El final de Squid Game es tan trágico como esperanzador, y en caso de que no la hayas visto, te advertimos que hay spoilers. En los últimos momentos de la serie, Gi-hun (Lee Jung-jae) se sacrifica para asegurar el futuro de la hija recién nacida de Jun-hee (Jo Yu-ri) y Myung-gi (Yim Si-wan), jugadores 222 y 333. Tras su muerte, el enigmático Front Man (Lee Byung-hun) toma a la niña bajo su protección y le entrega los 45.6 mil millones de wones como única heredera del juego mortal.
En una entrevista con Variety, el creador Hwang Dong-hyuk confesó que este desenlace fue una decisión de último momento:
“Tenía otra idea en mente cuando empecé a escribir las temporadas 2 y 3. Pero a medida que desarrollaba a Gi-hun y su arco emocional, me di cuenta de que debía hacer una elección completamente opuesta. Fue un cambio drástico, pero necesario. Esta es la mejor versión del final.”
¿Un cierre que redime?
El desenlace refleja el choque de filosofías entre Gi-hun y el Front Man, un conflicto que comenzó en la segunda temporada cuando este último participó como jugador encubierto para probar que la humanidad es inherentemente egoísta.
Uno de los momentos más emotivos del final es una visión en la que aparece Sae-byeok (HoYeon Jung), recordando a Gi-hun que “no es ese tipo de persona”. Esta frase ya había sido fundamental en la temporada 1 cuando lo disuadió de asesinar a Sang-woo mientras dormía. Según Hwang:
“Esa línea sencilla es lo que conecta su conciencia con su humanidad. Esas palabras son la única arma que puede detener el cuchillo". @mundiario
