Cabe destacar, para empezar, que esta película no es otra burda imitación centrada en un franquismo rancio, sino que pasa superficial y sutilmente por encima de los conflictos políticos. La Voz del Sol cuenta como dos exiliados vuelven a su antiguo hogar a reconciliarse con su pasado y a curar viejas heridas. Tan emotiva como humana, este film es la adaptación del libro autobiográfico de Alan Jolis, cuyas experiencias se reflejan en el niño que tendrán a cargo los dos protagonistas.
Sinopsis. Maruja y su esposo Manolo se vieron obligados a escapar de España tras la guerra civil. Viven en París desde entonces, pero jamás han conseguido dejar atrás su pasado y los motivos que les llevaron a exiliarse. Trabajan como servicio para un embajador estadounidense y su familia: los Jolis. Éstos están abrumados por todas las reuniones sociales que tienen, por lo que su hijo Alan prácticamente ha sido criado por Maruja y Manolo. Este año, Maruja descubre que podría ser su último verano, algo que la alentará a confrontar su pasado y volver a sus orígenes en un viaje a España, donde tendrá que asegurarse de que Alan crecerá para ser un buen hombre. Al hacerlo, Manolo será desafiado por los secretos que su matrimonio consiguió enterrar hace mucho tiempo.
Machi y Elejalde. Polakoff ha sido hábil a la hora de elegir a sus buques insignia, sabiendo que son muy del agrado del público español, pero tampoco pensemos que los vamos a ver en su plenitud extrovertida estilo Ocho Apellidos Vascos. Como buenos actores que son, demuestran no estar exentos de registros varios y nos muestran que en sus películas también hay cabida para el sentimiento real, la humanidad sin risas y el pañuelo de clínex en la mano por si acaso.
Directora debutante. Pese a llevar media vida en esto del cine, Carol Polakoff se estrena como directora de cine a los 71 años con La Voz del Sol. La guionista, productora y directora es amiga del protagonista real de esta historia, Alan Jolis, quien plasmó el verano que marcó su vida en la novela ‘Speak Sunlight’.

Cinematografía de la época. La construcción de toda la película parece ser de la época, de aquellos años de un franquismo no tan duro y autoritario como en sus inicios, y con una luz, sonido, color, tipo de música, diálogos o vestuario propios de aquella década de los 60. No da pie a una ambientación de esos años, sino que nos traslada directamente a esa España de 1965.

Siempre es complicado que alguien de fuera cuente la historia de tu propio país, ya que a veces cae en tópicos, como ya han hecho muchas otras antes. Esta misma película, con el mismo presupuesto y elenco, pero con un director/a de aquí, en los 90 hubiese conseguido algún que otro galardón importante en nuestro país. @mundiario

