Secreto del río: la exploración del machismo y homofobia en México

La nueva serie mexicana de Netflix explora el bullying y las violencias familiares que las infancias LGBT enfrentan.
El secreto del río. / Netflix
photo_camera El secreto del río. / Netflix

Secreto del río se mantiene como la serie más vista ahorita en Netflix, y eso no es un extrañeza, porque la clave está en un retrato puro de las infancias.

Esta serie sigue a Manuel, un niño que llega de visita al pueblo de su abuela, y a Erik, quien es obligado a convivir con Manuel; aunque pronto comienza a formarse una verdadera amistad, que enfrentará el bullying y la discriminación conforme Manuel se identifica con los hábitos femeninos; lo que de una u otra forma lleva a la muerte del tío de Erik y entonces juntos deben guardar el secreto.

Crítica de Secreto del río

Más allá de hacer un resumen de la temporada, lo que sobresale son los primeros cuatro episodios enfocados en los niños. La serie muestra la pureza del alma infantil, y como Erik no es que juzgue a Manuel por sí mismo, sino que todo viene por la influencia del papá; y ese ambiente machista homofóbico es el mismo que se ve en el pueblo.

De ahí viene un retrato genuino del bullying y la violencia familiar; agresiones que impactan aún más cuando el padre de Erik le dice "prefiero un hijo muerto que uno joto".

Y de hecho la serie buscó Frida Sofía Cruz, actriz que vimos en El último vagón, para dar vida a Manuel con el fin de demostrar más esta cercanía a lo femenino, y la manera en que eso se va mezclando con la cultura Muxe es algo muy hermoso.

La homofobia mexicana

A su vez eso juega con el imaginario de los recientes casos donde padres de familia decían que las drags no debían leerle a sus hijos porque los iban a influenciar; y la serie juega con eso, y deja en claro que la orientación sexual no tiene nada que ver, y esa dualidad entre Solange y el papá de Erik es la imagen mś cruda de la hipocresía de la sociedad.

Esta es una serie que llega al alma, que expone para bien y mal la cultura y sociedad mexicanas, y con la que personalmente me pude identificar en como construyeron los desafíos de ser un infante no heterosexual en una sociedad homofóbica.

La parte adulta me parece de más dramatizada, pero eso no hace que la serie deje de ser extraoirdinaria, y tenemos absoluto reconocimiento a Alejandro Zuno, quien también dirigio Tengo que morir todas las noches, y cuyo activismo LGBT se ve reflejado de manera preciosa en sus producciones mostrando problemáticas sociales y la represión que la comunidad ha enfrentado a lo largo de la historia; y a eso le suma que son series que rompen con todo tipo de clichés y dan un contenido con demasiado valor para el espectador. @mundiario