El futuro escocés seguirá necesitando de la construcción periódica de consensos
Un reférendum de salida del Reino Unido de la UE, hacia 2016, podría provocar la reactivación del proyecto independentista, teniendo en cuenta el europeísmo de la mayoría de la población escocesa.
Nuestro colaborador, Xoan Antón Pérez Lema, cierra desde Escocia este conjunto de crónicas enviadas desde el miércoles como Cartas Caledonias. Señala que la dimisión del primer ministro, el escocés Salmond, será cubierta desde el continuismo por la viceprimera ministra Nicola Stugeon y advierte del rearme independentista (sólidamente instalado en más de un 40% del censo electoral) si antes de las elecciones generales británicas de mayo 2015 no se amplía sustancialmente la autonomía escocesa cumpliendo las promesas realizadas "in extremis" por los partidos unionistas. Un reférendum de salida del Reino Unido de la UE, hacia 2016, podría provocar la reactivación del proyecto independentista, teniendo en cuenta el europeísmo de la mayoría de la población escocesa.
El 55% de los escoceses votaron no a la independencia y el 45% a favor. La participación fue de un 84,5% sobre los electores registrados. Los números son suficientemente expresivos como para concluir que Escocia quiere seguir en el Reino Unido muchos años. Pero...
Pero el first minister dimisionario Alec Salmond y la campaña pro independencia hicieron crecer el número de sus partidarios de un 30 a un 45% y votar yes a un 71% de la gente joven, mientras rechazaban la independencia el 73% de los mayores de 65 años. Los sectores más populares apostaron también por la independencia (miremos a Glasgow, con un 54% a favor), junto con los verdes, el mundo de las organizaciones solidarias y los empresarios más dinámicos e innovadores.
Serviría ésto para cerrar la cuestión 15 o 20 años. Pero los tres partidos británicos mayoritarios, para evitar que el voto afirmativo ganara, prometieron una mejora sustancial de los poderes fiscales, presupuestarios y de protección social del Gobierno escocés. Y ahora el líder laborista, Ed Miliband, por razones de interés partidista, pretexta que no es el momento adecuado, mientras varios diputados conservadores rechazan esta propuesta de ampliación competencial, acaso "hartos de que 5 millones de escoceses determinen el futuro de 52 millones de ingleses". Westminster, tenemos un problema.
Porque si esta ampliación del autogobierno escocés no se aprueba en lo que queda de la legislatura del Parlamento británico (hasta el próximo mayo) las bases del SNP, el partido nacional escocés y de sus aliados de la campaña Yes Scotland denunciarán que los unionistas ganaron con trucos y falsedades el referéndum. Por otra parte, la posible convocatoria en el 2016 de un referéndum para la salida del Reino Unido de la Unión Europea sería otra ocasión para poner de manifiesto un proyecto político distinto para Escocia, reivindicando su permanencia en la UE y, por tanto, cuestionando su adhesión al Reino Unido.
Sin embargo, Salmond ha dimitido, por lo que esta acción futura va a liderarla, con casi total probabilidad, desde noviembre una nueva primera ministra escocesa y líder del SNP, Nicola Stugeon. Lo cierto es que poca gente en su partido, que obtuvo mayoría absoluta en las elecciones al Parlamento escocés del 2011, cuestiona el proyecto de Salmond de hacer transversal el proyecto del Yes Scotland, que incluso fue apoyado por la mayoría de los residentes nacidos fuera del Reino Unido.
El futuro escocés, como el europeo en general, seguirá necesitando de la construcción periódica de consensos y de la superación del cortoplacismo que, por ahora, parece haberse instalado en Westminster sin que hayan aprendido las lecciones de este referéndum.