Virgen de Vladimir: ¿el icono que salvó Moscú en la Segunda Guerra Mundial?

Icono de la Virgen de Vladimir
Icono de la Virgen de Vladimir. / Archivo

La Virgen de Vladimir es un icono de aproximadamente el 1133, de 77 por 55,3 cm. Es una pintura al temple sobre tabla, se conserva en la Galería Tretiakov de Moscú. Se considera el icono más antiguo de inspiración bizantina. 

Virgen de Vladimir: ¿el icono que salvó Moscú en la Segunda Guerra Mundial?

Esta imagen-icono ha sido muy venerada y alabada durante siglos en Rusia. Por lo cual, nos enfrentamos no solo a una obra maestra, en cuanto al arte, sino una obra de “veneración”. O dicho de otro modo, cuántos millones de personas, hombres y mujeres, sea ante la presencia real de esta tabla, sea en copias de imágenes, habrá pedido a la Virgen que interceda por sus necesidades, sean de un tipo o de otro, generaciones y generaciones, siglos y siglos.

- Esta pintura al temple, es decir, pigmentos mezclados con yema de huevo, nos enfrenta al doble misterio, por un lado, el de una mujer-madre y su hijo-niño, es decir, a la maternidad, y por otro lado, al de la Virgen-Hijo de Dios, es decir, la Trascendencia-Revelación-Encarnación de Dios en Humano.

En ese doble juego de espejos-perspectivas-dimensiones, el dolor-alegría humana, la manifestación-epifanía divina. En este laberinto-espiral de espejos, es dónde el ser humano se confronta-enfrenta-analiza-plantea multitud de aspectos de su ser-realidad. Ningún ser humano en Occidente, ha podido abdicar-evadirse, al menos, una vez en su existencia, si ese Niño, es de verdad Dios o Hijo de Dios. En definitiva, al misterio-enigma del cristianismo, que es en muchos sentidos, según como se responda, se contesta al misterio-enigma del ser humano. En muchos sentidos.

- Un icono, en su concepción original, no es solo una imagen o representación de una imagen-concepto-idea-historia-mensaje, sino que en “si mismo, tiene una especie de inspiración-revelación”.

Para los occidentales, pertenecientes a la tradición del cristianismo de las iglesias no ortodoxas, es decir, católicas, aún más para los evangelistas, nos resulta muy difícil entender-comprender ese concepto, algo así “como si un icono, no fuese solo una imagen de una representación, sino como una especie de revelación de una verdad-dogma religioso-espiritual”.

Por lo cual, un icono es algo sagrado en sí. Realizado con unas técnicas precisas, con una forma concreta de pintar-dibujar, una especie de oración eterna, tanto para el autor, por lo general, un monje, que diríamos reza mientras pinta, mientras pinta reza, algo parecido a lo de Tomás de Aquino, había que estudiar teología de rodillas. Pues un icono es “un rezo-oración cristalizado en color-imagen”, por consecuencia, no solo intenta representar un dogma, en este caso de la Encarnación, Virgen-Niño, sino expresar una realidad espiritual-religiosa muy profunda, tanto el autor, y quién lo contempla, debe sentir algo más que una imagen-figura-color-líneas. Algo más que un mensaje-palabra-frase, sino una especie de inspiración-revelación-unión-amor-amar…

- Un icono es como una palabra-Palabra que nos habla a los ojos y al corazón.

El cristianismo interpreta, que como el Nazareno, Hijo de Dios o Segunda Persona de Dios Trinidad se encarnó, podemos “representar en imágenes, escenas de la existencia-vida del Hijo de Dios”. Por lo cual, no es esta invención-interpretación, cuestión del Concilio de Trento, como muchos piensan, sino que desde las catacumbas, ya existen, símbolos-imágenes-señales-pinturas que reflejan “diríamos esta concepción”, que es la representación del Misterio en la inmanencia del mundo. Metafísica-Teología con colores.

En definitiva, con “esta imagen para la veneración, que no es lo mismo que la adoración, porque adorar solo se puede hacer, según el dogma al Dios Infinito”. Con esa veneración intenta despertar-interpelar a lo más profundo del ser humano.

Quizás, y nadie se rasgue la corbata, ni la chaqueta, ni el mono de trabajo, “el arte más profundo que realizan los humanes, desde Chauvet-Altamira-Lascaux, posiblemente, hasta el arte de ahora, sea ese arte-artes, que intenta combinar-mezclar, realidades sociohumanas, realidades humanas profundas, con realidades metafísicas-religiosas-espirituales”. El estilo-ismo-tendencia-técnica-género-arte es secundario, lo importante, es esa esencialidad-trascendencia. Lo demás es secundario. Y el arte-artes, da lo mismo, que tiene esa característica o conjunto de variables, perdura durante siglos, y se hace clásico, y el que no, “pues es solo forma, con algunos títulos que semejan profundidad”, pero por lo general es adorno, aunque ese “adorno se pague por millones en las subastas internacionales”.

Se dice, que Stalin cuando Moscú estaba asediado por los alemanes en la segunda guerra mundial, mandó que un avión volase sobre la ciudad dando vueltas con este icono dentro del avión.

Para terminar, hay obras de arte, pequeñas en tamaño como ésta, pero que son inmensas, porque son como mares cuya “interpretación-exégesis-hermenéutica es ilimitada”. Me pregunto, cuántos millones de mujeres-hombres se habrán puesto frente a este icono, a esta Virgen, para pedir por su hijo que no muriese en la guerra, por su hija que no muriese en el parto, por su esposo-esposa que saliese de esa enfermedad biológica o psicológica. Este icono-pintura-cuadro está hecha de “peticiones y de veneraciones”, es algo más que una pintura-metapintura. Es algo que representa algo de la esencia más profunda de la humanidad, se sea ateo o agnóstico o creyente en la teología-revelación que sea.

Virgen de Vladimir: ¿el icono que salvó Moscú en la Segunda Guerra Mundial?
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