Josefina Castellví, la científica que llevó a España hasta el corazón de la Antártida

Josefina Castellví. / @CSIC en X
Josefina Castellví fue clave para que España entrara en la investigación antártica cuando casi nadie apostaba por ello. Bióloga y oceanógrafa, dirigió la primera base española, lideró campañas polares y defendió la ciencia pública como herramienta para cuidar el planeta y el clima global.

La muerte de Josefina Castellví a los 90 años no es solo la despedida de una científica destacada, sino el cierre de una etapa clave en la historia de la investigación española. Castellví fue una de esas figuras que trabajaron cuando casi nadie miraba, cuando hacer ciencia significaba insistir, convencer y abrir puertas en entornos poco amables, tanto por el clima como por las inercias sociales. Su legado va más allá de los premios o de haber dirigido la primera base española en la Antártida, porque ayudó a situar el conocimiento científico como una responsabilidad colectiva.

Hablar de Castellví implica explicar qué significó la Antártida para España. En los años sesenta y setenta, el continente blanco era un territorio reservado a grandes potencias científicas. Llegar allí no era solo una cuestión técnica, sino también política y diplomática. Castellví entendió pronto que investigar bacterias en ambientes extremos no era una rareza académica, sino una vía para comprender mejor los límites de la vida y, por extensión, la fragilidad del planeta. Su primera llegada en 1967 marcó el inicio de una relación constante con un territorio que funciona como termómetro del cambio global.

Ciencia en tiempos de barreras invisibles

La carrera de Josefina Castellví se desarrolló en una época en la que la presencia de mujeres en los laboratorios era residual y, muchas veces, cuestionada. No se trata de un detalle biográfico, sino de un contexto clave para entender la dimensión de su trayectoria. Dirigir la Base Antártica Española en la isla Livingston entre 1989 y 1997 supuso romper techos que no siempre eran explícitos, pero sí sólidos. Su liderazgo no se construyó desde la épica, sino desde la gestión, la coordinación internacional y el rigor científico.

Castellví participó en cerca de treinta campañas oceanográficas y más de cinco expediciones antárticas, además de trabajar en buques como el Las Palmas y el Hespérides. Estos datos importan porque muestran que la ciencia no avanza solo con grandes descubrimientos, sino con constancia, logística y cooperación. Sin ese trabajo sostenido, hoy España no tendría voz ni presencia en uno de los espacios clave para entender el futuro climático.

La Antártida como espejo del futuro

Ya retirada, Castellví siguió defendiendo la protección del continente antártico y la divulgación científica. Su papel como gestora del Programa Nacional de Investigación en la Antártida fue esencial para coordinar proyectos internacionales en un territorio que no pertenece a nadie y, al mismo tiempo, nos concierne a todos. La Antártida funciona como una biblioteca de hielo que guarda la historia climática del planeta, y perderla sería como quemar archivos irreemplazables.

Recordar a Josefina Castellví es también una invitación a reflexionar sobre el valor de la ciencia pública en un momento de incertidumbre ambiental. Su vida demuestra que invertir en conocimiento no es un lujo, sino una forma de anticiparse a los problemas y de tomar decisiones informadas. Como el hielo que estudió durante décadas, su legado puede parecer silencioso, pero sostiene mucho más de lo que vemos. @mundiario