El esperadísimo reencuentro entre el cineasta Anders Thomas Jensen y su actor fetiche, Mads Mikkelsen, ya es una realidad en las pantallas. Tras cosechar un notable éxito de taquilla en Dinamarca y presentarse internacionalmente en el Festival de Cine de Venecia, El último vikingo llega precedida por su fama de ser una de las propuestas más inclasificables del año. Conocido por firmar los guiones de obras tan prestigiosas como Un mundo mejor o La tierra prometida, Jensen vuelve a ponerse tras las cámaras para desplegar su particular sello autoral: una audaz mezcla de comedia de farsa costumbrista y thriller criminal de la vieja escuela que no dejará indiferente a nadie.
Un botín perdido y una inesperada reencarnación de los Beatles
La trama arranca con un prólogo de animación que evoca las leyendas nórdicas antes de sumergirse en un atraco frustrado quince años atrás. El astuto criminal Anker (Nikolaj Lie Kaas) acaba de salir de prisión y busca desesperadamente recuperar el botín que le pidió ocultar a su ingenuo hermano Manfred (Mikkelsen). Sin embargo, al regresar se encuentra con una sorpresa mayúscula: Manfred sufre de trastorno disociativo de la identidad y ahora está completamente convencido de que es el mismísimo John Lennon. Para colmo de males, el dinero está enterrado en los terrenos de su antigua casa de la infancia, reconvertida hoy en un caótico alojamiento turístico.
La perturbadora y magnética entrega física de Mikkelsen
El indiscutible motor que sostiene las dos horas de metraje es la asombrosa actuación a contracorriente de Mads Mikkelsen. Oculto bajo una descuidada e imponente melena rizada, el actor de Hannibal y Riders of Justice compone un personaje tan volátil como entrañable, bien secundado por un elenco de pacientes psiquiátricos con los que intenta montar una surrealista banda tributo a los Fab Four. Aunque las bruscas transiciones tonales de la película —que pasa en un parpadeo del humor tierno a secuencias de violencia extrema— pueden llegar a descolocar al espectador, la magnética y arriesgada presencia de Mikkelsen justifica por sí sola el viaje a esta excéntrica joya del cine nórdico contemporáneo.