Descubrir o no el cadáver en el baúl

Rodaje de La Soga de Alfred Hitchcock. / Warner Bros
Rodaje de La Soga de Alfred Hitchcock. / Warner Bros
El superhombre puede existir siempre que exista una masa aborregada de mediocres a quienes se les podrá hacer cualquier cosa, incluso asesinarlos por mero placer.
Descubrir o no el cadáver en el baúl

Superhombre, Summerhill, crimen del siglo, macguffin… existen tantos matices y elementos en La Soga (1948) de Alfred Hitchcock que merecería un club de debate fílmico o algo así, pero sin entrar en pretenciosidades. Es, de hecho, una película ideal para colarse en el Cine Club de Cuarto Milenio de Iker Jiménez y Carmen Porter con David Felipe Arranz.

Ver una película de Alfred Hitchcock siempre supone sorprenderse con algo y, sin lugar a dudas, técnicamente, La Soga (Rope) es uno de los filmes que mayor análisis puede soportar a pesar de la aparente sencillez de la historia.

El guión a cargo de Arthur Laurents y Hume Cronyn se basa en la obra de teatro de Patrick Hamilton (1929), motivo quizá por el cual Hitchcock aprovecha para rodar su película en un plano secuencia “falso”. Las escenas se ensayaban el día anterior y todo quedaba dispuesto para el día de la grabación: desde los actores a los técnicos, cámaras, iluminación, etc. Un detallista trabajo que, dado que en la época de filmación de La Soga (1948) los rollos de la película en color no podían rodar más de diez minutos, el ingenioso cineasta utilizó las espaldas y las paredes para tapar el enfoque de la cámara y disimular los cambios de rollo.

La dificultad de la filmación supuso un punto de inflexión en las capacidades de rodaje de películas de Hollywood (merece la pena recordad que Hitchcock incluso invitó a gente de la industria a su rodaje para que viesen lo que estaba haciendo): se colocaron cámaras en plataformas rodantes, el set era completamente móvil, las nubes falsas se movían por el horizonte. El equipo se colocó sobre superficies lubricadas especiales para minimizar el ruido, pues todo debía emitir el menor sonido ya que la banda sonora se grabó directamente y los diálogos se grabaron en vivo. Además de todo ello, supuso la primera película en color del maestro del suspense.

Farley Granger, James Stewart y John Dall en La Soga.

Farley Granger, James Stewart y John Dall en La Soga.

Otro de los referentes del guión de esta película, a parte de la obra teatral de Hamilton es el atroz asesinato que dos jóvenes judíos pudientes de Estados Unidos perpetraron en 1924 y que fue considerado uno de los crimenes del siglo.

Portada del periódico Chicago American.

El caso en portada en el Chicago American.

Nathan Leopold y Richard Loeb, estudiantes universitarios de gran intelecto, raptaron y mataron a un niño de catorce llamado Bobby Franks, hijo de un rico fabricante de relojes y primo segundo de Loeb. La intención de ambos era ocultar el cuerpo y pedir un rescate. Durante 6 meses estuvieron preparando el acto y juntos redactaron la nota de rescate y seleccionaron el arma con el que asesinar al muchacho: un cincel.

Una vez raptado Bobby Franks, Leopold y Loeb lo golpearon repetidas veces en la cabeza, lo amordazaron, rociaron ácido clorhídrico sobre rostro y genitales para ocultar el hecho de que había sido circuncidado y finalmente lanzaron su cuerpo en una alcantarilla junto al lago Wolf, con tan mala suerte para ellos que Leopold dejó caer descuidadamente sus gafas a la alcantarilla. Anteojos comunes que, sin embargo, tenía un abisagra inusual comprada por solo tres clientes en Chicago, uno de los cuales era Leopold. Ese hecho les delató y fueron juzgados. Durante el juicio llegaron a justificar su asesinato hablando del mito del superhombre al que hace referencia el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su obra 'Así habló Zaratusta', escrita entre 1883 y 1885 y a cuya teoría también se hace mención en La Soga.

Este superhombre es un concepto que pretende abarcar o poner el foco en la potencialidad humana y las capacidades que todo hombre alejado de la moral religiosa puede adquirir. Nietzsche despreciaba el catolicismo, al contrario que su padre, y alababa al hombre como ser único y superior capaz de crear sus propios valores y aceptar sus propios instintos. También opinaba que el superhombre puede existir siempre que exista una masa aborregada de mediocres: “una cultura elevada puede existir únicamente sobre una amplia base, sobre una mediocridad poderosa y consolidada”.

Leopold y Loeb interpretaron hasta el extremo el pensamiento del filósofo alemán y esta particularidad es la que supo exprimir Hitchcock en los personajes de Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger), los asesinos de David Kentley, nombrado 73 veces en la película y omnipresente como si un Dios se tratase, dentro de ese baúl, a la espera de ser descubierto. En definitiva, el Macguffin de la película, el elemento de suspense que hace avanzar la historia.

“En mas de treinta y ocho años no ha salido de la escuela ni un solo homosexual. La razón es que la libertad produce niños sanos”. Lo contrario a lo que Brandon y Phillip representan en este film: homosexuales y asesinos. El humor negro de Hitchcock no tendría cabida en este mundo políticamente correcto.

Los protagonistas de la película, además, están fuertemente influenciados por la figura de uno de sus profesores, Rupert Cadell (James Stewart), el exdirector del colegio Summerhill, una escuela ubicada en Leiston, en Suffolk, Inglaterra y fundada por A.S. Neill en 1921 cuyo fundamento de aprendizaje está en sustituir la autoridad por la libertad y que siempre se ha considerado ideal de la educación progresista.

La introducción del personaje del profesor, absolutamente relevante en la trama, y una pareja de asesinos que hace pensar al espectador que también son homosexuales o bisexuales, tema tabú en la época y también tabú en la película donde en ningún momento se asegura pero sí se insinúa (quizá siguiendo el perfil de los asesinos reales Leopold y Loeb a quienes se les atribuyó, parece que acertadamente, una relación homosexual entre ambos), va en línea como lo que promueve Summerhill en la  obra cumbre de A.S.Neill que dio a conocer al mundo las bondades, según la propia institución, de este tipo de colegio y de educación progresista al indicar que “en mas de treinta y ocho años no ha salido de la escuela ni un solo homosexual. La razón es que la libertad produce niños sanos”. Lo contrario a lo que Brandon y Phillip representan en este film: homosexuales y asesinos. El humor negro de Hitchcock no tendría cabida en este mundo políticamente correcto.

En definitiva, La Soga de Hitchcock es una obra maestra y contiene todo el sosiego que el director tomaba en sus filmes y un extra de diálogos repletos de humor y dobles sentidos con ese reparto coral ubicado en un único espacio en una macabra fiesta de supuesta despedida vacacional que por la contra es una especia de juego  del cluedo en el que se invierte el modo de entretenimiento ya que el espectador sabe quiénes son los asesinos, el pasatiempo está en adivinar quién descubrirá antes al cadáver en el baúl.

¡Disfrútenla!

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