Niños de plomo es la mejor serie que verás. Esta nueva miniserie de Netflix nos lleva a Polonia, donde en la década de los 70s una médica se da cuenta de que en una pequeña localidad hay más niños enfermos que en otras zonas, descubriendo que la industria estaba contaminando el aire, el agua y el suelo acabando silenciosamente con los niños locales.
La cosa es que Jolanta, la protagonista de la serie, se enfrenta a un sistema que busca acallarla, y desafiar una sistema socialista conlleva el acecho de sus ciudadanos, el declive familiar y la interrogante del porqué vale la pena luchar por una causa.
La serie solo tiene seis capítulos, así que no pierde tiempo y te mete de lleno al meollo del asunto, porque sí, la enfermedad es la protagonista absoluta desafiar esta serie, ya que aquí tenemos a una médica que lo único que busca es justicia no reconocimiento personal. Es eso lo que despierta una empatía nata por el personaje, porque lo sufre, pero el espíritu se torna inquebrantable en algún punto.
Impacto de Niños de plomo
Hay una estética precisa que ayuda a construir la atmósfera, un ambiente sin color que parece aludir a las zonas industriales y donde todo se limita al trabajo y la política; y donde el papel de la mujer adquiere mayor dimensión cuando son ellas las que luchan por el bienestar de sus familias, algo común en nuestro día a día, y que guiadas por Jolanta aprenden a ser solidarias entre sí para apelar por un mejor futuro.
Las actuaciones, el guion, la dirección, todo está en el lugar justo para hacerte enojar, tensionar y emocionar en medio de un relato que cuenta uno de los momentos cruciales de Polonia, y que pese a ser ligeramente más exagerado que el caso real, sigue mostrando respeto por quienes protagonizaron la historia.
Niños de plomo nos recuerda a Erin Brockovichk, mujeres incansables que deseaban desafiar al sistema para marcar la diferencia y apoyar a quienes incluso ignoraban que necesitaban ayuda. @mundiario
