El perdón como puente: Urtasun inaugura la última muestra indígena de México en Madrid
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, convirtió este martes la inauguración de El ámbito humano en algo más que un acto protocolario. Frente a más de doscientas piezas prehispánicas procedentes de México, el ministro apeló al poder de ciertas palabras —diálogo, perdón, fraternidad— para subrayar que el arte puede convertirse en un territorio común desde el que reconstruir relaciones tensas, abordar injusticias históricas y reconocer voces silenciadas. La exposición, última pieza de La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, culmina así un ambicioso proyecto binacional que no solo exhibe patrimonio: reabre un debate incómodo pero necesario.
En un momento en el que la política internacional suele estar marcada por el cálculo táctico y los titulares instantáneos, las palabras de Urtasun resonaron con una intensidad poco habitual. “No debemos tener miedo a las palabras que nos unen”, dijo, recuperando el gesto de desagravio que a finales de octubre inició el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, cuando reconoció públicamente el dolor causado a los pueblos originarios. No era solo un guiño diplomático. Era un mensaje cultural, político y moral.
España y México arrastran desde 2019 una tensión latente a raíz de la petición del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador para que la Corona pidiera perdón por los abusos de la conquista. Desde entonces, ambos países han buscado momentos de distensión, pero ninguno tan claro como este proyecto, que reúne más de 400 piezas repartidas entre el Museo Thyssen, el Instituto Cervantes, la Casa de México y ahora el Museo Arqueológico Nacional (MAN). La parte del MAN, la más extensa, llega con retraso respecto al resto: su magnitud requería más tiempo. Y, simbolismo aparte, inaugurar lo más complejo al final encaja bien con la idea de un diálogo lento, cocido a fuego político y cultural.
La exposición presentada este martes no pretende ser un gesto vacío de perdón institucional, sino un ejercicio de reinterpretación. Pone en primer plano la vida cotidiana de las mujeres indígenas: su papel en la educación, en los cuidados, en la transmisión de saberes rituales, en la creación artística y en la cohesión comunitaria. También las muestra en escenarios que el imaginario colonial europeo suele omitir: guerreras, sacerdotisas, gobernantas. Una historia fragmentada que ahora recupera su centralidad.
Una muestra que reescribe el relato de las mujeres indígenas
Ese enfoque es precisamente lo que Urtasun quiso remarcar. La exposición no solo reúne objetos; reconstruye ausencias. Y lo hace desde una narrativa que interpela al visitante europeo, aún acostumbrado a ver el arte indígena desde categorías museísticas occidentales. Aquí, en cambio, el hilo conductor es emocional y político: ¿qué pasa cuando el museo se convierte en un espacio para reparar silencios?
La asesora científica del proyecto, Adriana Velázquez, recordó que las piezas narran tanto la cotidianidad como el poder. No se trata solo de objetos rituales o domésticos: son documentos históricos que revelan cómo las mujeres ocuparon lugares determinantes en la vida pública de sus comunidades. La muestra, dijo, quiere devolverles el lugar que la historiografía dominante les arrebató durante siglos.
Ocho meses de trabajo para un proyecto que suele requerir años
Más de treinta instituciones culturales y gubernamentales de ambos países han colaborado en una carrera contrarreloj iniciada en la Feria del Libro de Guadalajara, donde España fue país invitado en 2024. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, dio orden de facilitar el préstamo de todas las piezas, y desde entonces todo avanzó a una velocidad poco habitual en iniciativas de este tipo, que suelen planificarse con hasta dos años de antelación.
Las más de 200 piezas que componen El ámbito humano llegaron a Madrid el 22 de octubre y, tras semanas de montaje, pueden visitarse ahora en el MAN hasta el 22 de marzo. Su llegada marca el cierre de un proyecto que ha sido tanto cultural como diplomático.
Quirino Ordaz, embajador de México en España, resumió el espíritu del acto con una frase que parecía escrita para el momento político: construir desde el respeto y la admiración. Y es en ese punto donde las palabras de Urtasun cobran peso. Hablar de perdón no implica reescribir la historia, sino asumirla; no exige culpabilidad individual, sino responsabilidad colectiva; no borra los claroscuros, pero sí abre la puerta a un encuentro posible. @mundiario
