"Uyariy cuenta un relato que se ha instaurado en el mundo de los poderosos: hay gente que merece la pena ser asesinada"
Tras su paso por el Festival de Málaga, donde se presentó fuera de concurso, el documental Uyariy llega a los cines. La obra cinematográfica está centrada en uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente del Perú: la Masacre de Juliaca (2023), ocurrida durante las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte.
Dirigida por el cineasta peruano Javier Corcuera, —ganador de un Premio Goya y una Biznaga de Plata, con una trayectoria consolidada en festivales como San Sebastián, Lima o In-Edit Barcelona—, la película ha sido distinguida con el Premio APRECI a Mejor Película Peruana: “Por ser un registro valiente, arriesgado y a la vez íntimo de los horrores de la discriminación y la violencia; por mirar sin filtros una de las mayores deudas históricas del país y reivindicar la memoria como herramienta de resistencia”, señaló la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica.
Coproducida entre Perú y España, Corcuera habla con Cine&Series de MUNDIARIO sobre su trabajo en este largometraje documental. “El equipo de rodaje entramos en la zona en un momento de muy difícil acceso: en Juliaca había huelga general, no había acceso por carretera y el aeropuerto estaba cerrado. Creo que fuimos el único equipo de cine que consiguió llegar. Había algunos periodistas locales, pero la prensa nacional no entró en la zona porque no era bienvenida”, nos relata Corcuera.
Uyariy significa “escuchar” en quechua y eso es lo que hizo Javier Corcuera y su equipo, estar atentos a todo lo que las familias perjudicadas tenían que contar. “Empezamos a rodar con ellos y sus testimonios tenían tanta fuerza… Uno de los manifestantes nos dijo. “hace doscientos años que nos matan”, fue ahí cuando nos dimos cuenta de que esta película no iba a ir solo de los sucesos de Juliaca que dejaron 50 civiles muertos durante la represión de protestas antigubernamentales.
De ahí que en el documental se conecte la masacre con una historia larga de violencia contra pueblos indígenas. Sugiriendo, incluso, que la represión no es un hecho aislado sino parte de un patrón histórico de exclusión y racismo estatal, por eso aparecen referencias a otras matanzas y conflictos sociales del pasado.
“El Perú es un país complejo donde hay muchas naciones. Ni siquiera tenemos una constitución que reconozca al Estado peruano como un Estado plurinacional. Hay mucho que hacer para que las naciones que componen el Perú se sientan parte del país, reconocidas en sus derechos. Eso empieza por asumir que existen en la Carta Fundacional, que es una constitución. Y eso no pasa”, dice Corcuera.
Su estreno en el país andino estuvo marcado por denuncias de censura, cancelaciones de funciones y horarios restrictivos. La situación alcanzó tal dimensión que el propio Corcuera denunció públicamente la retirada de la película de varias carteleras y la asignación de horarios inaccesibles, tal y como recogió la agencia EFE, alertando sobre formas de censura “solapada” y reclamando la restitución de las proyecciones por respeto a las víctimas y al público.
Lo que comenzó con apenas cuatro salas y sin promoción se convirtió en un fenómeno de movilización ciudadana: en menos de una semana pasó de cuatro proyecciones a 116 horarios en 14 ciudades, impulsado por la presión pública y el apoyo de colectivos de víctimas.
Respecto al estilo visual del documental, muchas de las imágenes provienen de teléfonos móviles de los propios manifestantes. “Ahora es más difícil ocultar las cosas que suceden porque siempre hay una persona con un teléfono que es capaz de registrarlo. En la película hay una primera secuencia que es un collage de cosas que se rodaron por ciudadanos testigos del momento. Creía que era importante ver lo que nos van a contar después, para que cuando te lo cuenten digas ‘yo lo he visto también’. Además, de alguna manera ese periodismo ciudadano o activismo”, dije el director.
¿Cómo fue presentar una historia así, dolorosa y local, ante un público europeo?
“Aunque la película es una historia local, que transcurre en un lugar lejano de España o Europa, la historia es universal porque la película en realidad no cuenta algo distinto a lo que está pasando en otros lugares del mundo”, dice Corcuera.
“Vivimos una era de desprecio hacia el otro, de deshumanización. Es lo que sucedió en Chile y en Perú, pero también es lo que ha sucedido en Gaza y lo que está sucediendo en muchos sitios ahora, donde hay vidas que valen menos. Eso lo hemos normalizado y está pasando”, ahonda el director de Uyariy
“Creo que la película invita a una reflexión porque cuenta un relato que se ha instaurado en el mundo de los poderosos y es que se puede matar porque hay gente que merece la pena ser asesinada en el marco de un relato al final de deshumanización del otro. Es algo que ahora digerimos con una facilidad sorprendente. Se han saltado todas las reglas internacionales, todos los derechos humanos que interesan y eso creo que hace que la película no sea lejana. Habla de cosas que pasan en muchos sitios hoy”, reflexiona Corcuera. @opinionadas