Crítica a la nueva versión de The Office Australia ¿Vale la pena verla?

La popular serie The Office tiene ahora una nueva adaptación en tierras australianas. ¿Logrará conquistar a los fanáticos o se quedará a medio gas?
The Office: Australia, teaser. / Prime Video
photo_camera The Office: Australia, teaser. / Prime Video

Apenas una década después de que la serie original cerrara sus puertas y los fans se despidieran de Michael, Dwight, Jim y Pam, The Office ha vuelto a la pantalla. Esta vez, bajo una adaptación australiana que intenta llevar el humor de la icónica serie a un contexto diferente. The Office: Australia.

Creada por Jackie van Beek, Jesse Griffin y Christiaan Van Vuuren, nos sitúa en una sucursal de Flinley Craddick, una empresa especializada en la fabricación de envases. Sin embargo, lo que al principio parece una mera traslación geográfica de la famosa oficina de Dunder Mifflin pronto revela algunas sorpresas.

La premisa es clara: la jefa de sucursal, Hannah Howard (interpretada por Felicity Ward), trata de salvar la oficina del cierre y, para ello, obliga a los empleados a regresar al trabajo presencial, después de haber disfrutado de la flexibilidad del teletrabajo. En ese proceso, se desencadenan una serie de situaciones que intentan reproducir el humor de la versión estadounidense.

Aquí es donde la serie encuentra su mayor obstáculo. Aunque no es una mala adaptación, en ocasiones el humor se siente algo forzado, como si los guionistas estuvieran demasiado preocupados por mantener la fórmula que hizo triunfar a la serie original. En algunos momentos, las bromas que en la versión estadounidense resultaban ingeniosas, en The Office: Australia se perciben algo sosas y previsibles.

Personajes nuevos, pero con reminiscencias

Uno de los aciertos de esta nueva versión es que no cae en el error de replicar a todos los personajes. De hecho, solo cuatro personajes tienen un claro paralelismo con sus homólogos de la serie americana, mientras que el resto han sido reformulados o son completamente nuevos. Esta decisión permite que la serie introduzca nuevas dinámicas y enfoques, aunque en algunas ocasiones es inevitable la comparación. Lizze Moyle (Edith Poor) es, por ejemplo, una clara heredera de Dwight Schrute, aunque su caracterización no alcanza las cotas de extravagancia del personaje de Rainn Wilson.

Por otro lado, los personajes que no tienen un referente directo en la serie estadounidense aportan un soplo de aire fresco a la narrativa. Los guionistas han sabido jugar bien esta carta, especialmente al abordar temas actuales que no tuvieron cabida en las versiones previas, como el trabajo desde casa o la diversidad e identidad de género. Estos elementos, que en un principio parecen secundarios, logran captar el interés del espectador y hacer que la serie se sienta más contemporánea.

Aunque no alcanza el nivel del mítico Michael Scott de Steve Carell, Felicity Ward como Hannah Howard es, sin duda, uno de los puntos fuertes de la serie. Su interpretación de una jefa desesperada por caer bien, pero que al mismo tiempo es despreciada por sus empleados, es uno de los motores cómicos de la historia. Ward logra transmitir esa incomodidad constante, ese esfuerzo por encajar que resulta más bien contraproducente, y es en sus escenas donde se genera la mayor parte de las risas.

Con solo ocho episodios, The Office: Australia consigue entretener y, en más de una ocasión, hacer reír. The Office: Australia es una adaptación digna que, aunque no llega a alcanzar la genialidad de la versión estadounidense. @mundiario