recuerdan que el espectáculo del descanso siempre ha generado controversia y subrayan que la música de Bad Bunny conecta con una audiencia global. Más de 300 millones de personas seguirán en directo los apenas 13 minutos de actuación, una ventana única para un mensaje que, sin necesidad de discursos explícitos, apunta a la visibilización de una cultura históricamente marginada en los grandes rituales nacionales estadounidenses.
El hermetismo del artista alimenta la expectación. Apenas ha adelantado que será una “gran fiesta”, una celebración colectiva en la que el baile y la música funcionarán como lenguaje común. Todo apunta a que el espectáculo girará en torno a su último trabajo, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, un álbum profundamente ligado a la identidad boricua y que ya ha marcado un hito al convertirse en el primer disco íntegramente en español en alzarse con el Grammy a álbum del año. La salsa BAILE INoLVIDABLE, convertida en emblema del proyecto, resume esa intención: tradición, mestizaje y orgullo de origen.
La actuación tendrá además un carácter excepcional dentro de su carrera reciente. Bad Bunny ha decidido no ofrecer conciertos en el territorio continental de Estados Unidos durante su actual gira por el temor a la presencia del ICE en los recintos, una posibilidad que, según ha reconocido, preocupaba tanto a su equipo como a su público. Por eso, el descanso de la Super Bowl será su única aparición en el país, reforzando el carácter simbólico del momento.
El contexto político no es menor. En el último año, la política migratoria estadounidense ha endurecido sus prácticas hasta límites inéditos, con cientos de miles de expulsiones, detenciones masivas y un impacto desproporcionado sobre la población latina, incluso sobre ciudadanos estadounidenses. Organizaciones civiles y promigrantes han alertado del clima de persecución y del miedo cotidiano que se vive en barrios enteros. En este escenario, la música y la visibilidad adquieren una dimensión que trasciende el entretenimiento.
Super Bowl LX.
— Benito Antonio (@sanbenito) September 29, 2025
Bay Area.
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Bad Bunny ha dejado clara su posición en repetidas ocasiones, desde los escenarios hasta la gala de los Grammy, donde dedicó premios a quienes se han visto obligados a abandonar sus países y reivindicó la humanidad de los migrantes frente a los discursos deshumanizadores. Su actuación en la Super Bowl se perfila así como una declaración sin consignas, un recordatorio de que la cultura latina forma parte inseparable de Estados Unidos.
Desde un supermercado en Puerto Rico hasta llenar estadios y generar un impacto económico millonario en su isla natal, la trayectoria del artista explica también la potencia de su mensaje. Su carrera es el reflejo de una identidad que no pide permiso para ocupar espacios centrales. Este domingo, desde Santa Clara, Bad Bunny no solo cantará y bailará: representará a millones de personas que reclaman su lugar en un país construido, precisamente, por migrantes.
Más allá del marcador final, el descanso de la Super Bowl quedará marcado por esa imagen: la de un escenario históricamente dominado por símbolos anglosajones convertido, aunque sea por unos minutos, en una celebración en español, caribeña y mestiza. Un “baile inolvidable” que, para muchos, será también un acto de resistencia cultural. @mundiario


