Microplásticos en bosques: un nuevo hallazgo sobre su acumulación y riesgos ambientales

Un bosque con niebla. / Pixabay
Un estudio pionero de geocientíficos alemanes ha comprobado por primera vez que los bosques actúan como auténticos reservorios al acumular estos contaminantes a través de la deposición atmosférica.

Un equipo de geocientíficos de la Universidad Técnica de Darmstadt comprobó por primera vez que los bosques actúan como reservorios de microplásticos. El hallazgo revela que estos contaminantes, hasta ahora asociados principalmente a ríos, océanos y suelos agrícolas, también se almacenan en ecosistemas forestales a través de procesos naturales de deposición atmosférica y descomposición.

El estudio, publicado en la revista Communications Earth & Environment, abre una nueva línea de investigación sobre el destino y el impacto de los microplásticos. Según los autores, las partículas no llegan únicamente por fuentes directas como fertilizantes o desechos urbanos, sino sobre todo desde la atmósfera. Una vez en el aire, los plásticos microscópicos se depositan en las copas de los árboles y, posteriormente, alcanzan el suelo por acción de la lluvia o la caída de hojas, en un mecanismo que los científicos han descrito como el “efecto peinado”.

Para demostrar este proceso, el equipo del Instituto de Geociencias Aplicadas de TU Darmstadt, liderado por el doctor Collin J. Weber, llevó a cabo un muestreo en cuatro áreas forestales situadas al este de Darmstadt, Alemania. Recolectaron suelos, hojas caídas y muestras de deposición atmosférica, aplicando una metodología analítica especialmente diseñada para identificar y cuantificar microplásticos en entornos forestales. El análisis espectroscópico permitió diferenciar los polímeros presentes y confirmar la magnitud de su acumulación.

Los resultados mostraron que la mayor concentración de partículas plásticas se encuentra en las capas superficiales de hojarasca en descomposición, aunque también se detectaron cantidades significativas en estratos más profundos. Este desplazamiento vertical se atribuye tanto al proceso natural de descomposición como a la acción de organismos descomponedores que transportan los contaminantes hacia capas inferiores del suelo. Así, los bosques funcionan no solo como receptores, sino como sistemas de almacenamiento prolongado.

Un aporte adicional del estudio fue la estimación histórica de la entrada atmosférica de microplásticos desde la década de 1950. Mediante modelización, los investigadores calcularon el aporte acumulado a lo largo de más de setenta años, lo que refuerza la idea de que la contaminación plástica se ha expandido de manera constante y global, mucho antes de que existiera conciencia científica o pública de este fenómeno.

Los autores destacan que el hallazgo convierte a los bosques en indicadores naturales de la contaminación difusa del aire. A diferencia de los suelos agrícolas, donde las fuentes pueden rastrearse en fertilizantes o plásticos de uso agrícola, en los bosques el factor predominante es la deposición atmosférica. Esto significa que la concentración registrada en un bosque es, en buena medida, reflejo directo de la calidad del aire que lo rodea.

El doctor Weber subrayó que este descubrimiento plantea un reto adicional para los ecosistemas forestales, ya amenazados por el cambio climático. Los microplásticos, ahora confirmados en suelos boscosos, podrían afectar la biodiversidad del suelo, alterar procesos de descomposición y modificar el equilibrio de nutrientes. Además, la investigación resalta la dimensión sanitaria del problema, al confirmar que estos contaminantes se transportan a escala global por vía aérea, lo que implica que también pueden estar presentes en el aire respirado por las personas.

La investigación de TU Darmstadt no solo documenta por primera vez la acumulación de microplásticos en los bosques, sino que establece un vínculo directo entre contaminación atmosférica y almacenamiento en suelos forestales. Este avance metodológico y conceptual ofrece una base sólida para futuros estudios sobre riesgos ambientales y de salud, y sitúa a los bosques como piezas clave en la comprensión del ciclo global de los microplásticos. @mundiario