El mayor fabricante de armas de Rusia incrementa su producción de drones suicidas

Dron kamikaze ruso KUB-BLA. /RR.SS
El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció en octubre pasado que la producción de drones se incrementaría casi diez veces en comparación con 2023, año en el que se fabricaron aproximadamente 140.000 unidades.

El consorcio Kaláshnikov, reconocido como el mayor fabricante de armas de Rusia, ha multiplicado por diez su producción de drones espías Granat-4 y drones kamikaze KUB, destinados a fortalecer las capacidades militares en la guerra de Ucrania. La empresa anunció el incremento a través de su página web, destacando el cumplimiento de los plazos establecidos para el suministro de estos sistemas estratégicos con el Estado ruso.

Según Kaláshnikov, la fabricación de drones y proyectiles guiados alcanzó este año un aumento sin precedentes. Los drones Granat-4, utilizados principalmente para tareas de observación y retransmisión, tienen un alcance operativo de hasta 100 kilómetros y pueden mantenerse en vuelo durante seis horas consecutivas. Por otro lado, los drones KUB, conocidos como kamikaze o suicidas, están diseñados para destruir blindados enemigos en base a coordenadas establecidas en tiempo real, operando de manera individual o en grupo, y adaptándose a cualquier hora del día.

Ambos modelos de drones han sido empleados ampliamente por las fuerzas rusas en Ucrania, consolidándose como herramientas clave en el campo de batalla.

El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció en octubre pasado que la producción de drones se incrementaría casi diez veces en comparación con 2023, año en el que se fabricaron aproximadamente 140.000 unidades. Además, se prevé la creación de 48 centros de diseño y producción de drones distribuidos en diferentes regiones de Rusia para 2030, lo que garantizará un flujo constante de tecnología militar avanzada.

El Ministerio de Finanzas de Rusia también ha revelado planes ambiciosos para invertir 6 billones de rublos (equivalentes a unos 59.000 millones de euros) durante los próximos tres años en el desarrollo aeronáutico, naval y electrónico. Este presupuesto refuerza la apuesta del Kremlin por la innovación tecnológica en su estrategia militar.

Los drones Granat-4 y KUB representan un avance significativo en la capacidad bélica de Rusia. Mientras que los primeros permiten recopilar datos de inteligencia de manera remota, los segundos ofrecen una solución táctica eficiente para neutralizar objetivos en zonas de conflicto. Estas tecnologías han sido fundamentales en la actual guerra en Ucrania, destacando por su capacidad de operación en condiciones adversas y su precisión en ataques dirigidos.

El aumento en la producción de drones y la millonaria inversión en tecnología militar subrayan la intención de Rusia de mantener un flujo constante de armamento en el contexto del conflicto ucraniano. Este desarrollo plantea preguntas sobre las implicaciones globales de la expansión armamentística rusa, especialmente en términos de equilibrio de poder y el apoyo occidental a la defensa aérea ucraniana.

El consorcio Kaláshnikov, conocido históricamente por la producción del fusil de asalto AK-47, ha evolucionado hacia la fabricación de tecnología avanzada como drones y proyectiles guiados. Este cambio refleja la creciente importancia de los sistemas no tripulados en los conflictos modernos y la capacidad de adaptación de la industria armamentística rusa a las demandas del campo de batalla.

Con el objetivo de aumentar su capacidad operativa y tecnológica, Rusia sigue invirtiendo en sistemas de defensa avanzados. La producción masiva de drones, combinada con la construcción de centros de desarrollo, indica una transformación estratégica que busca consolidar su papel en el uso de los drones en la guerra. @mundiario