Por raro que parezca, el estreno de la Liga de las Supermascotas es otro lanzamiento del Universo DC y ha llegado este viernes a la gran pantalla. No solo trata de animales que hablan, sino que también es animación 3D, al contrario que las películas principales de la marca. Pero es DC, al fin y al cabo. Por eso, una vez más, hace pensar sobre las estrategias de Warner Bros Entertainment para ganarle la carrera a Marvel, o al menos igualarle en relevancia.
En 2008, con el primer largometraje de Iron Man, daba comienzo el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU). Desde entonces, el mundo de Hollywood ha tenido 14 años cargados de películas inspiradas en cómics de superhéroes.
Como es bien sabido, el gancho de este universo está en que, más allá de las sagas (como Iron Man 1, 2 y 3, o Spiderman Homecoming, Far from Home y No Way Home), hay un entramado en forma de red. Muchos superhéroes participan en otras sagas, además de las suyas propias. De esta manera, crean un vínculo evidente entre todas ellas, culminando en otra saga, llamada Avengers, cuya cuarta y última entrega es el segundo mayor taquillazo de la historia. Esta red narrativa ya existía en los cómics, pero llevarla al cine le da un carácter espectacular, por la cantidad de recursos y de presupuesto que manejan.
No siempre fue así. Marvel empezó sus incursiones en el cine haciendo películas sin relaciones mutuas de este tipo. En la primera década del milenio, Spiderman, Hulk, los X-Men y los 4 Fantásticos iban a su bola, con sus propias aventuras y un éxito en taquilla inestable. No es casualidad que para empezar el proyecto tan ambicioso del MCU en 2008, eligiesen a Iron Man. Pues para acoger en las mismas salas a los fans de los cómics y a los fans del cine de acción era necesario un superhéroe menos fantástico y más tecnológico, menos infantil y más elegante. Un empresario de enorme intelecto, pero también atlético, elocuente y que facilitase las escenas con explosiones. El éxito de la primera entrega tampoco fue tremendo, pero el efecto bola de nieve que provocó después sí lo fue.
DC, de la mano de Warner Bros Entertainment, no ha sabido encajar sus cómics en el cine de la misma manera. Al principio parecía que Batman Begins sería lo que Iron Man fue para Marvel. Y si las expectativas ya estaban altas, El Caballero Oscuro las subió todavía más de cara al próximo lanzamiento de Superman: El Hombre de Acero. Pero con la salida de esta película y las siguientes, se pudo ver que DC no tenía las cosas tan claras
Sus producciones se lanzan a menor velocidad que las de Marvel y su éxito en taquilla es notablemente inferior, incluyendo Justice League y Suicide Squad, sus sagas grupales. Esto puede deberse, en parte, a que el universo creado por Stan Lee ahora pertenece a Disney, el mayor titán cinematográfico de la actualidad. Pero, sobre todo, se debe a que la naturaleza de sus superhéroes no facilita su interrelación.
Batman y Superman siempre han sido los caballos de batalla de DC y eso en el cine se ha notado demasiado. Sus películas más taquilleras tienen que ver con uno o con otro y no parecen tener sustitutos a la altura, siendo Aquaman y Wonder Woman quienes más se acercan. En cambio, Marvel ha elevado al mismo nivel de fama a sagas más diversas: Iron Man, Captain America, Spiderman… El problema a la hora de vincular al murciélago con el súper hombre es que sus poderes son muy dispares. Bruce Wayne es pura tecnología y sus historias mezclan el thriller con la ciencia ficción, mientras que Clark Kent es tan sobrenatural que impulsa las historias al género de fantasía, con menos ciencia de por medio. El tono oscuro de las películas con Henry Cavill favorecen una estética que casa mejor con Batman, pero no parece ser suficiente.
La Liga de las Supermascotas, sin embargo, es un giro de tuerca inesperado. Hasta ahora se había visto a DC en segundo plano, al competir por el mismo público target de Marvel, que abarca desde niños a adultos jóvenes. Pero las mascotas van a tiro fijo hacia un público infantil, olvidando un poco a los hormonados adolescentes, muchos de los cuales se negarán a ver animales que hablan. Es decir, Warner Bros quiere aplicar más fuerza en un sector más concreto. En un principio, las dosis de humor, el buen diseño de su animación y el elenco de famosos en el doblaje debería impulsarle a un buen resultado en taquilla.
Al final, si uno se para a mirar los largometrajes de DC en los últimos años, descubre que ya hay una estrategia de diversificación en camino. Una de sus películas más aclamadas es Joker, que antes de pertenecer a cualquier universo de superhéroes, es un drama de suspense. Sin embargo, el nombre del villano aparece ahí, en grande, para recordar el sello DC.
La historia protagonizada por Joaquin Phoenix es justo lo contrario a las supermascotas. Serie, oscura... dedicada a un público cinéfilo y de mayor edad, que puede o no ser fan de los cómics, aunque también se base en uno de ellos. La jugada les salió bien, ya que el objetivo más ambicioso era situar al nuevo payaso a la altura de Heath Ledger en el imaginario popular, y lo consiguieron.
Warner no ha dejado de producir cine que compita directamente con Marvel, pero películas como esta Liga de Supermascotas y su historia introspectiva del Joker son estrategias que pueden dar fruto en un futuro. De momento, las mascotas están de estreno este viernes y prometen risas. Su éxito a nivel global solo se averiguará con el paso del tiempo. @mundiario


