5 avances en diagnóstico y tratamiento del alzhéimer que se debatirán en el Congreso Afaco 2025

Nuevos avances en el diagnóstico precoz del alzhéimer llegarán al Congreso Nacional AFACO, que se celebra en A Coruña en noviembre.

La doctora Celia Pérez con la junta de AFACO. / M.M.
La doctora Celia Pérez con la junta de AFACO. / M.M.

El alzhéimer es una de las enfermedades más temidas y, a menudo, malentendidas de nuestro tiempo. Para millones de familias, es una realidad compleja y dolorosa. Sin embargo, el panorama científico está cambiando a una velocidad sin precedentes.

Para arrojar luz sobre estos avances, hemos recurrido a una voz experta, la Dra. Celia Pérez Sousa, neuróloga del CHUAC y presidenta del Comité Científico del Congreso AFACO.

Este artículo no repetirá lo que ya se sabe. En su lugar, destilará las claves más impactantes y esperanzadoras de su reciente entrevista, presentando un panorama que ella misma define como "ilusionante y exigente".

Prepárese para descubrir una nueva perspectiva sobre el diagnóstico, el tratamiento y la prevención del alzhéimer.

5 Revelaciones sobre el Alzhéimer 

1. El diagnóstico invisible: Se puede "ver" el alzhéimer 15 años antes del primer olvido

La gran revolución en el diagnóstico ha llegado de la mano de los biomarcadores. Piense en ellos como "huellas moleculares", unos indicadores biológicos que permiten a los especialistas detectar con certeza la presencia de la proteína amiloide en el cerebro, la sustancia que daña las neuronas en esta enfermedad. Lo más sorprendente es que esta detección es posible entre 10 y 15 años antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos, como la pérdida de memoria.

Esto cambia fundamentalmente nuestra definición de la enfermedad. El alzhéimer ya no es solo un conjunto de síntomas, sino una condición biológica detectable mucho antes de que se manifieste. Esta ventana de tiempo abre una puerta crucial para investigar tratamientos que puedan actuar antes de que el daño cerebral sea irreversible. Sin embargo, como matiza la Dra. Pérez Sousa, esto no significa ofrecer pruebas predictivas a personas sanas. El valor actual de esta tecnología reside en la investigación, planteando un horizonte de prevención que debe manejarse con una enorme responsabilidad ética y psicológica.

2. Los nuevos fármacos no son una cura, sino un freno de mano

Los fármacos más novedosos, como lecanemab y donanemab, son anticuerpos monoclonales. Su función es simple pero potente: están diseñados para atacar y eliminar la proteína amiloide, impidiendo que siga dañando las neuronas. Es fundamental entender lo que la Dra. Pérez Sousa enfatiza: estos medicamentos no revierten los síntomas que ya existen. No devuelven la memoria perdida. Su valor reside en que pueden frenar o ralentizar la progresión de la enfermedad, pero solo en pacientes muy específicos: aquellos con alzhéimer confirmado mediante biomarcadores y que se encuentren en fases leves de la enfermedad.

Además, no todo el mundo es candidato. Quedarán excluidos los pacientes con ciertas características genéticas —como los portadores dobles del alelo ApoE e4— o que tomen anticoagulantes. El tratamiento también requiere un seguimiento estricto con resonancias magnéticas periódicas para controlar posibles efectos secundarios. Aunque su llegada a España podría demorarse hasta finales de 2026, representan un avance sin precedentes.

Probablemente sean la primera generación de terapias modificadoras, y llegarán otras más seguras y eficaces.

Aunque no estemos ante una cura definitiva, este avance representa un "hito histórico". Por primera vez en la historia, contamos con tratamientos que pueden modificar el curso natural de la enfermedad, ofreciendo una esperanza tangible para ralentizar su avance.

3. La receta no farmacológica: Por qué tu estilo de vida sigue siendo tu mejor aliado

Más allá de la farmacología, la Dra. Pérez Sousa subraya el poder de tres pilares fundamentales del estilo de vida como factores protectores:

• Reserva cognitiva: mantener la mente activa a lo largo de la vida a través de la lectura, el aprendizaje de nuevas habilidades o los estudios.

• Salud vascular y física: controlar rigurosamente factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes o el colesterol, combinado con ejercicio físico regular y una dieta saludable.

• Vida social y sensorial: cultivar las relaciones sociales, tratar adecuadamente los problemas de audición o visión para no aislarse del entorno y combatir activamente la soledad y la depresión.

El mensaje es claro y empoderador. Incluso con la llegada de nuevos y prometedores fármacos, el control sobre nuestros hábitos diarios sigue siendo una de las herramientas más poderosas que tenemos. Además, las terapias no farmacológicas, diseñadas "a la carta" para cada persona, tienen un impacto enorme en la calidad de vida de quienes ya padecen la enfermedad.

4. La soledad como factor de riesgo: El cerebro necesita compañía

La doctora establece una conexión directa y alarmante: la soledad no deseada está vinculada a un mayor riesgo de desarrollar demencia. Sugiere que esta relación podría deberse a que la soledad a menudo va de la mano de otros factores de riesgo como la depresión, el sedentarismo o la adopción de hábitos poco saludables.

Este hallazgo amplía el campo de batalla contra el alzhéimer, llevándolo más allá de la consulta médica para convertirlo en un desafío de salud pública y de construcción comunitaria. Lo positivo es que se trata de un factor de riesgo modificable. Intervenciones como talleres que combinan ejercicio y estimulación cognitiva o actividades comunitarias, desde clases de baile hasta voluntariado, se demuestran eficaces para fortalecer los vínculos y el bienestar, protegiendo así nuestra salud cerebral.

5. El gran dilema actual: Esperanza y un reto pendiente

La neurología vive actualmente una dualidad. Por un lado, existe una enorme ilusión por la posibilidad real de frenar la enfermedad en sus fases iniciales. Por otro, emerge una profunda preocupación por no olvidar a los pacientes que se encuentran en fases avanzadas, quienes no podrán beneficiarse de estas nuevas terapias.

Ilusiona poder frenar la progresión de la enfermedad de alzhéimer: es un hito histórico. Pero preocupa que olvidemos a quienes están en fases avanzadas y no se beneficiarán de los nuevos fármacos.

Este momento histórico trae consigo una responsabilidad compartida. El avance es tan "ilusionante" como "exigente". Exigente porque, como señala la experta, los hospitales deberán adaptarse con nuevos espacios, protocolos de derivación ágil, acceso a resonancias y equipos multidisciplinares. Y exigente porque nos obliga a gestionar un complejo sistema de dos vías: una, centrada en la intervención biológica para pacientes en fase inicial; y otra, fundamental, enfocada en los cuidados integrales y la calidad de vida para quienes están en etapas avanzadas.

El gran reto es garantizar una atención equitativa, asegurando que nadie se quede atrás en esta nueva era de esperanza.

Mirando al Futuro

Estamos, sin lugar a dudas, en un punto de inflexión en la historia del alzhéimer. Con herramientas que permiten un diagnóstico precoz y terapias que por primera vez pueden cambiar el curso de la enfermedad, el paradigma está cambiando. Ya no hablamos solo de gestionar los síntomas, sino de intervenir en la biología misma de la enfermedad.

La ciencia ha abierto una nueva puerta, pero cruzarla requiere un esfuerzo colectivo. Con estos nuevos horizontes, ¿estamos preparados como sociedad para redefinir lo que significa vivir con alzhéimer y apoyar a quienes lo padecen en cada una de sus etapas? @mundiario

Comentarios