El Jockey no es una película para el espectador convencional. Dirigida por Luis Ortega y con un elenco de lujo liderado por Nahuel Pérez Biscayart, Úrsula Corberó y Daniel Giménez Cacho, esta coproducción entre México y Argentina desafía al público con una narrativa compleja y llena de simbolismos.
La cinta, presentada en la sección oficial del Festival de Venecia 2024, explora los oscuros rincones del alma humana, utilizando secuencias oníricas y surrealistas que exigen una mente abierta para descifrar los múltiples niveles de lectura.
El filme sigue a Remo Manfredini, un jinete legendario cuya vida está marcada por el éxito, pero también por la decadencia. Adicto al alcohol y a sustancias usadas en las carreras de caballos, Remo ve cómo sus decisiones autodestructivas afectan tanto a su carrera como a su relación con Abril, interpretada de manera conmovedora por Úrsula Corberó. El día en que todo podría cambiar, Remo sufre un accidente que lo lleva a desaparecer, iniciando un viaje introspectivo por las calles de Buenos Aires donde enfrenta sus demonios y redefine su identidad.
Por su parte, Daniel Giménez Cacho brilla como Sirena, el temido mafioso que representa una amenaza constante para Remo. Con una actuación que equilibra autoridad y peligro, Giménez Cacho se adueña de cada escena, dejando claro por qué es uno de los actores más versátiles del cine contemporáneo.
Luis Ortega utiliza un lenguaje cinematográfico arriesgado para contar esta historia. Las secuencias oníricas, que en ocasiones rozan lo surrealista, rompen con la narrativa lineal y sumergen al espectador en la mente fragmentada de Remo. Las metáforas visuales abundan: desde caballos que galopan en la oscuridad hasta paisajes urbanos deformados, cada escena invita a una interpretación personal.
El uso de la música y los silencios también juega un papel crucial. Los momentos más intensos están marcados por un diseño sonoro que amplifica la tensión, mientras que los instantes de introspección se acompañan de una quietud casi perturbadora.
El Jockey no es solo una película; es una experiencia sensorial que exige del espectador paciencia, reflexión y apertura. No es fácil de digerir, pero quienes se atrevan a adentrarse en su universo encontrarán una obra profundamente emotiva y desafiante. @mundiario


