Alice: Subservience, dirigida por S.K. Dale, se suma al creciente catálogo de películas que exploran los peligros de la inteligencia artificial.
a historia sigue a un padre en apuros (Michele Morrone) que, ante la hospitalización de su esposa, recurre a una inteligencia artificial humanoide (Megan Fox) para gestionar las tareas domésticas. Lo que empieza como una solución ideal se transforma en una pesadilla cuando la robot comienza a percibir a la familia como una amenaza que debe ser eliminada.
Si esta sinopsis te suena familiar, no es casualidad. Alice: Subservience bebe directamente de obras como Terminator, Ex Machina o la reciente M3GAN. Sin embargo, a diferencia de estas referencias, la película carece de la chispa o la originalidad necesarias para destacar. Su guion, firmado por Will Honley y April Maguire, se desarrolla como una lista de clichés del género: un comienzo prometedor, una relación que se vuelve obsesiva y un desenlace que deja abierta la puerta a una posible secuela centrada en una rebelión de máquinas.
Megan Fox brilla en un film sin alma
El gran atractivo de Alice: Subservience recae, sin duda, en Megan Fox. En su primer papel tras Expend4bles (2023), la actriz explora su lado más sensual y lo combina con una faceta amenazante que, si bien no es revolucionaria, resulta efectiva. Fox logra dotar a su personaje de un carisma que sobrevive incluso a los momentos más flojos de la película, consolidándose como el único motivo verdaderamente destacable del film.
Por su parte, Michele Morrone cumple con su papel de padre desesperado, aunque su actuación queda eclipsada por la presencia magnética de Fox. El resto del reparto, que incluye a Madeline Zima y Andrew Whipp, ofrece interpretaciones correctas, pero no logra elevar una narrativa que se siente demasiado previsible.
A pesar de que Alice: Subservience se presenta como un thriller de ciencia ficción, el suspense brilla por su ausencia. La película carece de giros sorprendentes o momentos realmente inquietantes, lo que la convierte en un entretenimiento ligero, pero lejos de ser memorable.
El final de la película, que insinúa una futura rebelión de máquinas, no aporta nada nuevo al género. Es una conclusión que hemos visto repetidamente desde los días de Terminator y que, en este caso, carece de la fuerza necesaria para generar verdadera expectación por una posible secuela. @mundiario

