La época de Navidad está relacionada con el tiempo doméstico, cenas con mesas muy largas y reuniones familiares que agrupan a familias que llevan días, meses o incluso años sin verse.
Muchos tenemos la suerte, o no, de disfrutar de estas fechas; pero otro montón de personas suelen pasar estas datas en solitario sin la compañía de una familia que, o bien no tienen o bien no está por la labor de pasar tiempo con ellos. Paul Giamatti interpreta al profesor de un internado de Massachussets de los años 70 que debe pasar las fiestas en el campus junto a uno de sus alumnos.
Sinopsis. A nadie le cae bien el profesor Paul Hunham (Paul Giamatti): ni a sus alumnos, ni a sus compañeros, ni al director, a quienes molesta su pomposidad y rigidez. Sin familia y sin ningún sitio al que ir durante las vacaciones de Navidad de 1970, Paul se queda en la escuela para supervisar a los alumnos que no pueden volver a casa. Al cabo de unos días sólo queda un alumno: Angus (Dominic Sessa), de 15 años, un alumno que siempre corre el riesgo de ser expulsado de la escuela por su mal comportamiento. A Paul y Angus se les une la cocinera Mary (Da'Vine Joy Randolph), una mujer afroamericana que cuida de los hijos de los privilegiados y cuyo propio hijo murió recientemente en Vietnam. Estos tres náufragos tan diferentes forman una improbable familia navideña que vive cómicas desventuras durante dos semanas muy nevadas en Nueva Inglaterra.
Producción y reparto. El director, Alexander Payne, vuelve a tocar la fibra sensible, inteligente y melancólica del espectador con otra película que trata temas tristes, pero siempre sacando lo mejor de cada persona. Todo esto unido al logrado guion de David Hemingson y apoyado por un elenco joven y competente hacen un film muy apreciable en estas fechas navideñas.

Un malo muy bueno. La figura de Paul Hunham (Paul Giamatti) pasa por dos papeles durante el transcurso de los 134 minutos que dura la película. Mientras en la primera parte se le presenta como un profesor nada afable y poco amigo de compañeros y alumnos, en la segunda el docente muestra su lado más sensible abogando por causas nobles y liberando el buen samaritano que lleva dentro.

La dosis perfecta de humor. La obra de Payne logra agrupar la porción correcta de sentimentalismo y emotividad con la cantidad exacta de toques de humor para no hacer un auténtico drama de la Navidad en solitario.

Salvando las grandes diferencias y sus significados, Los que quedan intenta representar en la gran pantalla, desde este mismo fin de semana, lo que ya consiguieron cintas como ¡Qué bello es vivir! o Cuento de Navidad, intentando dejar claro que la esperanza de los niños será siempre la esperanza de los adultos y que quizás la familia que encuentras es mejor que la familia en la que naces. @mundiario

