Las elecciones de Cataluña dieron lugar a una intensa campaña de formas

Artur Mas ha conseguido eliminar del discurso los recortes, el déficit, el paro, la corrupción, es decir, los principales problemas de los ciudadanos, según datos del CIS.

Artur Mas.
Artur Mas.

Estas elecciones catalanas se estudiarán probablemente en los libros de texto, aparecerán en los manuales de los consultores políticos, pero difícilmente se podrá contextualizar tanto como para ser capaces de explicar este tsunami que afecta directamente a la política más esencial de España.

Por una parte, el fenómeno Mas se ha convertido en un personaje casi estrambótico para muchos, y un auténtico héroe para otros. No es un perfil de grises. O te gusta y lo sigues, o  directamente piensas que ni los estrategas más renombrados de la historia, conseguirían concentrar o polarizar tanto el debate en un sí o un no a España, eludiendo debatir sobre la realidad diaria de los catalanes

Si contextualizamos, ha conseguido eliminar del discurso los recortes, el déficit, el paro, la corrupción, es decir, los principales problemas de los ciudadanos, según datos del CIS. Increíblemente este tsunami se ha llevado por delante cualquier debate socioeconómico, para poner el foco en la imperiosa necesidad de que Cataluña “salga” de España.

Einsehower afirmó que "en política, las formas, son el fondo". Esta ha sido, sin duda, una campaña de formas 

Y por otra, la campaña ha sido más que nunca, una campaña de gestos, de imágenes, de formas. Banderas, himnos, fotos que quedarán para la historia, declaraciones de representantes europeos, recuperación de líderes franceses, debates de ministros con pseudocandidatos, brazos en alto, gritos al son de “yo soy español, español, español…”, ha habido de todo. Una campaña de mensaje corto, porque en el largo, nos perdimos todos, incluyendo a los propios candidatos. Que si "los catalanes son europeos, porque son españoles, y si dejan de ser españoles, no van a dejar de ser europeos", que sí lo harán, que "una cosa lleva a la otra" y así hasta un largo y hasta en ocasiones surrealista mensaje. Una campaña autonómica que abría todos los medios de comunicación españoles. Una campaña, donde se recuperó el espíritu de 1952, ahí cuando se fecha, el inicio del marketing político. Año en el que, por cierto, Einsenhower ya centró su campaña en 3 pilares que están más vigentes que nunca: la lucha contra la corrupción política, el fin de la guerra de Corea y la subversión que, según su opinión, suponía el comunismo.

No estoy diciendo que el discurso no haya sido bueno. Estoy diciendo que la sinfonía, con la que estaremos de acuerdo o no, ha sido armoniosa, pensada, acompasada por símbolos que impulsaban el foco del mensaje y en esta ocasión, le ha ganado al mensaje. Nos alejamos de la imagen clásica mitinera de los últimos tiempos, de los candidatos hablando desde un atril. Apenas han existido atriles, ni corbatas, ni plazas de toros. 

Independientemente del resultado, la campaña, en términos de imagen, ha dejado claro quiénes se han llevado la gloria, y quiénes han conseguido hacer una campaña más que mejorable. La expectativa de Ciudadanos se ha convertido en una realidad y el naranja inundó los titulares; la imagen presidenciable casi kennediana de Artur Mas, ha sido potenciada hasta el infinito; las intervenciones de Rajoy y el mensaje contradictorio y casi rocambolesco del Partido Popular, han terminado con cualquier posibilidad de su candidato. Iceta ha incrementado su grado de conocimiento gracias a un aplaudisímo baile que ha sido lo más viral de su campaña. Cataluña Sí que es Pot, no ha conseguido sus expectativas con su discurso tibio, y CUP consiguió posicionarse con el gran artífice del cambio. Veremos a partir de ahora, de cuál.

¿Qué pensarían Maquiavelo y Freud...?

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