Fecha de caducidad (I)

fecha de caducidad 1
Ilustrración de Fecha de caducidad. / M. R. A.

Buenos días, le llamamos para saber si está usted muerto. / Relato.

Fecha de caducidad (I)

Primera parte del relato titulado Fecha de caducidad. 

—Buenos días, le llamamos para saber si está usted muerto.

—¿Qué?

Hay una pausa al otro lado de la línea. Francisco espera. No tiene claro si ha entendido bien. La voz femenina parece agradable.

—¿Es usted el Sr. Francisco Cocis?

—Sí.

—Vaya, pues es evidente entonces que no está usted muerto.

—¿Se trata de una broma?

—Le llamo de Insurance Care Worldwide, Sr. Cocis, tiene usted contratado un seguro de vida con fecha de caducidad de hace dos días. Debería haber muerto el martes a las 11:29. Hemos esperado las 48 horas de cortesía antes de efectuar la llamada, por respeto a sus seres queridos. Sin embargo esto es una anomalía y es necesario repararla. Enviaremos a su casa una Unidad de Reparación de Muerte Prevista No Consensuada, llegarán en unos treinta minutos.

—¿Pero qué?

—Según establece la cláusula 37.2, que ya conocerá, en caso de que el fallecimiento no se dé en los términos previstos, sea cual sea la razón acontecida, ICW se hará cargo de su cumplimiento. Por favor, permanezca en su casa. Debería tenerlo ya todo bien atado, tal y como estipula la cláusula 11.6, para no infringir las normas. Deje que nosotros le ahorremos las molestias. Gracias.

Y cuelga.

Francisco, a sus 37 años, dos meses y dos días, se queda pasmado con el auricular enganchado a la oreja izquierda. Sí recuerda que contrató un seguro de vida con ICW, pero es de los que firma sin leer la letra pequeña. Menudo disparate, por supuesto se trata de una broma. Cuelga y sorbe un poco de café frío.

Aun estando convencido de que se trata de una caraba de mal gusto, a medida que las largas agujas del reloj redondo, comprado por su mujer a su pesar, en la pared de la cocina, van avanzando, se pone nervioso. Rebusca entre carpetas el contrato del seguro de vida. Su mujer lleva todas las gestiones, él para estas cosas es un desastre. Entre los papeles del coche y los de la hipoteca del piso, lo encuentra: Insurance Care Worldwide Seguro de Vida de Óbito Consensuado.

¿Óbito consensuado? Busca la cláusula 37.2: «En beneficio de la familia y atendiendo a la enfermedad crónica e irreversible del tomador, estipulada en la cláusula 17.1 del presente, se establece como hora consensuada del óbito las 11:29 minutos del 16 de octubre, 2018. En caso contrario se incumplirá dicha cláusula por lo que ICW tomará las medidas reglamentarias (ver cláusula 21.8.)»

Cláusula 21.8: «Activación, pasadas 48 horas, de la Unidad de Reparación de Muerte Prevista No Consensuada…»

Cláusula 17.1: «el tomador, don Francisco Cocis Nafra padece Neurodeficiencia Adquirida en grado Severo y se estima su muerte para un máximo de dos años a contar desde la firma del presente contrato (ver documentación médica anexa).»

¿Neurodeficiencia Adquirida? Francisco nunca había oído hablar de esta enfermedad y, por lo visto, él la padece. Busca los anexos al contrato, las pruebas médicas citadas, sin éxito. Lo revuelve todo, incluso el cajón de las bragas y los sostenes de su mujer, los armarios de los niños, entre las instrucciones de la tele y el módem. Nada. Lleva tiempo muriéndose y no lo sabe. No recuerda haber ido nunca al médico para hacerse pruebas, su memoria no encuentra ninguna conversación triste y dura con un doctor o doctora y su mujer en la que se le explicaba que mira, chico, la estás palmando, vete despidiendo. ¿Y se despidió dejando un seguro de vida para su familia? En el estudio enciende el ordenador y escudriña en internet la enfermedad mencionada.

«Neurodeficiencia Adquirida: enfermedad neuronal caracterizada por la muerte progresiva de las neuronas, produciendo un paro multiorgánico general […] sin cura […] tratamiento con paliativos […] entre 6 y 24 meses de vida […] presenta los siguientes síntomas: dolor agudo progresivo de cabeza, arritmia creciente, subidas y bajadas de tensión, debilidad muscular, carencias sensitivas paulatinas, pitido auditivo, visión borrosa intermitente…». Se está mareando. Francisco deja la pantalla encendida y sale al balcón a que le toque el aire; busca el paquete de tabaco escondido entre las hojas del ficus. Fuma. Hace fresco. El otoño ha tardado, pero ya está aquí. Él no sufre ninguno de aquellos síntomas. ¿O sí? No, se está retratando mientras al otro lado de la línea una chica de voz agradable y alguien más se parten de risa imaginando su reacción paranoica, alguien que le conoce y sabe que suele responder con nervios y angustia.

En el preciso momento en que la colilla del cigarrillo empieza a quemarle los labios, una furgoneta con el logo de ICW en el lateral se detiene frente a su bloque de apartamentos y de ella bajan un hombre y una mujer, trajeados, con gafas de sol y ella lleva un maletín. A Francisco se le llena la frente de sudor frío. “Estoy muerto”, piensa, “O debería”. @mundiario

(Continuará)

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