Nuestros descendientes serán los hijos de Ulises

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Ángel Manuel Gómez Espada, autor. / Sonia Marques.

Ángel Manuel Gómez Espada desglosa las aventuras de quienes vivimos en la actualidad en su poemario Los hijos de Ulises. En su tercera edición, otra impactante portada nos presenta un grito personal de la existencia humana.

Nuestros descendientes serán los hijos de Ulises

Una vez leído Los hijos de Ulises, cierras el libro formando parte de él. Sin más, te conviertes en el destinatario de sus palabras, como aquellos mensajes en una botella que llegan a tierra, a los pies de quien las leerá. Aunque también nos advierte de nuestro papel en el mundo:  vivir nuestras aventuras, como Telémaco.

Ángel Manuel Gómez Espada. Foto: Sonia Marques.

Ángel Manuel Gómez Espada. / Sonia Marques.

Ángel Manuel Gómez Espada es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Co-director de la Revista de Literatura El Coloquio de los Perros. El autor colabora en varios medios de comunicación como en Días de Radio de Radio Candil (Almería) y mantiene en el Diario Hoy de Extremadura la columna Sálvese quien quiera. Es responsable del cuaderno de bitácora Rua dos Anjos Pretos. Ha sido traducido al francés, portugués y polaco. Ha publicado Mediodía en la otra orilla (Universidad de Murcia, 2000); Anales de la casa subterránea (Tres Fronteras, Murcia, 2002), Cocinar el loto (La Oficina, Almería, 2014; 3ª ed., marzo de 2015) y Los hijos de Ulises (Le Tour 1987, col. Tourmalet, Mérida, 2015). Está previsto que en breve aparezca Postales en un cajón de galletas (XIII Premio de Poesía Dionisia García). Así como las plaquettes Alineación Indebida (Banderines del Zaguán, Almería, 2007) y Primavera (Poeta de Guardia, Almería, 2013). Incluido en las antologías Antología del Beso.Poesía última española (mitad doble ediciones, Málaga, 2009), Poeta de guardia (El taller del Poeta, Pontevedra, 2014), Diva de Mierda (Ediciones Liliputienses, 2014, 2ª ed. 2015) y Centrifugados (Ediciones Liliputienses, Isla de San Borondón, 2015). Además, es traductor de del libro de cuentos de Mia Couto, El Hilo del abalorio, en la editorial Le Tour 1987. Y muy recientemente, este mismo año, ha publicado Ventana de emergencias en Huerga y Fierro Editorial.

¿Qué hace un lector tras seguidas lecturas de Los hijos de Ulises? Como mínimo: levantar el grito. Asestar a la realidad una pizca de crítica, de ironía y de esperanza.

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Portada tercera edición.

 

Durante el IV Encuentro de Poesía, Música y Plástica de Puente Genil, Córdoba, en mayo del 2016 tuve la oportunidad de hacerle unas preguntas sobre el libro, recordaré ahora cuando advertía las consecuencias tras el primer contacto con este. 

«Los hijos de Ulises no es un libro que habla desde el presente ni desde el pasado, habla desde el futuro; entonces son unos poemas que les hablan a nuestros nietos. Nuestros nietos serán Los hijos de Ulises. Serán esos trashumantes a la deriva y que no saben hacia dónde van porque todo está demasiado perdido. El libro es un manual, o tenía la intención de serlo, para explicarles que estamos a tiempo de cambiar el mundo y que no vayan a esa deriva ni a esos mares cenagosos y oscuros». [1]

Telémaco, hijo de Ulises, mira obsesivamente al mar. Mantiene la ilusión, esa esperanza de recibir un mensaje para ayudarle a entender su situación, para guiarle en su camino. Como sabemos, Ulises vaga por el mundo, él era esa autoridad que Telémaco necesitaba para indicarle el camino y de él esperaba esa señal. Nosotros sabemos cómo funciona el mundo. Vagamos y esperamos esa señal, poco después, recibimos a la autoridad poética con un mensaje. Quienes leen entre las páginas de Los hijos de Ulises encuentran diversos mensajes. Pilar Adón menciona en el prólogo que este es «un poemario de esta época, del aquí y el ahora». Nuestro momento de esperar, observando que estamos en «la hora de llorar. En la hora de mentir a los padres para que no sufran los infortunios de sus hijos. En la hora de la precariedad. La hora del desengaño». Como ya mencioné, la portada nos avisa que sus páginas serán un grito personal analizando la existencia, tratando nuestras propias heridas sociales, nuestras actitudes y haciéndonos recapacitar sobre los roles y rumbos de cada uno.

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Portada durante la primera y segunda edición.

La poesía de Ángel Manuel Gómez Espada es una poesía necesaria, inconformista, la que habla con ironía; una poesía que utiliza la burla. Lanza un mensaje para que lo capten las generaciones y puedan ser trasmisoras de este para la siguiente. Es un poemario con nuestras aventuras del pasado y presente, como el propio autor apuntaba, desde el futuro. Un manual de guía. Unas páginas entre las que nos adentramos en los límites de nuestro mundo para experimentar la sensación de la necesidad de crear uno mejor. Este mundo de hombres sufrientes y cosas corrientes, somos como aquel hijo del héroe legendario y quienes afirman lo que él declaraba en sus aventuras.

«la fortuna, que se burla de los hombres, y que me trae vagando por el mundo» [2]

Somos sobre quienes recaen los castigos de nuestros predecesores, justo como entonces. No divagaremos demasiado si navegamos entre la lírica y la prosa de los poemas de Ángel Manuel Gómez Espada, el poeta que lanza «un grito en contra de las maldades del consumismo. De sus engaños y de sus consecuencias en forma de frustración y de pérdida de cualquier forma de inocencia». Seamos, entonces, quienes reciben las instrucciones tras nuestras reclamaciones, tras pedir respuestas, tras exponer el mundo en el que vivimos, vagamos y nos perdemos. Queda la esperanza de que la poesía es—y será— la salvación de nuestra propia realidad y pesares. @mundiario

[1] Respuesta incluida en Espectáculo caleidoscópico en el IV ENCUENTRO (Puente Genil, España). Salto al reverso (2016): https://saltoalreverso.com/2016/05/15/espectaculo-caleidoscopico-en-el-iv-encuentro/

[2] François de Salignac de la Mothe: Las aventuras de Telémaco (Tomo I). Traducida por Fernando Nicolás de Rebolleda. Tercera edición. Barcelona, 1820.

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