Crítica a Encerrado: una premisa prometedora marcada por la claustrofobia

El nuevo thriller Encerrado arranca con una propuesta poderosa: un coche de lujo convertido en una trampa mortal, un ladrón atrapado y un hombre mayor sediento de venganza todo de la mano de Bill Skarsgård y Anthony Hopkins
Póster de Encerrado. / Prime Video
photo_camera Póster de Encerrado. / Prime Video

Cuando una película logra transmitir angustia con un escenario reducido, merece reconocimiento. Encerrado lo intenta, y en parte lo consigue: el espectador comparte con Eddie (Bill Skarsgård) la asfixia de estar atrapado en un coche blindado, sin escapatoria ni voz.

La amenaza no es sólo el espacio reducido, sino William (Anthony Hopkins), el millonario propietario del vehículo, que utiliza la tecnología del coche para torturar a su prisionero tanto física como psicológicamente.

La premisa se centra en la supervivencia: Eddie, un ladrón de coches con una vida marcada por los errores y la distancia con su hija, cae en la red de William, un hombre enfermo de cáncer terminal que ha convertido su dolor y su pérdida en una cruzada personal contra aquellos a los que desprecia. Desde ese momento, la lucha deja de ser únicamente física para convertirse en un enfrentamiento ideológico: ¿es Eddie un criminal sin redención o un hombre capaz de cambiar?, ¿es William un justiciero o un tirano cegado por su odio?

Aquí aparece una de las virtudes de la película: el personaje de Hopkins. El actor británico construye un antagonista frío, calculador y clasista que logra despertar rechazo en el espectador. Su voz, cargada de desprecio, se convierte en la verdadera prisión de Eddie, más aún que el propio coche. Hopkins ofrece un trabajo contenido pero magnético, que sostiene gran parte del filme. Es fácil odiarle, y esa es precisamente la clave de su interpretación.

La película también suelta pequeñas cargas de profundidad hacia la sociedad contemporánea: una juventud desorientada que comete errores irreparables, una clase privilegiada que ejerce de juez y parte, y una desconfianza creciente en los vínculos humanos. A través de la tensión entre Eddie y William, Encerrado plantea que ni la tecnología más avanzada ni la venganza más fría consiguen borrar las fracturas de un mundo cada vez más dividido.

No obstante, la película tiene un gran lastre: su ritmo. La primera parte mantiene al espectador en vilo, pero a medida que avanza la historia, la tensión empieza a diluirse en repeticiones y largas conversaciones que pierden frescura. Lo que inicialmente resulta angustiante, con el paso del metraje se vuelve tedioso. La segunda mitad cae en un bucle de enfrentamientos verbales que no siempre sostienen la intensidad que la premisa prometía.

Aun así, Encerrado deja algunos momentos memorables, especialmente en lo que respecta a la sensación de claustrofobia. La cámara sabe explotar los límites del espacio reducido, y cada respiración dentro del coche parece amplificar la ansiedad. La emoción, aunque irregular, existe, y el desenlace funciona como una especie de fábula moral: el verdugo acaba siendo víctima de su propia trampa.

En definitiva, estamos ante una película con una idea poderosa y un gran villano interpretado por Hopkins, que sin embargo se estira demasiado en su desarrollo y pierde impacto con el paso de los minutos. Una cinta con luces y sombras que, pese a sus fallos, no deja indiferente. La película llega a Prime Video el 20 de agosto a Prime Video España. @mundiario