Pedro Sánchez convierte la reivindicación de la clase media en bandera del PSOE
En su discurso, se ha comprometido a derogar la reforma laboral cuando gobierne, del mismo modo que la ley del aborto que se propone sacar adelante Mariano Rajoy.
En su discurso, se ha comprometido a derogar la reforma laboral cuando gobierne, del mismo modo que la ley del aborto que se propone sacar adelante Mariano Rajoy.
El PSOE tiene claro que debe ser el partido de la izquierda y del centro progresista, lo cual encaja con la posición que abanderó en su día, con gran éxito, Felipe González. Su discurso está, de hecho, muy centrado. "Ya está bien de que siempre sea la clase media, la clase trabajadora, la que tenga que soportar la crisis", subrayó Pedro Sánchez, consciente de los males que tiene España en la actualidad, más o menos los mismos que antes de la crisis: falta de productividad, endeudamiento, concentración del poder en los sectores estratégicos, desmantelamiento industrial, escasez de empresas exportadoras, envejecimiento... Es ahí donde pretende centrar una alternativa económica que pueda recuperar el Estado de bienestar para todos los españoles. En su discurso también se ha comprometido a derogar la reforma laboral cuando gobierne, del mismo modo que la ley del aborto que se propone sacar adelante Mariano Rajoy.
El problema no está quizá en su definición, sino en cómo adapta Pedro Sánchez las renovadas posiciones del PSOE a un tiempo nuevo, en un país en crisis, sin alternativas conocidas. La España de hoy tiene poco que ver con la de los años 80 y, sobre todo, en el mapa político actual hay una fuerza que antes no existía: Podemos. Si bien “lo revolucionario es no caer en demagogias o populismos”, como dice el nuevo número dos del PSOE, César Luena, en una frase crítica hecha a la medida de Pablo Iglesias y de Podemos, se supone que el PSOE no es revolucionario, sino un partido reformista y de gobierno sobre cuya vuelta al poder existen muchas dudas a día de hoy.
Más allá del escenario político y de la posible rivalidad con Podemos, tampoco tiene el mismo nivel político este PSOE que el de Felipe González, aunque habrá que darle la oportunidad de demostrar su valía a algunos de los jóvenes incorporados por Pedro Sánchez a una ejecutiva controlada –en la sombra- por la andaluza Susana Díaz, quien no ha querido ser presidenta del partido, sino del nuevo consejo político federal, para asegurarse la definición de la estrategia territorial ante la convulsa situación de Cataluña.
El desmesurado interés de Pedro Sánchez por abrazarse a Patxi López, cuyo fracaso en las urnas en el País Vasco superó al de Pachi Vázquez en Galicia, o a Carme Chacón, una de las estrellas del finiquitado zapaterismo, no le llevará lejos. En cambio, sobre todo de cara al exterior, podrían venirle bien unas buenas fotos con Javier Solana y Felipe González. Tras la controvertida decisión adoptada ante la elección de Jean Claude Juncker, quizá lo tomen más en serio y se ubiquen mejor. Tanto en Bruselas como en Washington.
De entrada, Susana Díaz controla el aparato de Ferraz y apremia al PSOE a trabajar ya para ganar las municipales de 2015. Tal vez se le olvida que España no es solo Andalucía. @J_L_Gomez