The Last of Us, temporada 2: esto fue lo que nos dejó el primer capítulo

Bella Ramsey regresa en un papel más complejo y conflictivo, mientras el primer capítulo marca un nuevo ritmo, repleto de tensión, traumas no resueltos y una amenaza inminente
Fotograma de la segunda temporada de The Last of Us. / RR SS
photo_camera Fotograma de la segunda temporada de The Last of Us. / RR SS

Ha comenzado la esperada segunda temporada de The Last of Us y lo ha hecho con un episodio inaugural que no solo establece una narrativa más ambiciosa, sino que también deja claro que lo que está por venir será más duro, más emocional y más incómodo de ver que nunca. El primer capítulo arranca con una mezcla de acción, introspección y tensión psicológica, dando un nuevo giro a los personajes que creíamos conocer.

Cinco años han pasado desde que Joel (Pedro Pascal) decidiera mentir a Ellie (Bella Ramsey) tras salvarla de ser sacrificada por las Luciérnagas en busca de una cura. Ahora ambos intentan construir una vida en la comunidad de Jackson, un refugio que aparenta paz pero que esconde conflictos latentes y heridas que no terminan de cerrar. La serie salta hacia adelante en el tiempo, pero el pasado es una sombra que no deja de crecer.

Lo primero que sorprende del episodio es el cambio de tono: ya no estamos en esa atmósfera desesperanzada del inicio de la serie, sino en un entorno más organizado, casi civilizado. Sin embargo, esa apariencia de estabilidad no tarda en resquebrajarse. Ellie, ahora con 19 años, trabaja en las patrullas de seguridad del refugio, aunque mantiene oculta su inmunidad. Es imprudente, arisca y visiblemente molesta, especialmente con Joel. El personaje de Bella Ramsey, que ya fue polémico en la primera temporada, vuelve con una carga emocional aún mayor… y sí, no se puede negar que su actitud resulta irritante por momentos. Pero quizá ahí reside parte del mérito: Ellie no está aquí para gustar, sino para mostrar lo incómodo de crecer en un mundo roto.

La aparición de Dina (Isabela Merced) aporta una nueva dimensión a Ellie. Su amistad (y algo más) se convierte en uno de los puntos clave del episodio. Su beso en la pista de baile durante la celebración de Año Nuevo desata una serie de tensiones que se ven rematadas con una explosión de violencia protagonizada por Joel. La química entre Ellie y Dina es prometedora, aunque aún se percibe una cierta contención narrativa, como si la serie se guardara lo más potente para más adelante.

Por su parte, Joel trata de lidiar con su culpa en sesiones de terapia con una nueva y misteriosa psicoterapeuta, Gail (interpretada por Catherine O’Hara), quien le revela que sabe que mató a su marido, Eugene. Este detalle no solo añade una subtrama intrigante, sino que lanza una advertencia: nada en esta temporada será lo que parece. Joel, siempre hermético y protector, comienza a desmoronarse de manera más evidente, y Pedro Pascal lo interpreta con una contención brutal.

Pero la verdadera amenaza viene desde fuera. El episodio nos presenta a Abby (Kaitlyn Dever), uno de los personajes más complejos del videojuego The Last of Us Part II, cuya llegada promete cambiarlo todo. Con sed de venganza tras la muerte de su padre (uno de los médicos asesinados por Joel en el hospital), Abby está dispuesta a hacer lo que sea para encontrarlo y matarlo. Su aparición final en el capítulo, a punto de llegar a Jackson, es un presagio inquietante. El espectador sabe que se avecina una tormenta, y eso es lo que hace que este inicio funcione tan bien.

¿Se ve prometedora?

Un detalle que no pasa desapercibido es la manera en que la serie se distancia del videojuego, introduciendo personajes como Gail o desarrollando de forma más pausada las relaciones secundarias, como la de Jesse (Young Mazino), líder de la patrulla de Ellie y pareja de Dina. Estos matices enriquecen la trama y permiten que el universo de The Last of Us crezca más allá del material original.

No es solo una serie sobre zombis ni sobre el apocalipsis. Es una historia sobre culpa, duelo, amor y destrucción. Y este primer episodio lo deja bien claro: el dolor no ha terminado, apenas está empezando. @mundiario