Tras desgranar el ranking de la saga con títulos como Predator 2, Predators, Predator: asesino de asesinos, Aliens vs. Predator 2 y la recién esrenada Predator: Badlands (a falta de añadir algunas más), alcanzamos el punto de inflexión, el origen y el cénit de la franquicia. Esta crítica está dedicada a la inmejorable Predator (1987), una obra que no solo se corona en el primer puesto con un 9,5, sino que establece un listón que ninguna de sus secuelas o derivados ha logrado siquiera rozar.
La década de 1980 fue un campo de pruebas para la ciencia ficción. Años atrás al estreno de Predador, el xenomorfo de Ridley Scott dejó una huella imborrable dentro de este género (gracias a Alien: el octavo pasajero). En 1986, James Cameron sorprendió con Aliens: El regreso y, un año más tarde, de la mano de John McTiernan, llegaría Predator para confirmar que la ciencia ficción era capaz de enganchar al público general.El cine nunca volvió a ser igual.
De película bélica a survival primitivo
La genialidad de Predator reside en la sencillez subversiva de su guion, firmado por Jim y John Thomas. Lo que arranca como una película bélica de machos alfa, hipertrofiada por el músculo de Arnold Schwarzenegger y su equipo de mercenarios, se transforma progresivamente en un survival cargado de tensión y suspenso extremo. Es una evolución metódica y brillante.
La estructura narrativa es un reloj suizo: el protagonista, Dutch, pasa de ser el cazador implacable que lidera el comando a ser una presa acorralada y, finalmente, por ingenio y desesperación, se revierte en un cazador desarmado. Esta transformación no es solo física, sino conceptual, despojando al héroe de su tecnología para enfrentarlo a su propia inteligencia.
La criatura insuperable: El legado de Stan Winston
El impacto visual del filme es un testimonio eterno al genio de Stan Winston. En una época donde los efectos digitales aún no habían colonizado la industria, el diseño del alienígena —un cazador de trofeos implacable con mandíbulas horrendas (nacidas de una sugerencia de James Cameron)— se convirtió en un icono instantáneo.
Winston no solo concibió al Predator como un monstruo, sino como una pieza de arte biomecánico. Lo fundamental es que McTiernan supo utilizar los efectos ópticos de R/Greenberg Associates de forma inteligente: el camuflaje invisible, la sangre fluorescente y, sobre todo, la aterradora visión termográfica, que convierte a la selva en una amenaza viva y claustrofóbica. El Depredador es una lección magistral de cómo crear un terror creíble con efectos artesanales.
La BSO: La partitura de la adrenalina
Ninguna obra maestra está completa sin una banda sonora a su altura, y aquí entra en juego Alan Silvestri. Tras el éxito de "Regreso al futuro", Silvestri compuso una partitura que es enérgica, precisa y posee una asombrosa capacidad para elevar la tensión y la adrenalina a niveles insoportables.
La música es un personaje más en la selva. No es un mero acompañamiento; es el pulso de la cacería, el latido del miedo y la sinfonía que, junto a la claustrofóbica fotografía, eleva la película a la grandeza. No es casualidad que la BSO fuera galardonada con el Premio Saturno a la mejor música.
La selva como condena y juicio final
La elección del escenario no es anecdótica. La selva, capturada con maestría por la fotografía, se convierte en el personaje más hostil de la historia, una condena viva que devora y destroza a los hombres. No es solo un telón de fondo; es la arena de un juicio final donde el instinto militar se disuelve ante la ley primitiva de la jungla.
Predator no es solo una de las mejores películas de acción de todos los tiempos; es un estudio sobre la supervivencia, una obra inmejorable que, con la precisión de su ritmo, la inteligencia de su guion y la brillantez de sus efectos, se gana con honores el primer puesto indiscutible en la jerarquía de la saga.
Puntuación: 9,5 de 10
Puesto: 1.º


