Olvídate de la Cruella que solo buscaba abrigos de piel. En esta nueva visión, el director Craig Gillespie nos presenta a una joven creativa que utiliza el diseño como su principal arma de guerra. La película es una carta de amor a la estética punk londinense y se posiciona como una de las apuestas más arriesgadas de Disney.
El corazón del filme reside en el enfrentamiento entre Emma Stone y Emma Thompson. Stone ofrece una interpretación dual brillante, pasando de la timidez de una huérfana ambiciosa a la locura controlada de un genio del diseño. Por su parte, Thompson encarna a una Baronesa fría y narcisista que bebe de la sofisticación más despiadada.
El duelo de las dos "Emmas" y el poder de la estética
Si algo destaca en esta producción es su impresionante apartado artístico. El vestuario de Jenny Beavan es histórico. Cada vestido que luce la protagonista en sus apariciones es una pieza de arte que narra su propia evolución personal. A esto se suma una banda sonora eléctrica con temas de los Rolling Stones o Blondie que dicta el ritmo frenético de la trama.
El diseño de producción crea un contraste absorbente entre los suburbios de Londres y los lujosos talleres de alta costura. La película logra que el espectador empatice con un personaje que sabíamos que terminaría siendo "la mala". Al darle un pasado de superación y una motivación clara, Disney la convierte en una antiheroína fascinante.
Es, en esencia, una historia de autoafirmación y talento. El icónico blanco y negro de su cabello simboliza aquí la lucha interna entre sus dos identidades en un mundo que intentó ignorarla.

