Meg Ryan estrena su segundo largometraje como directora (el primero fue Ithaca en 2015) y nos ofrece una comedia romántica en la que los antiguos amantes Willa y Bill se reencuentran en un aeropuerto por primera vez desde que se separaran décadas antes.
La crítica ha dicho de ella: "más que una comedia romántica es un drama cómico", "está abocada a un rápido olvido", "los resultados son más bien mediocres", "no está a la altura de otras comedias románticas de Ryan, pero es entrañable".