El Guernica gallego, "A derradeira lección do mestre", está en Galicia por primera vez
No le falta razón al presidente Feijóo cuando afirma que Castelao no puede ser patrimonio del nacionalismo de izquierdas o del soberanismo. Su figura y su compromiso político con el país que amó hasta el último aliento no pueden ser piedra de discordia.
La polémica ha ensombrecido la verdadera noticia: "A derradeira lección do mestre", para algunos el Guernica gallego, está en Galicia por primera vez. Durante varios meses el cuadro más icónico de Castelao podrá verse en la "Cidade da Cultura" de Santiago junto a una amplia muestra de la obra pictórica del artista, intelectual y político rianxeiro. La Xunta lo ha traído de Buenos Aires por iniciativa propia, para que pueda ser contemplado por los gallegos de todos los "recunchos", de todas las edades, de todas las condiciones y de todas las ideologías para quienes el "irmán Daniel" al que cantara Ramón Cabanillas es un símbolo de las generaciones que a principios del siglo pasado alentaron el sueño de un país dueño de su destino.
Sin el impulso de Castelao y de otros dirigentes del Partido Galeguista y de organizaciones republicanas, incluso conservadoras, la comunidad gallega no habría alcanzado el grado de autogobierno del que hoy goza, que, sin ser pleno, seguramente está por encima del que muchos de ellos anhelaban en aquella España centralista. A algunos de los "bos e xenerosos" el empeño les costó la vida, como a Alexandre Bóveda, a quien homenajea el lienzo poniendo su rostro al maestro asesinado por los franquistas y llorado por dos de sus discípulos. A otros, como Castelao, un largo exilio que les afianzó en sus convicciones galleguistas y nacionalistas pero no les permitió gozar de una democracia plena y un Estado cuasi federal.
El ruido político generado por el discurso del presidente Feijóo tras el desembalaje de "A derradeira lección..." recuerda bastante al "balbordo" que rodeó el regreso a Galicia de los restos del autor de Sempre en Galiza, hace ya más de treinta años. Fue aquel uno de los episodios más tristes en la primera etapa de la autonomía gallega. Así lo recuerdan tanto los que acudieron de buena fe o por puro ritualismo a homenajear a Castelao como los que trataron de violentar el acto fúnebre en un lugar tan sagrado para el galleguismo como el Panteón de Galegos Ilustres.
Un nacionalista de los de pies en tierra, Camilo Nogueira, impulsó en el Parlamento aquella iniciativa humanamente más que justificada y políticamente normalizadora, que se aprobó por unanimidad (sin el Benepegá, que estaba ausente). Él sigue considerando que hizo lo correcto y que aquellos incidentes constituyeron un gravísimo error histórico del nacionalismo gallego, uno de los muchos que cometió durante la Transición y de los que aún paga las consecuencias. Nogueira sufrió improperios y descalificaciones de grueso calibre por parte de sus compañeros de ideología, que tardaron muchos años en perdonarle. Hoy, sin embargo, es una una personalidad respetada en todo el arco ideológico por sus impagables servicios al país.
No le falta razón a Feijóo cuando afirma que Castelao no puede ser patrimonio del nacionalismo de izquierdas o del soberanismo. Su figura y su compromiso político con el país que amó hasta el último aliento no pueden ser piedra de discordia; tienen que ser una referencia, y una llamada a la concordia, para todos los gallegos de bien. A diferencia de otras nacionalidades y regiones, Galicia dispone de un poderoso símbolo aglutinador personificado en alguien a quien, en la medida en que su vida y su obra se siga divulgando, los gallegos del futuro seguirán honrando como nuestro patrón laico. Para eso ha de servir la exposición del Gaiás. Y también para reivindicar la auténtica memoria democrática, que es mucho más que la "memoria histórica". Aquello que la barbarie no pudo destruir sigue muy vivo. Porque los asesinos no enterraban cadáveres, enterraban simiente. Esa es la verdadera y gran lección del maestro. @mundiario