Annabella (X)
En el último capitulo, se da el triunfo de la revolución y el alfayete muere, quedando Annabella hasta sus últimos días sola y bajo el cuidado de sus dos hijos.
Meses antes que la revolución de julio triunfará, por recomendaciones del ahora coronel Orlando Parajón, Benito y Annabella se prepararon para abandonar León, llevando consigo la fortuna que la madre de Annamarie y Orlando habían acumulado para ella en un baúl de la habitación que se encontraba enterrado debajo de la cama en donde se encontraba la bacinilla bañada en oro, y que Annabella solo había usado cuando tuvo los achaques de su primer embarazo.
En esos días, todo el país se encontraba en guerra y León era una de las primeras ciudades liberadas por los revolucionarios. Los leoneses se encontraban preparándose para la insurrección final hacia Managua, los rebeldes y gran parte del pueblo y su dirigencia se encontraba enardecida por el triunfo de León, y dispuestos a vencer o morir ante la tiranía somocista, León, como decían los laureados mancebos entre humo y fulgor, había sido abatido pero nunca vencido. "¡Viva León Jodido!", terminaban gritando los rebeldes dando disparos al aire. Y precisamente la noche en la que se disponían a huir de las masas enardecidas, un grupo de jóvenes guerrilleros los detuvieron subiendo con todo y maletas por el empedrado camino del callejón de la casona y ambos de inmediato fueron conducidos al paredón, y cuando estaban a punto de ser fusilados, el grito de una guerrillera detuvo el ajusticiamiento:
"Alto ahí, compañeros", "alto, detengan el ajusticiamiento". "Soy la comandante cero, una de las responsables del frente sur. ¿No se dan cuenta de que están a punto de cometer una equivocación? Este hombre y su mujer son inocentes y no tienen nada que ver con los crímenes del coronel Orlando Parajón, porque él y su mujer -les dijo señalándolos en la penumbra- han servido de correos del Frente mediante el oficio de sastre que sus padres Agustín Parajón y la Gregoriana Cortés, colaboradores históricos del Frente, le heredaron a su hijo menor y que ellos han tenido que continuar para contribuir con la causa sandinista.
Y de esa manera, nuestro frente interno compas ha obtenido información útil y necesarias que la misma burguesía les brindaba a ellos, terminó diciendo la mujer a grito partido y acercándose a las ardientes antorchas de ramas de ocote que los insurgentes enarbolaban y acompañada del comandante Pastora. Todos se quedaron mudos al ver la imponente figura que muchos terminaron asociándola con la desparecida Tamara Bunke o Tania la guerrillera, la mujer del mismísimo Che Guevara .
La voluptuosa mujer vestida de verde olivo, boina negra y cargando una M16 al hombro, impresionó profundamente al grupo de armados, los que de inmediato bajaron sus armas, mientras Benito y Annabella se quedaban asombrados y mudos al ver en persona a la olvidada Guadalupe Asunción Parajón Díaz con el pecho iluminado como una paloma blanca, hecha ahora una heroica comandante de la revolución, quien con el triunfo de la revolución sandinista regresó a la casona con su hijo mayor Roger Benito, hijo del sastrero, mientras Orlando Parajón, el guardia genocida más buscado en todo León y sus alrededores el propio 19 de julio de 1979, huyó a bordo de un avión privado rumbo a Miami, acompañado solamente de su deslumbrante hija María del Socorro, de su trastornada esposa Annamarie y de su vetusta hermana Esmeralda, la que cargaba un perrito pequinés, mientras su hijo Francisco se había quedado con su "melao de caña" -como le decía él ahora a su adorada teacher- en las costas de Poneloya como asesor del Gobierno de Reconstrucción Nacional-. Por su parte, Lucia y Jacinta, las novicias de la familia, se quedaron enclaustradas en un convento de Portugal hasta los últimos días de su gloriosa vocación, pues ambas se habían convertido en hermanas consagradas al convento de la virgen del Fátima y entregadas al ayuno y oración.
Por su parte, la Lupita, desde que regresó a la casona, hizo de la misma un enorme hotel de lujo que administró su hijo Roger Benito, y en la vieja biblioteca del cuarto del fondo hizo construir un segundo piso donde vivió ella hasta sus últimos días acompañada del espectro de Lillith, quien era en realidad una de las hijas abortadas por doña Gregoriana Cortés que furtivamente dicen había enterrado en una botella con formalina en la propia habitación de la biblioteca para que su infiel esposo Agustín nunca la dejara por otra. Cuentan que una mujer poetisa, esotérica y mujer de uno de los guerrilleros al frente de la revolución por aquellos tiempos, llegaba todos los jueves a visitarla para conectarse con Lillith, la primera mujer de Adán, y poder preguntarle por Sandino, el fundador del frente sandinista de liberación nacional y los dirigentes de la revolución .
El Hotel Las Pelonas hoy en día se encuentra desaparecido y en su lugar, se encuentra la misma casona en ruinas en donde el vate metafísico y pos-modernista Alfonso Cortés un día perdió la razón. La execrable casa está totalmente deteriorada y cubierta de maleza, con las verjas de entrada oxidadas y que al ser abiertas crujen sobre sus goznes como gatas en celo, y en cuyo interior existe una desjarretada y enhiesta puerta de entrada abierta de par en par. En la sala, una apolillada berlina con un estandarte de 1789 llena de murciélagos, una vetusta y polvorienta máquina de coser Singer en una esquina, una oxidada panoplia española caída en una mesa. En un cuarto, unos muebles rotos estilo Luis XIV, una renca y rota poltrona de cuero crudo podrido, unos libros petrificados con un búho disecado al fondo y un rancio traje de niña de terciopelo azul con unos patines colgados en una percha. En el patio de la casa se encuentra todavía el pozo atiborrado de tierra y vidrios y un viejo rotulo caído con unas letras que dicen ahora "Ayy Tiya…". El río chiquito es un pestilente cauce en donde la gente continúa echando los desperdicios, y las aves de rapiña y los perros callejeros e indigentes se alimentan y pasean por sus riberas.
El alfayete y su angustiada mujer el propio día de la huida de Somoza, conocido como "día de la alegría", o el 17 de julio de 1979, se encontraban en la estación del matadero IFAGAN en donde trabajó mi tío José, la tía Maruca y el esposo octogenario de mi tía Pina, ahí se encontraban ambos a punto de tomar el tren de las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana que venía de León y que hacía sonar su agudo silbato al llegar a la estación que se escuchaba en toda la Colonia Francisco Morazán y sus alrededores, en donde vivía yo con mis padres, y que además me hacía recordar el tema Tren del Cementerio de los Creedence Clear Water, que mi fanático vecino Manuel Estrada hacía sonar en su tocadiscos marca Sony todos los fines de semana.
Ahí, en ese lugar, los tórtolos se dirigían esa gélida madrugada al Aeropuerto Internacional Las Mercedes para salir del país, mientras yo en ese momento me encontraba emboscado con un grupo de manifestantes en la carretera de Linda Vista Sur por un foco de resistencia de la guardia nacional de Somoza que se encontraba tendida en el Centro Comercial Linda Vista, cerca de donde fue el cine Linda Vista, en el propio módulo de los pollos tip top. Dicen que eran los mismo que dominaron la cuesta del plomo por un largo tiempo en donde llevaban a asesinar a los estudiantes dejándolos tirados como perros en los montes, en donde permanecían ocultos hasta que la fetidez, los zopilotes y el olor penetrante de químicos de la desaparecida fábrica de químicos Penwalt se entremezclaba haciendo imposible poder respirar bien en esa zona.
La estación del ferrocarril a esa hora estaba llena de gente que venían transportando de los pueblos de occidente, venían mayormente vivanderas y campesinos, quienes llevaban sus canastos repleto de la más variada mercadería saqueada en los centros comerciales, transportaban desde vegetales, verduras, frutas, carnes y ropa, hasta cajas de cervezas, vinos, medicamentos y licores y utensilios domésticos de todas las marcas que los llevaban para sus casas y otros para ir a venderla al Mercado Oriental de Managua y Tipitapa.
Entonces, dicen las malas lenguas que en el preciso instante que el rutilante alfayete Roger Benito Parajón Cortés -vestido de traje azul marino, corbata blanca, chistera en mano, bastón con empuñadura de oro y unos forsheim azules- y la radiante señora Annabella Müller -vestida con un largo y elegante traje azul oscuro, un lazó en su áureo cabello, tacones altos y con maleta en mano- se disponían a abordar el pesado y viejo tren, una detonación salida de la penumbra cerca de la cantina Bonanza, acabó con la longeva existencia del alfayete. "Me pegaron, me pegaron, amor…". Annamarie, al verlo caer de bruces, se bajó del vagón angustiada gritando como una energúmena: "Mataron a mi viejo, mataron a mi esposo, auxilio, auxilio. Por favor, que alguien me ayude…", mientras la trifulca de pasajeros y vendedores que pasaban a su lado parecían no darse cuenta de lo ocurrido a su amado quijote.
Annabella gritó hasta al cansancio sin ser aparentemente escuchada por nadie, y al arrancar el tren -haciendo sonar su agudo silbato, que se escuchaba en toda la colonia y sus alrededores en donde vivía yo con mis padres y hermanos desde la fundación del mismo-, Annabella Rebeca Müller Kessel se quedó sola y sumergida en un silencio sepulcral, gimiendo de dolor por la pérdida de su hombre.
Ssolita a la orilla de los rieles, sollozando hasta el álgido amanecer, y sosteniendo entre sus brazos como una piadosa madre el lacerado y ensangrentado cuerpo del alfayete más cotizado y controversial de todo León y sus alrededores, transformado ahora en una momia ennegrecida; mientras ella recobraba con el bermejo amanecer, el brío y la juventud perdida al lado del único hombre-anciano-joven-momificado que conoció en todo el resto de su conservadora vida de anacoreta, penitencia y oración, la que terminó en León, al lado de sus hijos Marcel y Stefan, los hijos olvidados que habían regresado de Frankfurt a vivir con sus esposas al lado de su bella y hermosa madre berlinés, a la que siempre recordaron rezando tres veces al día el santo rosario.
Ende/fin. @mundiario