¿La dopamina es buena y el cortisol malo?
Muchas veces, se habla de estas moléculas como si fueran personajes de una película: Unas son “las buenas” (como la dopamina), y otras, “las malas” (como el cortisol), pero la realidad biológica es mucho más compleja. Y cuando se habla de ciencia sin rigor, aunque suene inspirador, el resultado es la desinformación.
Dopamina: de neurotransmisor a estrella mediática
La dopamina es una molécula clave en nuestro cuerpo. En el cerebro, actúa como neurotransmisor y participa en funciones como el movimiento, la motivación, el placer y el aprendizaje. Pero de ahí a llamarla “la molécula de la felicidad” hay un gran salto… y es un salto que no está basado en evidencia científica, sino en frases llamativas declamadas por un sinfín de predicadores supuestamente inspiradores.
De hecho, el exceso de dopamina en ciertas áreas del cerebro se ha relacionado con trastornos como la esquizofrenia y la adicción. Por otro lado, su déficit está directamente vinculado con la enfermedad de Parkinson, que afecta gravemente el movimiento. En resumen: ni buena ni mala, la dopamina es una sustancia necesaria, pero su equilibrio es lo que realmente importa.
No toda la dopamina es igual
Algo que rara vez se explica es que la dopamina no solo se produce en el cerebro. También se sintetiza en las glándulas suprarrenales (encima de los riñones), pero allí cumple un rol diferente, más relacionado con la función hormonal, siendo partícipe en cadenas combinadas de variadas mezclas moleculares.
Ahora bien, la dopamina que se produce fuera del cerebro no puede entrar al cerebro porque existe una barrera natural que lo protege: La barrera hematoencefálica. Por eso, cuando escuchas consejos para “subir tu dopamina”, muchas veces se están refiriendo a una versión engañosa y simplista de cómo funciona realmente esta molécula.
Cortisol y beta amiloide: víctimas de una mala fama
Mientras la dopamina ha sido glorificada, otras moléculas han sido señaladas casi como villanas. Es el caso del cortisol, conocido popularmente como “la hormona del estrés”. Otra molécula también señalada es la proteína beta amiloide, asociada con la enfermedad de Alzheimer.
Pero tanto el cortisol como la proteína beta amiloide tienen funciones fundamentales en el organismo. El problema no es su existencia, sino el desequilibrio, el exceso o la mala regulación. Demonizarlas sin entender su papel real solo contribuye a una visión distorsionada de la biología humana.
¿Influye la genética en todo esto?
Sí, y mucho. Por ejemplo, la dopamina se forma a partir de un aminoácido llamado tirosina, que también es precursor de otras moléculas como la melanina (el pigmento que da color a la piel y el cabello).
Este detalle biológico ha llevado a estudiar si hay diferencias en la forma en que distintos grupos étnicos regulan la dopamina, lo que podría ayudar a explicar, en parte, por qué algunas enfermedades y rasgos son más prevalentes en ciertas poblaciones:
• La enfermedad de Parkinson es más común en personas de raza blanca.
• La esquizofrenia se diagnostica con mayor frecuencia en personas negras, aunque esto también refleja factores sociales y estructurales, como el acceso a salud o el sesgo en el diagnóstico.
Incluso hay quienes relacionan estas diferencias con ciertas habilidades motoras o de coordinación presentes en atletas de élite, como algunos jugadores de la NBA. Pero reducirlo todo a la dopamina sería simplista. La biología humana es el resultado de una compleja combinación de genética, entorno, cultura, experiencia y… mucho más. Son partes que forman una unidad que posteriormente se convierten en partes de una unidad superior.
¿Por qué importa hablar de ciencia?
Hablar de moléculas como si fueran héroes o villanos puede sonar inspirador, pero la ciencia no es una historia de buenos y malos. Es un sistema complejo, con equilibrios tan sofisticados como delicados. Presentar ideas científicas con ligereza, sobre todo en contextos empresariales, motivacionales o publicitarios, puede llevar a confusiones y, peor aún, a decisiones mal informadas sobre la salud.
Por eso, es importante defender una divulgación científica que sea clara, pero también rigurosa. Que entusiasme, pero no confunda. Que respete la complejidad sin caer en simplificaciones peligrosas.
En resumen:
• La dopamina no es solo “la molécula del placer”. Su desequilibrio puede causar trastornos graves.
• El cortisol y otras moléculas mal vistas también cumplen funciones esenciales.
• Las diferencias individuales, incluyendo las étnicas, importan.
• La ciencia necesita responsabilidad, no solo entusiasmo.
Así, la próxima vez que escuches a alguien hablar de “subir la dopamina”, pregúntate: ¿Ciencia o pseudociencia? ¿Verdad o mentira? @mundiario