Pérez-Reverte suspende las jornadas sobre la Guerra Civil tras la gran polémica
La Guerra Civil española, casi 90 años después, sigue siendo un campo minado. No solo en los libros de historia, sino en el debate público, en la política y en la cultura. La suspensión de las jornadas 1936: ¿La guerra que todos perdimos?, impulsadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla, confirma que el conflicto continúa librándose en otro frente: el simbólico, el moral y el emocional. Esta vez no ha habido disparos, pero sí acusaciones de coacciones, campañas en redes, renuncias en cascada y un aplazamiento que sabe a derrota sin admitirla del todo.
El evento, previsto para los primeros días de febrero en la Fundación Cajasol, pretendía reunir a escritores, historiadores y políticos para debatir sobre el origen y las consecuencias de la Guerra Civil. Pero la salida del escritor David Uclés —que rechazó compartir cartel con José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros— activó una reacción en cadena que acabó desbordando a los organizadores. El resultado: suspensión “hasta nueva fecha” y un comunicado en el que se denuncia una “campaña intolerable de presiones”.
Pérez-Reverte, fiel a su estilo, lo resumió con una frase de cuartel y literatura: “Unas batallas se ganan y otras se pierden. Esta es una batalla aplazada”. No cancelada. Aplazada. El matiz importa.
Una polémica que desbordó el debate cultural
Las jornadas nacieron con vocación de pluralidad, pero el propio planteamiento —el título, la idea de que “todos perdimos”— fue leído por asociaciones memorialistas y sectores de la izquierda como una equidistancia inadmisible. Para ellos, no se puede hablar de derrota compartida cuando hubo un golpe de Estado y una dictadura de cuarenta años.
Por estas razones hemos aplazado lado la undécima edición de "Letras en Sevilla".
— Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) January 28, 2026
Quizá les interese leer el comunicado completo. pic.twitter.com/L8OcQc3TlZ
Renuncias, presiones y el poder de las redes
A la marcha de Uclés se sumaron figuras del PSOE, IU y del ámbito académico. Algunos alegaron razones políticas; otros, como la socióloga Zira Box, hablaron abiertamente de sobreexposición y presión social. El clima se volvió irrespirable y la Fundación Cajasol optó por parar.
El choque no es solo sobre un evento, sino sobre cómo contar el pasado. Para unos, el debate histórico es legítimo y necesario. Para otros, ciertos marcos narrativos blanquean el franquismo y perpetúan la desmemoria. Ahí está el núcleo del conflicto.
El aplazamiento no cierra nada. Al contrario: confirma que la Guerra Civil sigue siendo un espejo incómodo donde España no termina de reconocerse. Y que, como sugiere Pérez-Reverte, hay guerras que no se pierden ni se ganan, solo se posponen. Hasta la próxima batalla. @mundiario