La actriz Kat Dennings, conocida por dar vida a Darcy Lewis en la franquicia Thor y en la serie Bruja Escarlata y Visión (WandaVision), ha lanzado una confesión que ha hecho saltar las alarmas en la industria. Durante una entrevista reciente, Dennings admitió que Marvel la ha escaneado digitalmente de forma integral. "A estas alturas pueden ponerme en lo que quieran. Estoy en el sistema", afirmó con una mezcla de ironía y resignación. Esta revelación surge en un momento crítico, mientras los sindicatos luchan por regular el uso de la Inteligencia Artificial para replicar a intérpretes sin su presencia física en el set.
Aunque Dennings ha bromeado sobre su supuesta ausencia en la esperada 'Vengadores: Doomsday', el hecho de que el estudio posea un "gemelo digital" de la actriz abre la puerta a que su personaje aparezca en cameos o escenas de fondo sin que ella tenga que participar en el rodaje. Esta técnica, cada vez más común en las superproducciones de Disney, permite a los estudios asegurar la continuidad de los personajes, pero a cambio de arrebatarle al artista parte del control sobre su propia identidad y su trabajo futuro.
El miedo al "robo del cuerpo" digital
El caso de Dennings no es aislado y refleja un temor creciente en Hollywood. Actores de la talla de Nicolas Cage han expresado su terror ante esta tecnología. Cage, quien recientemente fue escaneado para la serie Spider-Man Noir, fue tajante al respecto: "Simplemente van a robar mi cuerpo y hacer lo que quieran con él mediante IA digital. ¿Qué van a hacer con mi cara cuando esté muerto?". La preocupación radica en dónde reside la "verdad" del artista cuando el latido humano es sustituido por un algoritmo capaz de imitar gestos con una precisión quirúrgica.
Este debate llega en un año clave, con el estreno de la nueva entrega de los Vengadores programado para el 18 de diciembre de 2026. Mientras estrellas como Chris Hemsworth (Thor) siguen liderando las tramas principales, la presencia de personajes secundarios podría empezar a depender más de los servidores de datos que de los propios actores. La gran pregunta para la industria es si los nuevos convenios lograrán proteger el componente humano o si los intérpretes acabarán convertidos en meros activos digitales de propiedad corporativa.