En tiempos donde la fidelidad absoluta al material original es casi una obligación para evitar la ira de los fans, Until Dawn irrumpe como una rareza que desafía esa tendencia. La película, basada en el popular videojuego homónimo de Supermassive Games, no se limita a replicar lo ya conocido, sino que ofrece su propia versión, y eso es precisamente lo que la hace destacar.
La premisa parte de una idea conocida para los amantes del terror: un grupo de jóvenes se ve atrapado en una casa aislada, en medio de un pueblo deshabitado. Sin embargo, lo que podría parecer un cliché se transforma rápidamente en un rompecabezas temporal: cada noche es un bucle en el que los protagonistas reviven su propia muerte.
Aunque el escenario se repite, los acontecimientos cambian, y eso mantiene viva la tensión y el desconcierto. Como dice uno de los personajes: “si todo fuese siempre igual, dejaríamos de tener miedo”.
Bajo la dirección de David F. Sandberg, quien regresa al género tras su paso por el universo de Shazam!, la película se convierte en un homenaje vibrante a distintos estilos del cine de terror. Cada reinicio nocturno le da al director la oportunidad de experimentar: hay slasher, brujería, horror mitológico, posesiones, gore, e incluso toques de humor. Todo en un mismo paquete que, aunque caótico por momentos, funciona como una carta de amor al cine de terror en su forma más lúdica.
El punto más fuerte de Until Dawn es precisamente esa diversidad tonal y visual. No busca personajes memorables ni un guion meticulosamente cerrado, su objetivo es crear sensaciones y lo logra. A pesar de algunas tramas poco desarrolladas o personajes que no terminan de brillar, la película mantiene la atención gracias a su ritmo vertiginoso y a una ambientación que incomoda, atrapa y sorprende.
Además, Until Dawn se atreve a tocar temas profundos como la salud mental sin perder su esencia de entretenimiento. En un mundo donde todo se filtra y se anticipa, esta película logra lo impensable: mantener al espectador en vilo sin importar si conoce el videojuego o no. Una experiencia donde el miedo, la risa y el asombro conviven durante 103 minutos. Porque, a veces, alejarse del guion preestablecido es la mejor forma de encontrar la magia. @mundiario




