La nueva serie de Leticia Dolera, Pubertat, ambienta su trama en una colla castellera catalana para amplificar el conflicto central: una denuncia de agresión sexual entre adolescentes que sacude los cimientos de esa comunidad. La elección de este mundo tradicional no es anecdótica: actúa como metáfora de confianza, jerarquía y responsabilidad colectiva.
Dolera explicó en una entrevista con La Vanguardia que los castells representan el tipo de convivencia que quería abordar en la serie: estructuras humanas en las que cada integrante confía en el otro, porque si falla algún eslabón, todo puede colapsar. La imagen del castell se convierte en la metáfora de la fragilidad y la fuerza que conviven en la serie.
Esta historia inicia su conflicto cuando una chica denuncia haber sido agredida sexualmente durante la víspera de Sant Joan por tres compañeros adolescentes de la misma colla. La acusación enfrenta no solo a los jóvenes implicados, sino también a padres, líderes de la colla y vecinos, cuestionando las bases de la convivencia.
Es así como la cultura de los castells, símbolo de orgullo y tradición catalana, se pone a prueba frente a temas como la violencia sexual entre menores, el acceso a redes sociales y la herencia psicológica entre generaciones. En declaraciones a Cadena SER, Dolera afirmó que no busca estigmatizar la tradición, sino aprovechar su carga simbólica como espacio de cooperación, conflicto y cambio. Además, expresó su deseo de que Pubertat se convierta en una herramienta educativa en institutos para abrir debates sobre consentimiento y responsabilidad.
Betsy Túrnez, integrante del reparto, señaló en Vogue España que su personaje, Estel, es una mujer con discursos feministas que debe confrontar sus contradicciones cuando su hijo resulta implicado en la denuncia. Estos arcos dramáticos refuerzan el núcleo moral de la trama.
Lo que está por verse
La serie plantea la tensión entre el simbolismo de los castells y la narración íntima de los personajes. También abre la pregunta sobre cuánto espacio se dará a las voces de los adolescentes frente a las de los adultos, y si logrará trascender el contexto catalán para convertirse en un espejo universal de debates sobre pubertad, poder y silencio.
Pubertat no solo plantea una denuncia dentro de una tradición cultural; pide que las estructuras colectivas revisen sus cimientos. En ese terreno, los castells ya no son solo torres humanas: son la fortaleza narrativa que sostiene y pone a prueba a cada personaje. @mundiario


