Nemo renuncia a su trofeo de Eurovisión en protesta por la permanencia de Israel en el certamen

El artista suizo, ganador en 2024, devuelve el Micrófono de Cristal a la UER al considerar que la decisión de mantener a Israel en la competición contradice los valores de unidad e inclusión que el festival dice defender.

Nemo, ganador de Eurovisión 2024. / @eurovision.
Nemo, ganador de Eurovisión 2024. / @eurovision.

La crisis que atraviesa Eurovisión por su gestión del conflicto en Oriente Próximo suma un nuevo episodio de alto impacto simbólico. Nemo, el músico suizo que se alzó con la victoria en 2024 gracias a su potente interpretación de The Code, ha anunciado que devuelve el trofeo oficial del certamen en señal de desacuerdo con la Unión Europea de Radiodifusión (UER). El gesto, cargado de significado político y ético, llega tras meses de críticas a la organización por permitir la participación israelí mientras Naciones Unidas evalúa que en Gaza se han cometido crímenes que podrían constituir un genocidio.

El artista, a través de un comunicado compartido en Instagram, explica que su decisión no nace del desencanto con el público ni con la comunidad eurovisiva, con la que asegura mantener un vínculo profundo, sino de la convicción de que el festival ha vulnerado los principios que lo hicieron relevante para él. “Eurovisión significa inclusión, unidad y dignidad para todos. Si esos ideales se ponen en duda, el trofeo pierde su sentido”, señala.

 

Nemo sostiene que permitir a Israel seguir en competición mientras una comisión independiente de la ONU investiga posibles crímenes graves supone una contradicción imposible de ignorar. A su juicio, la UER ha contribuido a “suavizar la imagen” de un Estado cuestionado internacionalmente, empeñada en sostener que Eurovisión no debe ser leído en clave política a pesar del clima internacional.

El músico afirma que, si bien valora la experiencia que vivió en Malmö y la oportunidad de compartir escenario con artistas de toda Europa, no puede mantener el Micrófono de Cristal “como si nada estuviera ocurriendo”. Por ello, ha enviado el trofeo de vuelta a la sede de la UER en Ginebra, justo después de que la organización ratificara su decisión de mantener a Israel en el festival durante su Asamblea General del 4 de diciembre. Su mensaje hacia la institución es nítido: “Predicad con el ejemplo”.

Un efecto dominó dentro del certamen

La reacción de Nemo se suma al creciente malestar dentro del ecosistema eurovisivo. Cinco países —España, Islandia, Eslovenia, Países Bajos e Irlanda— ya han optado por retirarse de la edición de 2026, una señal de que la crisis es mucho más que un desacuerdo puntual. A juicio del artista suizo, estas deserciones confirman que “algo muy grave está pasando” en el seno del festival que durante décadas ha presumido de ser un espacio de neutralidad cultural.

El debate tampoco es ajeno a otros ganadores recientes. JJ, el austríaco que obtuvo la victoria este 2026 con el tema Wasted Love, ya expresó su deseo de que la próxima edición se celebrase “sin Israel”. Sus palabras desataron una fuerte polémica interna, hasta el punto de que tanto la cadena pública ORF como su discográfica le habrían pedido que evitase cualquier referencia futura al conflicto. El contraste entre el silencio impuesto a unos y el gesto contundente de Nemo alimenta un debate que la UER no ha logrado sofocar.

La devolución del trofeo por parte de Nemo reaviva una pregunta de fondo: ¿puede Eurovisión mantener la ficción de que su identidad es puramente cultural en un mundo donde casi todo se lee en clave política? El gesto del artista suizo convierte esa tensión en un símbolo visible de la crisis de credibilidad de la organización y coloca al festival frente a su dilema más incómodo en años. @mundiario

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