Han pasado ocho años desde que la franquicia comenzó; han pasado tres películas que marcan los orígenes y la especie de las películas; pero, finalmente, nos encontramos frente a la última película que tiene los rasgos de la primera etapa, mientras expone el nuevo camino que se tomará en las siguientes entregas.
Es 2009, Justin Lin continúa en la dirección de la nueva película en la que regresamos al clásico equipo protagonizado por Paul Walker, Vin Diesel, Michelle Rodriguez y Jordana Brewster; siendo la cuarta entrega de la saga, ubicada cronológicamente como la secuela de la segunda película 2 Fast 2 Furious (2003).
Sinopsis
Un asesinato obliga a Dom Toretto, un ex convicto huido, y al agente Brian O'Conner a volver a Los Ángeles donde su pelea se reaviva. Pero al tener que enfrentarse a un enemigo común, se ven obligados a formar una alianza incierta si quieren conseguir desbaratar sus planes.
Ambos van a la caza del narcotraficante mexicano Arturo Braga, buscado por la policía desde hace bastante tiempo. A Brian lo mueve la justicia social, mientras que a Toretto quiere vengar la muerte de Letty, por lo que, deberán infiltrase como corredores dentro de la organización destina a la venta de drogas y al blanqueo de dinero negro.
El inicio de una nueva era
A partir de esta entrega vemos el cambio que mencionamos en Reto Tokio, pues comenzamos a entender que la fórmula ha cambiado, el entretenimiento ha evolucionado, y ver películas de carreras ya no es rentable; enfocar la atención a los vehículos ya no será la opción principal, por lo que ahora la película explora nuevos rumbos.
Desde los primeros minutos tenemos acción con uno de los arranques más frenéticos de la saga, preparando al espectador para lo que sigue; asaltos a camiones, carreras de precisión que les llevarán fuera de sus propias fronteras, repercusiones sentimentales.
Comenzamos a entender que, a pesar de tener las maniobras más alocadas, cada acción tiene una consecuencia; entendemos que la vida que ha decidido llevar Toretto ha llevado a la muerte de su ser amado; el aislamiento de su libertad, y la ruptura de una hermandad; a pesar de que se muestre como un hombre indestructible, se está fragmentando en partes.
La última carrera callejera
Entramos a una etapa en el que los protagonistas ya no pueden solo correr por las calles para ganarse unas monedas, pues sus problemas van más allá, buscan salvarse la vida; sin embargo, no podemos dejar de lado los autos, por lo que tenemos una de las últimas secuencias de carreras callejeras en la saga.
Para entrar al equipo de Braga deben correr y demostrar que son dignos de trabajar con el traficante más importante de México; así, inicia una carrera que está lejos de lo que habíamos visto, pues no hay control vehícular; deben abrirse paso entre el tránsito mientras se enfocan en ganar, y el mínimo error puede ser mortal.
Pero no solo eso, vemos que la saga premia a los fanáticos, y nos intriga en la rivalidad entre O’Conner y Toretto detrás del volante, vemos cómo han aprendido de sus errores, pero también cómo logran salir victoriosos aunque sea con trampas,
Lo que destacamos de esta película
Si bien significa el final de las carreras, no dejaremos de tener autos, habrá persecuciones, pero carreras como las conocíamos ya no, por ello esta película tiene un gran valor para los fanáticos que crecieron con estas películas, pues deja detrás uno de los pilares de la franquicia.
Entendemos que estar detrás del volante significa poner la vida en riesgo, y aunque muchos odien las formas en las que los protagonistas salen vivos, hay una demostración del peligro que está en las calles, mientras se intensifican las escenas de acción.
Finalmente tenemos la introducción de dos personajes que formarán parte del equipo en futuras entregas; Rico Santos y Tego Leo, interpretados por nada más y nada menos que los aclamados músicos del género urbano Don Omar y Tego Calderón, respectivamente. @mundiario


