En un rodaje perdido en los Alpes durante la década de los setenta, una mujer poderosa y enigmática se convierte en la personificación de la frialdad. En La torre de hielo, Marion Cotillard se transforma en Cristina, una diva del cine que, al interpretar a la villana de La reina de las nieves, borra la línea entre el personaje y su propia identidad. Lucile Hadžihalilović, directora especializada en atmósferas opresivas y relatos oníricos, teje aquí una historia que es a la vez un cuento de hadas y un juego de espejos entre la ficción y la realidad.
El destino de Cristina se cruza con el de Jeanne, una adolescente que huye de su hogar de acogida y se refugia en el set de rodaje. Fascinada por la actriz, la joven queda atrapada en una dinámica de admiración y sumisión, donde el frío no solo es una condición meteorológica, sino el reflejo de una relación marcada por la distancia emocional y el poder. Hadžihalilović explora en esta película la lucha de dos mujeres en momentos vitales distintos: Cristina, una estrella en el ocaso de su carrera, y Jeanne, una chica en busca de identidad.
Cotillard, que ya trabajó con la cineasta en Innocence (2004), se sumerge en un personaje que lleva la contención hasta el extremo, transmitiendo más con una mirada gélida que con las palabras. La actriz confiesa que, para construir a Cristina, imaginó su vida antes de la fama: “Escribí escenas de su pasado, su ascenso y la pérdida de su inocencia. Me interesaba cómo el miedo y la falta de respeto hacia uno mismo pueden alejarnos de quienes somos realmente”.
Hadžihalilović, por su parte, se inspira en los cuentos de hadas de su infancia, en especial los de Hans Christian Andersen, por su capacidad de evocar belleza y crueldad a partes iguales. En La torre de hielo, el relato original de La reina de las nieves se convierte en un pretexto para hablar del miedo y del desarraigo. En lugar de un espejo mágico, la directora utiliza la cámara de cine como herramienta para descomponer la identidad de sus personajes.
La Berlinale, con su clima helado y sus aceras cubiertas de nieve, ha sido el escenario ideal para el estreno de una película en la que el paisaje es un reflejo de la soledad y el vacío de sus protagonistas. Cotillard, acostumbrada a papeles de gran intensidad emocional, deslumbra en esta fábula oscura, donde su presencia magnética convierte a Cristina en un personaje tan fascinante como perturbador. @mundiario



