Cuando el cine español estaba sometido a la censura y a un rígido aparato moral, Cecilia Bartolomé filmó una de las películas más atrevidas y rompedoras de su generación. Margarita y el lobo, una comedia feroz y adelantada a su tiempo, fue prohibida antes siquiera de encontrar su público. Décadas después, su recuperación por parte de la Filmoteca Española y su exhibición en nuevos espacios —como el Centro de Cine y Creación en Chile— reabren el diálogo sobre una obra que sigue siendo moderna, incómoda y absolutamente necesaria.
Una película imposible para 1969
Margarita y el lobo nació como una adaptación libre de la novela Céline et le mariage, de Christiane Rochefort, pero rápidamente se convirtió en una pieza única dentro del cine español. La historia sigue a Margarita, una mujer atrapada en un matrimonio absurdo y opresivo que decide rebelarse contra los roles impuestos. Con humor negro, secuencias musicales delirantes y una puesta en escena provocadora, Bartolomé aborda temas que el franquismo consideraba tabú: el divorcio (entonces ilegal), la infidelidad femenina, las relaciones lésbicas y la autonomía emocional y sexual de las mujeres.
La película no solo desmontaba la institución del matrimonio, sino que ridiculizaba el mito del amor romántico y desafiaba abiertamente la moral oficial. Su tono irreverente y su libertad narrativa la convirtieron en un cóctel demasiado subversivo para 1969. La censura franquista la bloqueó de inmediato, impidiendo su estreno y relegándola a un limbo histórico del que tardaría décadas en salir.
Una obra censurada que hoy se reivindica
La historia de Margarita y el lobo es también la historia de cómo el franquismo silenció voces femeninas que cuestionaban la estructura social. Cecilia Bartolomé, una de las pocas mujeres cineastas de la época, denunció en múltiples ocasiones cómo la censura y el machismo institucional limitaron su obra y la visibilidad de sus contemporáneas. La película quedó guardada en archivos y apenas circuló durante años, considerada demasiado peligrosa para el régimen.
Con la llegada de la democracia y, más recientemente, con los procesos de restauración llevados a cabo por la Filmoteca Española, la obra ha recuperado el lugar que merece dentro de la historia del cine. Críticos y académicos la han descrito como “el secreto más injustamente olvidado del cine español”, una pieza que anticipó debates feministas que tardarían décadas en llegar al gran público.
Su exhibición actual en festivales y centros culturales ha permitido que nuevas audiencias descubran su audacia visual, su humor afilado y su retrato ácido del patriarcado. Hoy, Margarita y el lobo se lee como una obra visionaria que rompió moldes antes de que existieran palabras para nombrar muchas de las opresiones que denunciaba. @mundiario


