Rafael Amargo en A Coruña: “A los 49 también se empieza de nuevo”

En Garufa, Amargo evocó a Chavela y habló de edad, memoria y una nueva etapa profesional.
Rafael Amargo con Sandra Calderón y Tania Suárez en Garufa. / M.M.
Rafael Amargo con Sandra Calderón y Tania Suárez en Garufa. / M.M.

En la Sala Garufa caben pocas cosas superfluas. El espacio obliga a sostener lo que se dice. Allí apareció Rafael Amargo junto a la cantaora gallega Sandra Calderón y la bailaora Tania Suárez, con ese formato que deja todo a la vista.

Antes de empezar “La Llorona”, habló. Sin introducción teatral. Sin buscar efecto. Se le notaba en un punto distinto al de otras etapas. Más centrado en lo que quiere explicar que en lo que quiere provocar.

Dijo que la vejez le impresiona. La imagen de una persona mayor esperando sentada le pesa. Habló de sus padres con una naturalidad que desmonta cualquier máscara pública: el padre que llama una y otra vez para recordar que hay que abrigarse. Ese detalle cotidiano trazaba el retrato completo.

Después llegó Chavela Vargas. La recordó en sus últimos años, con la fragilidad que trae el tiempo y con la fuerza intacta para decidir su propio final. Volver a México con 85 años y una maleta breve: un poncho rojo, una fotografía de Federico García Lorca, una distinción española. Lo imprescindible. El resto ya estaba vivido.

Al mencionar su propia edad, cuarenta y nueve, el paralelismo surgió de forma natural. Una etapa que se cierra. Otra que se abre. Ha terminado Psicología. Quiere dedicarse a la terapia. La salud mental aparece en su discurso como experiencia y como vocación. El baile sigue ahí, atravesándolo todo, pero la mirada se amplía.

En una sala pequeña se percibe la temperatura real de las palabras. Lo que se escuchó fue serenidad. También determinación. Ningún gesto de despedida. Tampoco voluntad de justificar nada. Más bien la sensación de alguien que ha decidido ordenar su vida con calma.

Cuando empezó “La Llorona”, la canción ya estaba cargada de sentido. En esa pieza cabe duelo, deseo, memoria, carácter. El verso del “chile verde, picante pero sabroso” flotó en el aire con cierta complicidad, como una forma sencilla de definirse.

La noche dejó algo más que una actuación. Dejó la imagen de un artista consciente del tiempo, dispuesto a transitar otra fase sin dramatizarla. La reinvención, en este caso, tuvo el tamaño de una conversación honesta compartida con el público.

Garufa ofreció el marco perfecto para escucharla. @mundiario

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