Crítica a Mujeres con hombreras: una serie que visualmente atrapa, pero…

La serie de Adult Swim, primera producción en español del canal, ha llegado envuelta en expectación por su estética colorida y su evidente influencia de Pedro Almodóvar. Con un estilo visual inconfundible, personajes excesivos y un aire de melodrama con tintes latinos...
Póster de Mujeres con hombreras. / RR SS
photo_camera Póster de Mujeres con hombreras. / RR SS

Mujeres con hombreras parecía tener todos los ingredientes para convertirse en un fenómeno de culto. Sin embargo, su fórmula ha dejado sensaciones encontradas, sobre todo por la manera en que se ha lanzado y desarrollado.

Desde el principio, una de las decisiones más cuestionables ha sido la de estrenar un episodio por semana. La serie, de apenas ocho capítulos, bien podría haberse lanzado completa para permitir el binge watching. Su trama, enrevesada y llena de giros extravagantes, pierde intensidad al dilatarse en el tiempo. Ese ritmo semanal provoca que el interés fluctúe y que la fuerza inicial se diluya antes de alcanzar el clímax.

En lo narrativo, el planteamiento es tan audaz como caótico. Marioneta Negocios, una empresaria española empeñada en transformar a los cuyes de Ecuador en mascotas de lujo, es el eje de una historia que mezcla maternidad, poder y deseo con un misterio que nunca termina de convencer. Su asistente Coquita, presentada como hija adoptiva y casi como marioneta de su propia jefa, abre una subtrama en la que su destino trágico carece de la lógica necesaria para sostenerse. La motivación detrás del intento de asesinato hacia ella se percibe débil, casi arbitraria, como si los guionistas hubiesen buscado un shock narrativo más que una evolución coherente.

Tampoco el romance entre Marioneta y la Carnicera —su gran rival, Doña Quispe— logra definirse con claridad. Es una relación planteada como un choque de fuerzas, pero sin una construcción emocional que la respalde. Lo mismo ocurre con el vínculo entre Marioneta y Espada, personaje que tenía todo el potencial para explorar con mayor profundidad el conflicto entre pasión y lealtad, pero que acaba reducido a episodios dispersos y poco desarrollados.

Aun con sus flaquezas, la serie brilla por su estilo. Los guiños a Almodóvar son evidentes: colores saturados, encuadres imposibles, diálogos melodramáticos y un universo poblado de mujeres intensas, contradictorias y desbordadas. Ese aire kitsch, entre lo grotesco y lo sublime, convierte cada escena en un ejercicio estético único. El trabajo visual y sonoro es lo que sostiene la propuesta cuando la narrativa se tambalea, y es aquí donde Mujeres con hombreras encuentra su verdadera personalidad.

Quizá lo más especial de la serie sea esa capacidad para trasladar el exceso a un contexto latinoamericano, fusionando tradición, sátira y surrealismo. La maternidad, el deseo, la ambición y la identidad se convierten en motores de un relato que, aunque desigual, tiene momentos memorables. Pero la sensación final es agridulce: lo que podía ser un clásico instantáneo termina siendo un experimento irregular, más brillante en lo formal que en lo argumental.

En definitiva, Mujeres con hombreras es un proyecto atrevido que merece atención por su estilo y por abrir nuevas rutas en la animación para adultos en español. Sin embargo, sus decisiones narrativas y de distribución han restado impacto a lo que podría haber sido una serie redonda. @mundiario