La semilla de la higuera sagrada, el thriller iraní que sacude conciencias y desafía al régimen Iraní

Rodada en secreto, premiada en Cannes y San Sebastián, y filmada en plena represión iraní, esta cinta firmada por Mohammad Rasoulof es un acto de valentía política
Póster de La semilla de la higuera sagrada. / Movistar Plus+
photo_camera Póster de La semilla de la higuera sagrada. / Movistar Plus+

No es solo una película. La semilla de la higuera sagrada es una denuncia disfrazada de thriller, un grito sofocado que atraviesa fronteras y se cuela, con sigilo y precisión, en el seno de una familia iraní para mostrar la violencia estructural de un régimen que castiga el pensamiento libre.

Su autor, Mohammad Rasoulof, no lo tuvo fácil: perseguido por su cine, condenado a ocho años de prisión y a decenas de latigazos, tuvo que huir a pie por las montañas para evitar la cárcel. Hoy, exiliado en Alemania, ha logrado que su última película sea candidata a representar a ese país en los próximos Premios Oscar.

Estrenada en el Festival de Cannes 2024, donde se alzó con el Premio Especial del Jurado y el Premio FIPRESCI, y reconocida con el Premio del Público en el Festival de San Sebastián, la película llega ahora al público a través de las plataformas, tras un recorrido internacional marcado por la valentía de su realización y la crudeza de su contenido. Desde el pasado jueves 8, puede verse en Movistar Plus+.

La historia se sitúa en Teherán durante el otoño de 2022, en plena ola de protestas por la muerte de Mahsa Amini, la joven detenida por la policía moral iraní por no llevar bien el velo. Es el punto de inflexión del movimiento Mujer, vida, libertad, que agita los cimientos del país. En este contexto, Rasoulof sitúa a Iman, un abogado del sistema judicial iraní a punto de convertirse en juez de instrucción, cuya vida empieza a resquebrajarse desde dentro.

Cuando desaparece la pistola que el gobierno le ha entregado para su protección, Iman se hunde en un estado de paranoia. Sospecha de su esposa y de sus dos hijas adolescentes. La tensión se dispara. La casa, antes espacio de refugio, se convierte en un campo de batalla. Mientras tanto, en las calles, las manifestaciones crecen. Rasoulof intercala imágenes reales de las protestas, en un gesto casi suicida si se considera que el filme fue rodado en Irán sin el conocimiento de las autoridades.

Como ocurrió con Viridiana, la mítica película de Buñuel rodada en la España franquista, la cinta de Rasoulof se cuela por las grietas del sistema. Solo que en este caso, las consecuencias han sido mucho más dramáticas: el exilio, la cárcel, la tortura. Pero también, como entonces, el cine ha hablado, y lo ha hecho alto y claro. @mundiario